La macabra historia de José Luis Fardin, el padre de Thelma

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“La víctima comenzó a padecer las agresiones sexuales desde los siete años de edad. Estas eran reiteradas y a los nueve años sucedían casi todos los días. Se trataba de tocamientos, sexo oral y -en algunas oportunidades, de modo previo o durante la agresión-, era obligada a ver películas pornográficas”.

Por Enrique Pfaab

El párrafo pertenece al expediente que terminó con una condena a 15 años de prisión contra José Luis Fardin (71), padre de Thelma Fardin. La víctima es hermana por parte de madre de Thelma y fue abusada por Fardin entre 1998 y 1999.

Fardin nació en Morón (Gran Buenos Aires) el 20 de abril de 1947. Formó pareja con Dora Caggiano en la primera mitad de los 90, ya viviendo en Bariloche. Dora había tenido una hija de otra pareja, que fue la víctima de Fardin y es la que en la actualidad duda y se enfrenta con su media hermana.

Fardin era una especie de corredor inmobiliario y los abusos sexuales contra su hijastra, que comenzaron cuando ella tenía 7 años y que se sucedieron hasta los 9, fueron cometidos en un departamento del edificio Bariloche Center, una mole que rompe la armonía de la ciudad y en donde hay mayoría de pequeños departamentos y oficinas en alquiler, además de una planta baja y un subsuelo con locales comerciales.

El entonces juez de Instrucción Juan Manuel García Berro, ya retirado del Poder Judicial de Río Negro, ordenó la detención de Fardin el 21 de diciembre de 1999. Las pruebas en su contra fueron contundentes.

A fines de agosto de 2000 comenzó el juicio y el fiscal de Cámara Enrique Sánchez Gavier pidió 11 años de prisión, en tanto que el defensor oficial Marcelo Álvarez Melinger solicitó la absolución. El 1º de septiembre la Segunda Cámara en lo Criminal de Bariloche, con primer voto de Alfonso Pavone y adhesión de Alejandro Ramos Mejía y Carlos Rozanski (este último sería luego juez federal y condenaría a prisión perpetua en La Plata al represor Miguel Etchecolatzy, entre otros fallos) condenaría a Fardin a 15 años de prisión, agravando la condena solicitada por la Fiscalía, debido a la gravedad del caso y el daño a la víctima.

Los actos cometidos por Fardin fueron considerados “lujuriosos, perversos, antinaturales y prematuros”, además de estar agravados por ser el juzgado uno de los responsables de la guarda de la víctima y ésta ser menor de edad y haber sido sometida durante años.

La víctima quedó bajo la guarda de Lili Caggiano, una tía, viviendo en Bariloche, debido a que la Justicia decidió que no siguiera conviviendo con su madre.

Thelma, de apenas 7 años, para ese entonces ya estaba en Buenos Aires viviendo con su abuela. Allí comenzó a recibir clases de teatro, en parte como tratamiento terapéutico.

La defensa de Fardin recurrió al Superior Tribunal de Justicia de Río Negro, pidiendo una revisión de la sentencia, primero, y después una rebaja de la pena. Sin embargo los jueces Alberto Balladini, Víctor Sodero Nievas y Luis Lutz rechazaron sistemáticamente esos recursos.

Pero lo que sí consiguió Fardin, fue cumplir la condena en la Alcaidía de Bariloche, una cárcel para procesados. Normalmente los que recibían pena eran trasladados a una cárcel de Chaco, ya que Río Negro no tenía su propia penitenciaría.

El informe carcelario dice que José Luis Fardin tuvo buen comportamiento y fue creador de la biblioteca de la Alcaidía.

Sin embargo los informes indicaron siempre que el razonamiento del reo indicaba “una marcada ausencia de reconocimiento de los hechos que lo llevaron a su condena, minimizando los mismos y dudando del accionar judicial” y que cumplió la totalidad de la pena “sin una verdadera reinserción social y sin un reconocimiento del delito cometido”, según lo que pudo reconstruir en estos días el periodista barilochense Mariano Colombo.

La sentencia de Fardin se dio por cumplida el 20 de diciembre de 2014.

La causa “Fardin, José Luis p.s.a s/corrupción de menores agravada”, fue una especie de apertura para que las víctimas y sus familias se animaran a denunciar.

A partir de ahí los juzgados de Instrucción se atiborraron de denuncias de delitos sexuales, especialmente con menores como víctimas y los acusados fueron gente de todos los extractos sociales.

Durante años estas causas fueron mayoría en las mesas de entrada de las dos Cámaras del Crimen de la ciudad.

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