La interna entre albertistas y camporistas despierta los fantasmas de una CFK tras las rejas

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A partir de la noche del mismo domingo electoral, los medios alertaron sobre las caras de enojo que mostraban Alberto Fernández, Sergio Massa y Malena Galmarini en un escenario copado por La Cámpora, y al que no habían podido acceder ni gobernadores, ni intendentes ni sindicalistas que no pertenecieran a la agrupación.

Algunos explicaban que la discriminación se debía a que el acto del bunker había sido organizado por el Instituto Patria. Otros, a que Cristina había discutido con Alberto Fernández por la escasa dotación de ministerios que el presidente electo pensaba asignar a la agrupación paradigmática del cristinismo.

Dos días después vino la revancha. En el acto de asunción del segundo mandato de Juan Manzur en Tucumán, la orga no fue invitada. Allí sólo estuvieron los que no habían sido admitidos en el escenario del domingo, y varios comenzaron a fantasear con la posibilidad de crear el “albertismo”.

Pero la tensión entre peronistas y camporistas parece adquirir una intensidad cada vez mayor, superando incluso la existente en 2015. Demasiadas cuentas quedaron pendientes. Demasiadas zancadillas. Demasiadas bolillas negras. Demasiadas traiciones.

Así fue como algunos comenzaron a fantasear con la idea de que el mejor destino que podría asignársele a la ex presidente y vicepresidente electa sería dejarla en manos de la Justicia, sin intervención alguna del ejecutivo para arbitrar en su beneficio. De este modo, en caso de que la o las sentencias jugaran en su contra y debiera recluirse tras las rejas, el próximo gobierno daría una muestra de intachable imparcialidad y respeto por la división de poderes y la institucionalidad, y hasta mejoraría la consideración internacional del país al momento de conseguir inversores para impulsar el crecimiento económico.

En los días siguientes, se produjeron dos señales que parecieron indicar que esta alternativa no habría sido descartada: la continuidad que la Justicia dispuso de la causa más complicada que afronta la ex presidente, y la comunicación de este viernes de Donald Trump con Alberto Fernández para felicitarlo y asegurarle que haría todo lo posible para contribuir con la recuperación económica de la Argentina y la renegociación de sus deudas. Un giro copernicano en la posición de Estados Unidos, que desautorizó las bravuconadas de Jair Bolsonaro.

¿Es posible pensar que el próximo gobierno podría avalar una decisión que el mismísimo Mauricio Macri no se animó a adoptar?

La respuesta es que no, si Cristina apoya las iniciativas gubernamentales desde el Senado, y La Cámpora se recluye en la provincia de Buenos Aires. Pero esta respuesta se convierte en ni, en caso de que se repitan las declaraciones provocativas o las actitudes como las del domingo pasado.

Las piezas se van acomodando en el tablero, pero ya aparecen como posibles algunos cursos de acción que, hasta el domingo pasado, ni siquiera cruzaba por las mentes más afiebradas.

Fuente: www.REALPOLITIK.com.ar

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