Caso Dalmasso: El viudo sostiene que no hay pruebas y busca ir al banquillo

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La estrategia de Marcelo Macarrón fue no apelar la elevación a juicio y sentarse directamente ante un jurado popular.

Está acusado de haber contratado a sicarios para que mataran a su esposa.
“Lleva 13 años mirado por la opinión pública”, dijo su abogado.
Faltaban cinco minutos para el cierre de Tribunales de Río Cuarto. En un jueves frío, gris y ventoso, ya no quedaba nadie en el imponente edificio nuevo. Marcelo Macarrón, flanqueado por el abogado Marcelo Brito y su colaborador, Cristian Ayán, subió por la escalera de servicio hasta el primer piso. Firmaron y entregaron un escrito en la barandilla de la Fiscalía del Primer Turno. Mientras Brito hablaba con la prensa, el viudo se fue solo. Sin pronunciar palabra.

Imputado por el fiscal Luis Pizarro como presunto instigador del homicidio de su esposa, Nora Dalmasso (51), Macarrón tenía plazo hasta hoy a las 10 para oponerse a la elevación a juicio. Pero decidió no hacerlo.

Su abogado explicó que presentaron un escrito en el que desisten de la oposición, aunque también –llamativamente– dejan sentadas críticas al requerimiento del fiscal Pizarro. Según Brito, fue su cliente quien “prefirió ir directamente a juicio”.

“Lleva 13 años en el banquillo de los acusados, mirado por la opinión pública”, manifestó para dar a entender que el viudo quiere ir a juicio para terminar con todas las acusaciones en su contra.

Todo parece indicar que, antes de mediados del año próximo, Macarrón podría ser juzgado por homicidio calificado por el vínculo, alevosía, y por precio o promesa remuneratoria, en un juicio con jurados populares. Si lo consideran culpable, le correspondería la prisión perpetua.

Para Brito, Pizarro produjo una resolución contrarreloj, porque sabía que en unos días más podía verse obligado a dejar la causa (por la asunción de un nuevo fiscal). El defensor aludió a cuestiones políticas que siempre sobrevolaron el expediente: presuntas diferencias entre quien fue el vocero del viudo, Daniel Lacase, y el exsecretario de Seguridad, Alberto Bertea (con quien Pizarro trabajó en el Tribunal de Conducta Policial y Penitenciario).

Juzgó que el fiscal “produjo bajo la expresión política abordada una resolución que nada tiene que ver, que se vincula con (Rafael) Magnasco y con Bertea, para poner de manifiesto que ellos fueron víctimas de la insidia inicial respecto al motivo del hecho”.

¿Interrogar a jurados?

Cuando se le preguntó a Brito si confía en convencer a los jurados populares de la inocencia de su cliente, hizo una salvedad que llamó la atención. Sostuvo que exigirá que una vez que se elijan por sorteo los ocho jurados populares titulares (y cuatro suplentes), “se les dé la posibilidad a las partes de conocer si respecto a algunos de ellos –o a todos– comprende la garantía de imparcialidad”.

El defensor dijo haber analizado en profundidad los antecedentes de la designación de jurados en Córdoba y aseguró que hay precedentes para exigir que no formen parte “aquellas personas que tengan una información acabada del caso, y muchísimo menos si tienen una opinión formada al respecto”.

En un caso tan resonante, como el de Nora Dalmasso, es difícil imaginar qué jurado popular podría cumplir con tal requisito.

De avaricia y merengues

La requisitoria de elevación a juicio formulada por Pizarro valora especialmente la declaración de una expareja extramatrimonial de Macarrón, quien trabajaba en Tribunales y faltó los dos días previos al crimen (viajó justo ese fin de semana a Pergamino).

La testigo describe a Macarrón como “repijotero” y cuenta que siguió viéndose con él tras el crimen, pero que luego se fue de Río Cuarto y sintió temor de que le pasara “lo mismo que a Nora”.

Brito intentó descalificarla ayer porque la mujer admite tener “problemas psiquiátricos”.

Para el fiscal, Macarrón habría contratado a sicarios para matar a su esposa por “desavenencias matrimoniales”, para no dividir sus bienes y en concierto con otros intereses económicos y políticos.

Su resolución no precisa que el viudo tenga propiedades en el exterior o que haya sido testaferro de alguien. Se apoya en varios testimonios que lo describen como “pijotero y avaro”.

Como prueba de que Dalmasso se quería divorciar, Pizarro menciona un diálogo de Nora con su suegra, Rita. Al parecer, la suegra le dijo que estaban muy ricos unos merengues que Nora había hecho para Marcelo en su cumpleaños. Y, según testigos, ella contestó: “No sé… Me parece que me voy a separar de su hijo”.

¿Un debate?

Brito explicó que en la presentación efectuada, entre 39 páginas sólo una habla de la decisión de desistir de la oposición y “del sufrimiento que Macarrón viene padeciendo”. “Como consecuencia del juicio mediático, siente que ya lo sentaron en el banquillo de los acusados desde el inicio del proceso y quiere terminar con esto”, citó.

Contó que, en el resto del escrito, “por responsabilidad profesional” (para que no se plantee que no defendió a su cliente), dejó sentado “algunos de los muchísimos reproches que tornarían a la acusación en insustancial, porque tiene tan graves defectos el requerimiento que el primer planteo que deberíamos haber hecho es el de nulidad”.

Mientras retumbaban en la galería sus cuestionamientos, pasó raudamente a su lado el fiscal Luis Pizarro. Apenas cruzaron un saludo. Brito comentó que le gustaría debatir con él, mano a mano.

El defensor dio muestras de conocer la lista de los posibles nuevos integrantes de la Cámara del Crimen 1ª, que juzgaría eventualmente a Macarrón.

Confiado, concluyó: “No hay absolutamente ningún elemento probatorio que permita sostener racionalmente, cuanto menos en alguna prueba, aunque sea indiciaria, de que acá hubo un concierto criminoso entre Macarrón y otras personas que tenían intereses distintos, pero coincidían en la intención de dar muerte a Nora Dalmasso”.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar

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