Ofelia Fernández: Nunca trabajó, la mamá le paga la obra social y va a ser diputada gracias a Máximo K

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De forma exclusiva, REALPOLITIK accedió a documentación que avala la verdadera identidad de la “colegiala K” y su familia. La verdadera historia de una candidata adolescente sin preparación, título o trabajo que todavía vive en la casa de sus padres.

La vida de la pequeña candidata K pareciera regada de contradicciones. Con frases célebres como “la burguesía me seca la concha” y “en el Partido Justicialista no les cae bien una piba sin pija”, representa de algún modo la idiosincrasia de la política argentina, la cultura de la fama instantánea en las redes sociales y la dedocracia de La Cámpora. No pareciera tener preparación alguna, no tiene título universitario, no tiene trabajo y vive con sus padres. Pero tiene una cuenta de Twitter con 100 mil seguidores en plena pubertad, mérito suficiente para que Máximo Kirchner la eligiera para ser diputada porteña.

La misma contradictoria vara que la lleva a plantarse como revolucionaria y a asegurar que vino a “derrotar definitivamente el neoliberalismo” mientras conecta su Iphone a su notebook Macbook Pro, pareciera atravesar a toda su familia. Su madre, María Eva Mosso, estudió filosofía compartiendo, tal vez, los mismos sueños revolucionarios de su hija. Seguramente en su época de estudiante no había dispositivos electrónicos norteamericanos de última tecnología, pero aún así deschavaría su verdadera naturaleza de más grande, ya madre de Ofelia Fernández, cuando decidió trabajar para la casa de cambio Maguitur S.A., cuyas oficinas en Mendoza fueron allanadas por violación del cepo cambiario. La empresa en la que trabaja la madre de Ofelia utilizaba arbolitos para evadir los controles policiales y cambiar miles de dólares por fuera de la ley. Su padre, Diego Javier Fernández, es un músico sin mucha suerte que tiene hasta la constancia de AFIP bloqueada desde el 2018 por no presentar el domicilio electrónico.

Ofelia pareciera vivir aún el sueño de los pequeños adolescentes, esos en los que se puede jugar a ser lo que uno quiera porque total las cuentas las paga mamá. Aventurera, superheroína, ilusionista, revolucionaria, actriz, astronauta y hasta diputada, todo vale en un mundo cobijado bajo la protección de la casa familiar y el dedo de Máximo Kirchner, extensivo del dedo de Cristina. Todo es juego. Total, si sale mal está mamá.

Tal vez por esto Ofelia es un fantasma para la vida real. Literalmente, para el sistema del país, para los números que importan, la candidata K –comúnmente llamada “la colegiala K”-no aporta nada. No tiene registros como monotribustista, ni como empleada, no trabaja en ningún lado, no tiene declaraciones juradas en actividad, declaraciones provinciales, asignaciones familiares, transferencias, prestaciones previsionales ni afiliaciones a obras sociales. Para el mundo de los grandes, Ofelia Fernández no existe. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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