Cien veces Eva Perón

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Por Maylín Vidal

Buenos Aires, 7 may (Prensa Latina) Evita, la voz de los descamisados y los humildes, la rebelde, la política a prueba de todo, cumple hoy 100 años de vida con una legión de argentinas y argentinos que siguen su ejemplo.

Personaje fuera de su tiempo, Evita eterna, es la frase que resuena siempre cuando se habla de esta gran mujer latinoamericana, cuya vida se apagó tempranamente a los 33 años, víctima de un cáncer, pero con unas ideas que perduran en el rostro de esas jóvenes que ven en ella esas fuerzas para seguir luchando.

Desde exposiciones, presentaciones de libro, hasta un singular perfomance en la emblemática avenida 9 de julio, donde mujeres vestidas de la época, a la sombra de la efigie con su rostro en la fachada del Ministerio de Desarrollo Social, salieron a reverenciar a una argentina que puso en alto el nombre de muchas féminas.

Múltiples son las historias y enseñanzas que la esposa del fallecido presidente Juan Domingo Perón dejó en su corta vida, ejemplo que en la Argentina de hoy se agiganta, con el grito desesperado de las mujeres que luchan por dejar atrás el patriarcado, de los pobres que alzan su voz para ser escuchados, de las jóvenes que ven en su figura la inspiración para construir una mejor sociedad.

No es la Evita de la película, no es Don Cry for me (No llores por mí) Argentina, es la Evita viva, la rubia de sonrisa noble, la que luchó por igualdad y equidad social, porque las mujeres de este país pudieran ejercer por primera vez en la historia su derecho al voto, la que puso corazón a la política y la que pese a un cáncer que la deterioró salía a defender con uñas y dientes a la clase obrera.

Cien veces Evita, es el grito colectivo en este día significativo, donde muchos le rinden reverencian a su ejemplo con una lluvia de mensajes en las redes sociales, en los que muchos se atreven a decir que fue, sin dudas, la mujer del siglo XX.

Como dijo en una ocasión la expresidenta Cristina Fernández, Evita fue en su época ‘la más odiada, pero la más amada; la más insultada, pero la más venerada; la más vejada, pero hoy eternamente victoriosa, mirando a la historia definitivamente, con el amor de su pueblo y el reconocimiento de todos los argentinos’.

Dirigente política y actriz, se casó con Perón en 1945 y tras la asunción de su esposo como Jefe de Estado fue presidenta del Partido Peronista Femenino, dirigió la Fundación Eva Perón y fue declarada oficialmente ‘Jefa espiritual de la Nación’ en 1952.

Desde la víspera cientos de seguidores del peronismo se reunieron en la localidad bonaerense de Los Toldos, ahí en la casa que la vio nacer, donde con banderas, cánticos y múltiples iniciativas pasaron la fría noche en una vigilia.

En Twitter bajo la etiqueta #ParaMiEvitaEs, cientos de cibernautas recuerdan su legado y la califican de un ejemplo de ‘justicia social, lucha, conciencia de clase, alma, pasión, contenido, orgullo, identidad, ícono, referente, trascendencia, utopía’.

‘Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas’, dijo una vez esta gran mujer quien, visionaria, siempre tuvo claro que de nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social.

Siempre tuvo claro una idea que la acompañó hasta el final de sus días, que la lucha nunca acabaría mientras hubiera injusticia.

‘Aparento vivir en un sopor permanente para que supongan que ignoro el final… Es mi fin en este mundo y en mi patria, pero no en la memoria de los míos. Ellos siempre me tendrán presente, por la simple razón de que siempre habrá injusticias y regresarán a mi recuerdo todos los tristes desamparados de esta querida tierra’, fue una de sus últimas declaraciones conocidas.

Hoy, en una Argentina en crisis económica, donde las desigualdades siguen vigentes, su nombre renace para convertirse en eterna, en la voz de esos rostros siempre invisibles que batallan día a día por un mejor país, donde no haya desigualdad, y todos quepan.

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