Egos, traición y un acercamiento que terminó mal: los secretos de la pelea entre Diego Maradona y Juan Sebastián Verón

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Uno, director técnico del Lobo. El otro, presidente de Estudiantes. Ayer amigos, la historia que los transformó en rivales hasta hoy irreconciliables

Partido por la Paz 2016, estadio Olímpico de Roma. Diego Maradona y Juan Sebastián Verón juegan enfrentados el amistoso organizado por el Papa Francisco. En una jugada inocente, el Diez cae al césped luego de disputar la pelota con la Bruja. Se sonríe, sigue con su trote suave, se acerca con buenos modos, levanta la mano para chocar palmas. El ídolo de Estudiantes lo ignora.

Termina el primer tiempo y Maradona vuelve a arrimársele al mediocampista calvo. Cruzan algunas palabras cuando enfilan hacia el vestuario; el diálogo, que parece natural, levanta temperatura. Aunque en la transmisión no tiene audio, se puede leer en los gestos, en el rostro del ex campeón del mundo en México 86. Levanta el índice, choca hombro con hombro. Le dice “a mí no, a mí no”. Se separan. Verón no parece haberle prestado demasiada atención.

“Le hizo la cruz. Y cuando Diego te hace la cruz…”. La fuente, del entorno más cercano de Maradona, no da margen a la reconciliación; los últimos hechos parecen abonar a su teoría. La pelea entre el entrenador de Gimnasia y el presidente del Pincha, que esta tarde estarán frente a frente en el clásico de La Plata, dista de haber nacido en un chispazo durante un partido amistoso. Detrás existe un trasfondo profundo, con diferentes condimentos: revancha, ingratitud y un intento de acercamiento dinamitado en aquel choque mediático.

“¡Quiero ganar, quiero ganar! Se los digo en la cara, les quiero ganar por todo lo que pasó, todo lo que vivió Gimnasia. Por todo lo que sienten estos chicos y lo que me contaron en La Plata. ¡Quiero ganar!”, insistió Diego sobre el duelo ante el Pincha en la conferencia de prensa post goleada a Newell’s. “Se muere por ganarle”, confirman sus íntimos que no se trató de una sobreactuación. Para entender por qué tanto fuego, hay que trasladarse al inicio de la historia. Maradona y Verón fueron compañeros en Boca. Aquel mediocampista de pegada sobrenatural y el megacrack en retirada. Diego apadrinó a la Bruja y al Kily González, entre otros refuerzos promisorios que se incorporaron. Desde allí quedó una muy buena relación.

Cuando Diego asumió como técnico en la Selección, Verón casi que estaba vetado en la Albiceleste. El organizador de juego había regresado en gran nivel a Estudiantes, luego de su exitoso periplo por Europa. Pero tras la experiencia en el Mundial 2002, al que llegó como figura estelar y terminó cuestionado, por rendimiento y gestos (el famoso córner al que fue a patear caminando sobre el epílogo de la derrota ante Suecia, como botón de muestra), no era bienvenido en Ezeiza. En cualquier encuesta, excepto en La Plata, la posibilidad de su regreso al combinado nacional no tenía quórum entre los hinchas.

Maradona lo convocó. Cuando lo silbaron en el Monumental, buscó acallar las críticas. Lo sostuvo hasta que dio vuelta los cuestionamientos y lo incluyó en la lista para el Mundial de Sudáfrica. Más: lo ubicó en la misma habitación que Lionel Messi, para que lo apuntalara. Verón fue titular en el debut ante Nigeria (1-0, gol de Gabriel Heinze), volvió a la alineación principal en el 2-0 contra Grecia (el DT dispuso un mix), ingresó por Tevez en el 3-1 ante México por los octavos de final, y vio sentado en el banco la eliminación contra Alemania.

A rodas luces, no quedó conforme con su participación. “Maradona es contradictorio. Primero me pidió que fuera el Xavi del equipo y después no jugué. Ya está, no hubo ninguna pelea”, dio a conocer su fastidio con las decisiones del Diez, que se sintió herido. Sin embargo, a pesar de que todavía sentía el aguijón en su piel, pocos saben que en aquella jornada en Roma tenía ganas de acercarse, de dejar atrás las diferencias. Lo sentía un amigo, al que había cobijado en un mal momento con la gente en la Selección, más allá de las determinaciones futbolísticas durante la Copa del Mundo. Se topó con un témpano, una actitud de Verón que vio como un desplante público. La persiana se cerró definitivamente. “Verón me traicionó”, dijo el ex enlace en 2017, para mensurar lo que significó aquella escena en su razonamiento. “No hay que tomarlo en serio”, replicó entonces la Bruja.

El desembarco de Maradona en Gimnasia reavivó los rencores. “Celebramos tu vuelta al fútbol argentino. Vivamos esta rivalidad circunstancial sin enemistades. Nosotros te sentimos parte de nuestra escuela”, escribió Estudiantes en su cuenta de Twitter, a modo de bienvenida al Diez a la ciudad. “Qué pena que Verón opine otra cosa”, cruzó inmediatamente Matías Morla, apoderado del astro. “Hay una yunta enfrente que me tiró los huevos para abajo y no la perdono”, lanzó el propio Pelusa, con el ex Manchester United, Chelsea e Inter como blanco. la Bruja intentó bajar el tenor del enfrentamiento en distintas apariciones mediáticas: “Me alegra que Maradona tenga la chance de dirigir en el fútbol argentino. Tuvimos una buena relación, con altos y bajos. Hoy no me parece hablar de eso. Lo felicito y le deseo suerte».

Amigos ayer, enemigos hoy. Maradona y Verón volverán a estar frente a frente. Como una cebolla o una Mamushka, el clásico dentro del clásico.

Fuente: Infobae

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