Fernando Espinoza apuntaba a dirigir un ministerio pero CFK le bajó el pulgar

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El Frente de Todos ganó con claridad las elecciones en la provincia de Buenos Aires. También las ganó, como sucede habitualmente, en La Matanza. En síntesis, el Frente de Todos ganó la provincia con los votos de La Matanza.

Sin embargo, la victoria, lejos de garantizar la armonía, disparó algunos conflictos más profundos, a los que se les puso sordina durante la campaña.

Era un secreto a voces que la relación entre Cristina Fernández de Kirchner y Fernando Espinoza no es la mejor desde hace tiempo, sobre todo desde aquel 2015 en el que la ahora vicepresidenta electa les reclamó darse “un baño de humildad” a él y a Julián Domínguez. En la práctica, la referencia consistía en bajar sus candidaturas a la gobernación en beneficio de la fórmula Aníbal Fernández y Martín Sabbatella. No le hicieron caso, y la fórmula preferida por CFK ganó unas PASO cuestionadas. Después llegó el “fuego amigo”, el triunfo de María Eugenia Vidal y la sorpresa de Mauricio Macri.
La relación se fue recuperando más adelante, más por méritos de Verónica Magario que de su jefe político. Magario ganó la intendencia en 2015 y se acercó a Cristina. Para consolidar votos en 2017, Espinoza consiguió ser electo como diputado nacional por Unidad Ciudadana. Pero su sueño era alcanzar la gobernación provincial. Para tratar de conseguirlo, intentó colocar como sucesora de Magario en La Matanza a María Laura Ramírez quien oficiaba como secretaria de Desarrollo Social. Para entonces, la relación entre Magario y Espinoza era cada vez peor, ya que el ex intendente la seguía a sol y a sombra a todas partes. Literalmente, le respiraba todo el tiempo en la nuca, por temor a que hiciera su propio juego.

Pero todo salió mal para Espinoza. No consiguió imponer a María Laura Ramírez, ya que los referentes del municipio amenazaron con retirarle su apoyo, e incluso armar lista propia. Trató de obligar a Magario a reelegir, para organizar su candidatura a gobernador. No pudo. Verónica Magario ya estaba mucho más cerca de Cristina que de él, y a punto de pasar a integrar la fórmula provincial con Axel Kicillof. Le quedaba La Matanza, pero no lo seducía ese destino. Él quería acompañar a Magario, conseguir un ministerio provincial y tratar de seguir controlándola. Más aún, quería gobernar la provincia a través de Magario. Pero se pegó un porrazo.

Magario le pegó el portazo. Cristina le comunicó que no debía osar salir de su municipio. Y, para peor, María Laura Rodríguez suena como candidata a ocupar el ministerio de Desarrollo Social de la provincia. Claro, la joven dirigente siempre se reconoció como cristinista y no soportaría la marca personal del caudillo matancero.

Espinoza duda entre rebelarse o guardar violín en bolsa y volver a los pagos originarios. Sabe que ese retorno estará signado por la derrota. Su poder ya no será el mismo. Lo cuestionarán todos. Pero no le queda otra.

Las tres mujeres que lo rodean le infligieron un categórico knock out. Tratará de disimularlo. La mayoría duda que pueda hacerlo.

Fuente: www.REALPOLITIK.com.ar

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