No fue el 28-D, fue la inconsistencia

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Por Jorge Carrera
Cuando haya que extraer lecciones de porqué fracasó el modelo económico de Cambiemos sin duda una parte importante de los analistas tenderá a darle a la conferencia del 28-D (un año atrás) un rol central. La idea es que llevando a Federico Sturzenegger a una reunión con otros ministros donde se anunció un cambio de meta inflacionaria para 2018 desde 10% a 15% se rompió la independencia del BCRA. Esta habría sido una estocada mortal al plan vigente y desde allí devino el colapso.

Es probable que algunos analistas crean realmente en esta visión y otros simplemente la usen para encubrir sus errores en apreciar los desequilibrios que se habían gestado. De hecho, si se revisan los pronósticos para 2018 se aprecia que recesión y crisis eran eventos no señalados por el consenso.

Más allá del detalle de cuáles fueron los problemas del esquema económico, sólo cabe remarcar aquí que combinaba una política monetaria muy dura con una política fiscal expansiva, un financiamiento del déficit basado en un veloz endeudamiento externo, costosa esterilización de los dólares convertidos a pesos con Lebac, devaluación inicial y liberalización de la cuenta capital para residentes y facilitación del ingresos de capitales, uso del hot money para recibir dólares que fortalecían las reservas y se esterilizaban con Lebac, fomento para el endeudamiento externo de provincias y privados, a causa de estas medidas fuerte apreciación del tipo de cambio real, modificación acelerada en precios relativos entre tarifas, dólar y salarios y política de crédito muy expansiva en 2017 con fines electorales.

Las medidas de política monetaria eran tomadas en un contexto donde la conducción del BCRA subestimó con argumentaciones teóricas muy elegantes todas los alertas, internas y externas de oficialistas y opositores, sobre el impacto inflacionario de las devaluaciones y de los ajustes tarifarios, la insuficiencia de la tasa de interés para hacer converger la inflación a la meta en un mercado financiero tan pequeño, la inconveniencia de ir tan rápido a la meta y el error de pensar que el financiamiento del hot money se iba a convertir en permanente sólo por pasar a ser mercado emergente.

Todas estas acciones configuraban un plan inconsistente y explosivo donde una inflación persistente, un déficit de 5% en la cuenta corriente, un déficit fiscal y cuasifiscal récord, con una masa de Lebac creciendo a tasas explosivas, una baja inversión productiva y un modesto crecimiento eran los resultados más visibles.

Luego del triunfo en las elecciones de 2017 el Banco Central pretendió retomar el tiempo perdido por haberse ajustado a las necesidades del ciclo político y anunció una suba de la tasa de política para convencer a los mercados y agentes económicos de la factibilidad de la meta de inflación. En este contexto, donde además el gobierno logró aprobar la reforma previsional y el presupuesto, se gestó la idea de modificar la meta de inflación y anunciarlo el 28-D.

Culpar al 28-D de la debacle que vivimos en 2018 es claramente un error. Se trata de cargar a la política una culpa que (esta vez) no tiene. Esa, por cierto, es una excusa típica de ciertos esquemas ortodoxos cuando fracasan y que posiblemente se use también en 2019. Es evidente que los problemas eran endógenos al plan y configuraron una dinámica explosiva que tardíamente Peña y Macri trataron de corregir.

En todo caso el 28-D se suma a otros eventos como la superemisión de deuda de Caputo en enero, el debate sobre el impuesto a la renta financiera, que ese mes el mismísimo Caputo pasara sus Lebac personales a dólares y finalmente a algunas turbulencias externas claramente menores. Frente a la inconsistencia del plan, todos estos eventos coordinaron las acciones especialmente de los grandes fondos externos que fueron quienes lideraron la corrida.

El otro punto que remarcan algunos analistas es que el 28-D se violó la independencia del BCRA.

Este punto no resiste menor análisis, Sturzenegger fue un militante orgánico del PRO por muchos años y el mayor referente económico de Macri (más que Melconian o Prat Gay). Sin duda la influencia intelectual de Sturzenegger en el Gobierno se evidencia en opiniones como las del Presidente Macri cuando afirmaba que la inflación era la tarea más fácil que tenían por delante. “La inflación es la demostración de la incapacidad de gestión”, decía Macri allá por 2015.

No existía (ni existe ahora) ninguna independencia en la relación entre Sturzenegger, Macri y el Gobierno. Tampoco se designó un Directorio para fiscalizar al presidente, como es usual, sino para apoyarlo. Así, se expulsó al único director no alineado y resistieron todas las propuestas de incorporar a varios directores nuevos con cierta independencia.

En resumen, para mejorar nuestra comprensión del funcionamiento de la economía y por rigor histórico sería bueno que en 20 años el Billiken no diga que en el BCRA había un grupo de técnicos lúcidos e independientes que tenían un plan consistente y “la política” le cortó las alas en la conferencia del 28-D. Si no que las grandes inconsistencias acumuladas en sólo dos años fueron la causa central del fracaso económico de Cambiemos.

(*) Conicet-UNLP. Exjefe de Investigaciones Económicas del BCRA.

https://www.ambito.com/

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