Cristina tomó el control de la lapicera y los gobernadores ya estallan de furia

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Si bien puede concederse que su visita a la residencia de la ex presidente fuera un gesto de caballerosidad, la composición de la mesa en la que se tomaron decisiones fundamentales demuestran que el poder del próximo presidente será muy acotado. Cristina, Máximo y Wado de Pedro lo esperaban. Santiago Cafiero y Sergio Massa, excluidos.

La ex presidente acordó e impuso sus demandas. Bancadas unificadas en Senadores y Diputados. Agustín Rossi a Defensa, para dejarle el liderazgo del Frente de Todos en la cámara baja a su hijo. El senador cordobés Carlos Caserio a Transporte, para cederle el lugar a Anabel Fernández Sagasti o a Oscar Parrilli. Bolilla negra para Guillermo Nielsen en Economía, para Florencio Randazzo y para Martín Redrado. Sergio Uribarri, resucitado, como autoridad máxima de Salto Grande.

Carlos Zannini irá como procurador del Tesoro, jefe de los abogados del Estado. ¿Ministerio de la venganza? Es temprano para confirmarlo.

Juan Manzur, a quien Alberto Fernández le reconoció su mediación con los gobernadores, iba a colocar a su hombre en Salud. Tachadura: irá Ginés González García.

Por más que se busque, en una fórmula que perdió la CABA y ganó en la mayoría de las provincias, no hay representantes de los gobernadores en los ministerios. El nuevo presidente se pasó toda la campaña prometiendo federalismo. Pocas veces hubo una composición tan centralista del gabinete. El clima entre los gobernadores es pésimo. La decisión de componer una bancada única en el Senado se les atragantó.

Para colmo de males, el programa Argentina contra el Hambre comenzó con un papelón el viernes pasado, con mediáticos sentados a la mesa, autos importados cero kilómetro y reunión en Puerto Madero. La decisión de poner a Victoria Tolosa Paz a cargo fue el empujoncito que faltaba para conseguir la condena de las organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales que, desde hace años, combaten este flagelo.

En el plano regional, el progresismo de Alberto Fernández hace agua. La semana pasada tuvo que suspender su gira europea para ocuparse de la política casera. En Bolivia, el gobierno de Jeanine Añez encontró una salida institucional propiciada por la ONU, la mayoría de los partidos y de corporaciones. Al fin y al cabo, la mayoría quería quitarse de encima a Evo Morales. En Uruguay está venciendo el Partido Blanco en la segunda vuelta, cuando Alberto había ido a visitar a José Mujica para brindarle su apoyo al Frente Amplio. Lula da Silva puede volver en cualquier momento a la cárcel y AMLO se quedó afuera del Grupo Puebla. Para colmo de males le cantó las cuarenta a Donald Trump, justo cuando tiene que conseguir su respaldo para renegociar la deuda.

En el gabinete son casi todos técnicos o jóvenes sin experiencia en gestión. Los pocos cuadros con los que cuenta responden a Cristina. Los jefes de bancada en el Congreso también se referencian en Cristina –o “son” directamente Cristina-, sin ninguna clase de empatía con los gobernadores peronistas.

Del otro lado de la grieta, Mauricio Macri se fue con el 40 por ciento de los votos. La Sociedad Rural y “el campo” en general ya están en pié de guerra, y entre los militares no cayeron bien sus declaraciones sobre el Ejército Argentino. Algo que no sería del todo preocupante en otras circunstancias, pero sí cuando el golpismo se expande por el continente. Señales de alarma se encienden en el horizonte inmediato.

Fuente: www.REALPOLITIK.com.ar

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