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Por qué fracasan las dietas

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Las cifras de obesidad aumentan en el mundo entero y plantean nuevos paradigmas en la alimentación. ¿Disfrutar de la comida es o no un pecado? Por qué no sirven las dietas restrictivas. La especialista en nutrición Mónica Katz precisa estos temas a Infobae

Crédito imagen: Morguefile

La palabra ‘dieta’ tal como se la conoce refiere en muchos casos a prohibiciones o renuncias a alimentos que son placenteros para los individuos. “Y todo lo prohibido genera más deseo”, señala la médica nutricionista y autora del libro No dieta, Mónica Katz a Infobae, por lo que propone un cambio de paradigmas a la hora de plantear la alimentación.

Según un relevamiento de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), la mitad de la personas que hacen dieta no buscan asesoramiento médico y de allí surgen muchos trastornos alimenticios, como el conocido ‘efecto rebote’, por nombrar uno, que llevó a hablar de las dietas estrictas, de moda, mágicas o extremas como ‘un fracaso’. “Hay que saber que se puede perder peso sin renunciar al placer de comer”, explica Katz.

“Las dietas restrictivas deben quedar en el pasado. Claramente no son una buena estrategia si lo que se quiere es bajar de peso y mantenerlo con el objetivo de gozar de una buena salud. Dejar de ver a los alimentos como pecado y el comer como ilícito”, agrega.

La obesidad y el sobrepeso siguen aumentando a nivel mundial, a pesar de todas las medidas y programas implementados hasta el momento en las políticas públicas. Se calcula que en el 2015 habrá aproximadamente 2.300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad.

En la Argentina, el 18% de la población sufre esa enfermedad y más del 60% padece de sobrepeso. En la Argentina, el 18% de la población sufre esa enfermedad y más del 60% padece de sobrepeso.

Las limitaciones de tiempo para preparar alimentos y comer en casa, el ritmo de vida acelerado, la difusión del modelo de delgadez como sinónimo de belleza y éxito, entre otros, son algunos factores que, según la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas, influyeron en las malas elecciones del tipo de alimentos y en las cantidades.

El placer de comer

Según señala la doctora en su libro, “comer es mucho más que alimentarse” y requiere de una gran cantidad de tiempo y energía para planear, seleccionar y preparar.

Pero no sólo se come para vivir sino que también se hace por aburrimiento, por placer, para distraerse, para reunirse, para celebrar o para seducir. “Vivimos rodeados de estímulos que incitan a comer”.
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“Todos los días necesitamos una dosis de calorías, una dosis de nutrientes, pero además, una dosis de placer. Y la comida puede hacer eso por las personas, al menos, cuatro veces al día”, aclara Katz.

Por eso, prohibir genera el efecto contrario y la clave está en controlar las porciones: algunas pautas a seguir, según la doctora.

-No hay alimentos malos. Hay porciones excesivas.

-No hay permitidos. Siempre se come rico.

-Se come “a lo francés”, la porción justa, porque queremos un cuerpo cómodo y sano.

-No es la última cena.

“Pequeños cambios en el estilo de vida conducen a mejorar la salud. La idea es pensar que se nace con derecho a comer rico y que comemos lo justo, no porque no podamos más, sino porque deseamos un cuerpo cómodo y sano”, concluye.

Fuente: www.infobae.com

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