“Fui un daño colateral”: Cómo el bulo del ‘russiagate’ arruinó la vida de una investigadora

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Jamás imaginó que ir a una cena en 2014, en Cambridge, sería el detonante para que un periodista de The Guardian la acusara falsamente de ser “espía rusa”.

Svetlana Lokhova, una académica británica con especialidad en historia sobre las operaciones de inteligencia soviética en Estados Unidos, vio cambiar su vida días después de una publicación que la relacionaba con un supuesto vínculo entre Rusia y Donald Trump, que lo habría llevado a convertirse en el presidente de la nación americana.

Lokhova, madre de un bebé de dos años, fue señalada por Luke Harding, periodista de The Guardian, de ser una espía rusa con acceso directo a los archivos del Departamento Central de Inteligencia [GRU, por sus siglas en ruso], bajo las órdenes directas del presidente Vladimir Putin, sin que hasta ahora haya pruebas al respecto.

“No soy un espía y nunca he trabajado para ningún servicio de inteligencia“, afirma la historiadora, que nació en Moscú, pero es ciudadana británica, tras emigrar a Reino Unido en 1998 por razones de estudios en Cambridge, universidad con la que ha estado asociada desde hace 20 años.

El presidente ruso Vladimir Putin estrecha la mano de su homólogo estadounidense, Donald Trump, durante una conferencia conjunta en Helsinki, Finlandi, en julio de 2018. / Leonhard Foeger / Reuters

En febrero de 2014 tendría lugar el acontecimiento que cambiaría su vida. Fue invitada por sir Richard Dearlove, maestro en el Pembroke College, la Universidad de Cambridge y ex director del MI6 [el servicio de inteligencia secreto de Reino Unido], para asistir a una cena en honor de Michael Flynn, entonces director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) de EE.UU., designado por Barack Obama.

“A pesar de reunirme con el teniente general Flynn solo una vez en un ambiente público, por invitación del ex jefe del MI6, los medios de comunicación del mundo me acusaron, alimentados por ‘fuentes’ sombrías, de ser ‘una trampa con métodos de seducción’ (‘honeytrap’). En un caso digno de un complot de Ian Fleming, supuestamente comprometí a un oficial superior de inteligencia de Estados Unidos en nombre de la inteligencia rusa. La campaña mediática fue creada por Flynn, resultado de su asociación con la campaña de Trump, yo solo era un ‘daño colateral’“, cuenta Lokhova en una de las tres entradas que publica este martes en el blog www.russiagate.co.uk.

Las publicaciones de la historiadora buscan explicar el ‘entramado’ que Harding urdió sobre la supuesta conspiración de Rusia para llevar al poder a Trump y que recoge en su libro ‘The Collusion‘: “Harding está ayudando a crear una falsa narrativa del contacto inadecuado de Flynn con Rusia para ayudar a su teoría de la colusión que, ahora, ha sido totalmente refutada por Mueller”, escribe Lokhova.

El abogado especial Robert Mueller recibió, en mayo de 2017, la tarea de investigar, entre otras cosas, los posibles vínculos o la coordinación entre la campaña de Trump y los funcionarios rusos, en unas pesquisas que concluyeron el pasado 22 marzo.

“Si hubiera reclutado a Flynn –como sugiere Harding–, eso hubiera sido uno de los más grandes –si no el mayor– golpe de Estado ruso de todos los tiempos”, apunta Lokhova, al tiempo que recuerda que en aquella cena de 2014, estaba sentada bastante lejos del funcionario estadounidense.

Michael Flynn fue asesor de seguridad nacional de la Administración Trump solo por 24 días, tras asumir que había mentido respecto a los contactos que mantuvo con el embajador de Rusia en Estados Unidos durante la transición del actual Gobierno estadounidense.

Después de su dimisión, en febrero de 2017, hubo informes en los medios de comunicación estadounidenses y británicos sobre Lokhova, incluyendo la afirmación de que el contacto que ella tuvo con Flynn ‘incomodó’ a los funcionarios de inteligencia estadounidenses.

“Luke Harding, de The Guardian, irrumpió en mi vida con sus informes falsos y me puso en la primera página de su periódico, que confirmó que no tengo conexión con los servicios de inteligencia rusos. Entonces, la pregunta es: ¿Por qué?“, cuestiona la investigadora británica.

El libro

El 16 de noviembre de 2017, Harding publicó ‘Collusion’ (Colusión) que, en varios países, se imprimió con el subtítulo ‘Cómo Rusia hizo elegir a Trump a la Casa Blanca’.

En diciembre pasado, apareció como el libro más vendido de no ficción en la lista de The New York Times, y se estima que su autor recibió más de 700.000 dólares como anticipo y derechos en el extranjero.

La obra narra cómo el Kremlin presuntamente habría ayudado a Trump a ganar las elecciones y, ahora –según el libro– controla al presidente estadounidense. Sin embargo, la publicación ha sido fuertemente criticada al señalar el enfoque superficial, la ausencia de pruebas y la manipulación de la opinión pública.

En ‘Collusion’, Harding busca contextualizar los supuestos lazos entre Moscú y Donald Trump. Para ello, se remonta a la primera visita del entonces magnate estadounidense a Moscú, en el verano de 1987, invitado por el gobierno ruso en un viaje organizado por Intourist, un brazo del Comité para la Seguridad del Estado [comúnmente conocido como KGB por sus siglas en ruso].

En una entrevista con Le Monde, el reportero aclara que él no asegura que Trump es un agente del antiguo KGB, pero que puede decir “con certeza” que Moscú “buscó acercarse a él a fin de sacar provecho y abusar de su confianza”.

Otro hecho en el que Harding busca basar el supuesto vínculo es el proyecto de construcción de una Torre Trump en Moscú, que nunca se erigió.

La conexión

“Desde que mi nombre se filtró ilegalmente a la prensa, mi vida se ha vuelto del revés. Estoy luchando por mí y mi familia. No quiero que esto le pase a otra familia inocente”, escribe Lokhova en su blog, poco antes de relatar a detalle los hechos.

El 4 de marzo de 2017, Harding se presentó en una reunión del Grupo de Estudio sobre Inteligencia en el Royal United Services Institute, en Londres, a la que la historiadora no asistió, pues acababa de dar a luz.

Allí, el periodista habría hecho afirmaciones sobre una supuesta colusión entre Trump y Rusia, y tres imputacionessobre Lokhova: un supuesto romance con Flynn; su presunta labor para la inteligencia rusa; y el señalamiento de que sus investigaciones provenían del acceso privilegiado a los archivos de GRU, ordenados directamente por Putin.

“Mi profesor, Christopher Andrew, historiador oficial del MI5 [un servicio de inteligencia del Reino Unido que principalmente se dedica a la seguridad interna] que me conoce desde hace más de 18 años, los rechazó como ‘teorías de conspiración‘”, narra la investigadora.

Lokhova acusa que Harding nunca la ha contactado para cuestionarla al respecto y que, cuando finalmente lo hizo a través del correo electrónico, jamás comentó “sobre las locas acusaciones”.

El 1 de abril de 2017, The Guardian publicó en primera plana ‘Jefes de espionaje preocupados por los lazos de Flynn, y en la historia mencionaban a Lokhova como la mujer que lo habría ‘reclutado’.

Esta historia generó una enorme publicidad y fue retomada por diversos medios en todo el mundo. “Luego me convertí en un tema de campaña de hostigamiento, que incluía a periodistas llamando a las puertas de mi casa y de mis vecinos”, apunta la investigadora.

Tras emprender acciones legales, The Guardian publicó lo siguiente: “Queremos dejar claro, para evitar dudas, que no hay ninguna sugerencia de que Lokhova haya trabajado para alguna de las agencias de inteligencia rusas”.

En su blog, Lokhova enfatiza en la necesidad de responder sobre cómo Harding tuvo acceso a información clasificada y destaca que, hasta ahora, no ha sido contactada ni interrogada por alguna autoridad del Reino Unido o de EE.UU.

“Toda persona inocente tiene el derecho legal de no ser nombrada en los periódicos. Tiene que haber una investigación sobre las actividades de Harding“, concluye.

Un periodo oscuro para el periodismo

La histeria de Russiagate ha dado paso a un “período oscuro” para el periodismo convencional, dijo a RT el editor en jefe de Wikileaks, Kristin Hrafnsson, organización que también fue señalada de supuestamente haber cooperado con agentes rusos cuando publicó información sensible para los intereses del Partido Demócrata.

Hrafnsson destaca incluso que en un mundo justo, los innumerables periodistas que vendieron la teoría de la colusión de Rusia estarían sin trabajo.

Asimismo, criticó también una historia de Harding para The Guardian en la que apuntaba que el exgerente de campaña de Trump, Paul Manafort, había hecho varias visitas a Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres. WikiLeaks se encuentra en un litigio con el diario por esa publicación.

Habló también del papel de Wikileaks en la narrativa de Russiagate, en el sentido de que la organización fue seleccionada para publicar los correos electrónicos de Hillary Clinton. “Había docenas de organizaciones de medios de comunicación que difundían exactamente la misma información. Pero ¿por qué solo mencionar a Wikileaks?”, cuestionó.

Hrafnsson también objetó ‘The Collusion’, donde –dijo– aparece información que ha sido desmentida incluso por The Guardian. “Luke Harding publicó un libro donde afirma que hubo colusión y que Wikileaks estaba en medio de ella, pero su propio periódico ahora imprime historias de primera plana que dicen que estaba equivocado. Entonces, la pregunta es: ¿todavía tiene un trabajo en The Guardian?”.

https://actualidad.rt.com/

 

 

 

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