La tuberculosis resiste desde la prehistoria y se cobra 700 vidas al año en el país

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Descripta por Hipócrates en la Antigua Grecia, en la Argentina de hoy es una enfermedad vinculada a la pobreza. Pero advierten que también el mismo sistema sanitario la invisibiliza.
¿Cómo? ¿No está erradicada?

La pregunta se escucha con frecuencia.

Es que a espaldas de buena parte de la sociedad que la considera un capítulo del pasado, la tuberculosis todavía enferma y mata. No hace falta viajar en el tiempo, ni grandes distancias para ver cómo la tisis que Hipócrates describió en la Antigua Grecia –que fue conocida también como plaga blanca y a la que monarcas europeos de la Edad Media creían poder curar con su “toque real”– resiste al paso de los siglos: en Argentina provoca más de 11 mil casos por año y 700 muertes. Las cifras venían cayendo desde 1980, pero la tendencia se invirtió desde 2013. Prevenible y curable, las razones de su supervivencia van más allá del aspecto biomédico; su dimensión social, su vínculo con las condiciones materiales de vida y con la vulnerabilidad la fortalecen.

El mes pasado, las muertes de una mujer de 38 años y la de un joven de 18, cobraron estado público.

“¡Dos muertes por tuberculosis en Quilmes! ¡Oh! ¿Cómo? ¿Hay tuberculosis? Y sí, hay”, ironiza sobre ese extendido desconocimiento el médico Domingo Palmero, especialista en neumotisiología y enfermedades infecciosas, que lleva 40 años dedicado a la tuberculosis.

El 2° Boletín sobre Tuberculosis en la Argentina, presentado este año, pone en números el problema. Las cifras corresponden a 2017: 11.659 casos (entre nuevos, recaídas y anteriormente tratados). Pese a que hubo 99 reportes más que el año anterior, la tasa se mantuvo estable en 26,5 por 100.000 habitantes. Todas las provincias registraron casos, pero la distribución muestra marcadas diferencias, ya que seis jurisdicciones superaron el promedio nacional: Jujuy, Salta, Formosa, Buenos Aires, Chaco y Ciudad de Buenos Aires. Y casi seis de cada 10 notificaciones (57,4%) correspondieron al AMBA (conformado por CABA y 40 municipios de la Provincia).

El patrón epidemiológico local encaja entonces en lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como tuberculosis (TBC) en grandes ciudades, “que se da donde hay gran concentración de gente empobrecida, hacinada, lo que favorece la transmisión de la enfermedad y que los casos sean más severos”, comenta a Clarín Claudia Rodríguez, directora de Sida, ETS, Hepatitis y Tuberculosis (DSETSHyT) del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, área de la que depende el Programa Nacional de Control de la Tuberculosis. La urbanización acelerada en esas zonas, así como las barreras de acceso a la salud y la fragmentación de la atención son otras de las características que dibujan el perfil local.

En Casa Masantonio, la medicación para los distintos tratamientos de la enfermedad. / Foto: Fernando de la Orden

En Casa Masantonio, la medicación para los distintos tratamientos de la enfermedad. / Foto: Fernando de la Orden

La distribución por edades exhibe una realidad preocupante: la TBC afecta especialmente a poblaciones en edad productiva. El 18% de los casos se dan en menores de 20 años y la mitad de los casos nuevos (49,2%) son en personas de 20 a 44 años. “Tanto en los más jóvenes, como en los que están en edad laboral, es un problema para el país muy importante”, afirma Rodríguez. Y amplía: “Si una persona que mantiene una familia tiene tuberculosis, queda durante un tiempo sin poder trabajar. En los más jóvenes, la problemática es distinta: puede ser que estén estudiando, entonces está la posibilidad de transmitir la infección a otros porque, entre otras cosas, por su juventud tienen menos control de los cuidados de la tos, además de que los limita en el estudio”.

El bacilo en el aire

La tos es uno de los síntomas característicos de la enfermedad, pero también es la vía de salida al exterior del Mycobacterium tuberculosiso Bacilo de Koch, que afecta principalmente a los pulmones. En Argentina, el 86% de los casos es de localización pulmonar: la forma más frecuente y, precisamente, contra la que no protege la vacuna BCG, que evita exclusivamente las formas graves de la enfermedad como meningitis y osteomielitis. Entonces, al desconocimiento sobre la vigencia de la enfermedad, se suma una confusión muy extendida.

“La gente suele pensar ‘mi hijo tiene tos hace ocho meses, pero tuberculosis no va a tener porque está vacunado: este es un grave error que nosotros no sabemos transmitir adecuadamente”, admite Rodríguez.

El contagio se produce por la inhalación de las partículas que contienen los bacilos y que las personas enfermas expulsan al aire al toser, estornudar o escupir. Cuando un número suficiente de bacilos ingresa a alguien sano pueden ocurrir tres cosas: que desarrolle la enfermedad, que su sistema inmune destruya los bacilos, o que la infección permanezca en estado de latencia por años (lo que no implica estar enfermo ni contagiar en ese momento).

La tuberculosis en Argentina provoca más de 11 mil casos por año y 700 muertes. / Foto: Fernando de la Orden

La tuberculosis en Argentina provoca más de 11 mil casos por año y 700 muertes. / Foto: Fernando de la Orden

“Para enfermar hace falta un contacto prolongado con el paciente que tose, que es bacilífero y, por otro lado, una predisposición individual: las enfermedades inmunopresoras influyen mucho”, explica Palmero. “Un contacto ocasional es muy poco infectante”, aclara. ¿Qué implica un contacto prolongado? Estrecho, de 4 a 6 horas por día, la mayor parte de los días, con la persona infectante, precisa el director del Instituto Vaccarezza, que depende de la Facultad de Medicina de la UBA y es el centro de referencia de la tuberculosis para la universidad y uno de los más reconocidos del país. Comparte predio con el Hospital Muñiz, donde el médico es jefe de la División Neumotisiología. Ambas instituciones funcionan como una alianza público-público, receptora de la mayor cantidad de casos.

“La tuberculosis tiene mucha más frecuencia en enfermedades que alteran las defensas claramente, como el VIH, ahí sí hay una alteración específica que hace que sea más fácil no solamente tener TBC, sino que sea más grave y pueda ser mortal”, dice Rodríguez. En el grupo de 35 a 49 años, un tercio de las muertes por tuberculosis estuvo asociada al VIH, precisa el último boletín. La diabetes, la obesidad y factores genéticos también pueden actuar como predisponentes, apuntan los especialistas. Y entre las poblaciones vulnerables destacan a niños y adolescentes, comunidades de pueblos originarios, personas privadas de la libertad, migrantes, comunidades cerradas y personas en situación de consumo problemático de sustancias.

Una enfermedad vinculada a lo social

Sistema inmune debilitado y contacto estrecho son condiciones que se hallan con frecuencia (aunque no exclusivamente) en los contextos más desfavorecidos; en los que la pobreza, el hacinamiento, el comer poco y mal son moneda corriente y configuran el escenario ideal para la diseminación del bacilo.

“Cuanto más hacinamiento hay, más posibilidad de transmisión”, afirma Palmero. / REUTERS/Mariana Bazo

“Cuanto más hacinamiento hay, más posibilidad de transmisión”, afirma Palmero. / REUTERS/Mariana Bazo

“Cuanto más hacinamiento hay, más posibilidad de transmisión”, afirma Palmero. “Si no trabajé 10 horas sin parar, si abrí las ventanas, si dormí bien, si comí bien… si reúno todas esas condiciones probablemente no me voy a enfermar. Si no las tengo, sí. Por eso la tuberculosis está absolutamente relacionada con las condiciones materiales de existencia. De hecho, en los talleres textiles clandestinos se registran gran cantidad de casos. Mucha gente que tiene o tuvo la enfermedad trabaja o trabajó en un taller clandestino: son lugares cerrados, sin ventanas, con muy poco espacio entre una persona y otra, que no comen bien ni descansan lo suficiente, porque pueden llegar a dormir poco, al lado de las máquinas”, cuenta Virginia Cunzolo, trabajadora social del Hospital Piñero, el segundo en atención de caudal de pacientes en la Ciudad. Pertenece a la comuna 4, que junto a la 1, 7, 8 y 9 son las que tienen las tasas más altas de casos, todas en el sur porteño.

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Gustavo Barreiro es uno de los coordinadores del Proyecto Casa Masantonio, que atiende personas con enfermedades complejas (TBC, VIH, entre otras) en el marco de la Cooperativa AUPA, que brinda acompañamiento integral a los usuarios de paco, en el límite de Parque Patricios con Barracas. El “hermanito” -como lo llaman- conoce de cerca cómo el consumo problemático de sustancias se sumó en el último tiempo como un factor de riesgo de particular complejidad. “Desde hace 10-15 años, mucha gente que está en consumo ha hecho posible que el bacilo se vaya distribuyendo en población joven, que es la franja que está creciendo ahora. Un compañero o compañera con tuberculosis va a dormir con dos o tres en un lugar cerrado, una ranchadita chiquita. Tose toda la noche con personas al lado que están malnutridas, a lo mejor inmunosuprimidas. Mientras que en otras condiciones al bacilo le costaría ingresar -si estuvieran saludables- en esa situación se le hace fácil”, afirma.

Llegar tarde

Palmero comparte datos estadísticos sobre la dinámica de transmisión de la enfermedad: en torno a una persona con tuberculosis pulmonar, 20 se infectan, de las cuales dos enferman. “El problema -dice- es todo el tiempo que contagió antes de tener el diagnóstico. Un paciente promedio lleva seis meses infectando y ha sido asistido por lo menos tres veces hasta que le diagnostican tuberculosis. El sistema de salud tiende a considerar, al igual que mucha gente, que la tuberculosis no existe, que es una enfermedad rara”.

En la misma línea, sostiene la trabajadora social: “A veces los pacientes lo transmiten como un ‘me dejé estar’ y no es eso. En general demoran en consultar porque son síntomas que no marcan una emergencia y su vida cotidiana tiene muchas dificultades. Con lo difícil que es mantener el trabajo -sobre todo si es informal y más en condiciones de esclavitud-, salir para ir a controlarte porque tenés un dolor en la espalda hace tiempo, porque estás con tos hace más de 15 días, te sentís desganado o sin apetito es complicado, porque son síntomas comunes y que pueden estar vinculados a otras cosas. Muchas veces van a las guardias y les dicen ‘no es nada, es una tos, volvete’. La posibilidad de tener tuberculosis no es sólo invisibilizada por la persona que lo sufre, sino también por el sistema de salud”.

“De todos los casos de tuberculosis que se notifican anualmente en Argentina, menos del 2% tienen resistencia a los medicamentos." / Foto: Fernando de la Orden

“De todos los casos de tuberculosis que se notifican anualmente en Argentina, menos del 2% tienen resistencia a los medicamentos.” / Foto: Fernando de la Orden

Y como consecuencia lógica de lo que no se ve (o no se quiere ver): el estigma. “No en todos los lugares reciben a la gente de la misma manera -dice el médico-. Tenemos pacientes que viajan 40 kilómetros y no hay manera de devolverlos a su lugar de origen para seguir el tratamiento porque enfrentan escollos administrativos: turnos, el trato no es siempre el más adecuado. No todos los centros de salud son igual de amigables con el paciente. También está el miedo a la tuberculosis, que se ve incluso a nivel hospitales: ‘Vaya al Muñiz directamente’. El paciente experimenta ese rechazo y es muy cruel”.

La radiografía de tórax y la búsqueda del bacilo en una muestra de esputo (que el paciente expectora) son las herramientas más utilizadas para hacer el diagnóstico de la TBC pulmonar. Hay también métodos moleculares rápidos que ya se utilizan en nuestro país, pero todavía a pequeña escala y enfocados en personas en las que se sospecha un cuadro de tuberculosis resistente.

“Numerosos estudios demostraron que se puede producir tuberculosis resistente cuando los medicamentos para tratar la tuberculosis se utilizan o se administran de manera incorrecta, incluyendo que el tratamiento sea interrumpido sin finalizarlo”, indica a Clarín Juan Carlos Bossio, jefe del Departamento de Programas de Salud del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) “Emilio Coni”, dependiente de la ANLIS-Malbrán. “De todos los casos de tuberculosis que se notifican anualmente en Argentina, menos del 2% tienen resistencia a los medicamentos de primera línea -precisa-. Esto ubica al país entre los que tienen baja ocurrencia de este tipo de tuberculosis. En 2017 se notificaron 112 casos de tuberculosis multirresistente (TB-MDR) y, en 2018, el número de estos casos fue de 138”.

Clarin.com

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