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Con la cabeza en Asunción, River sufrió un duro golpe en Mar del Plata

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Copa Argentina

Pendiente de la decisión de la Conmebol del partido con Boca, perdió la semifinal de la Copa Argentina con Gimnasia en los penales y dejó escapar una de las dos chances que tenía para jugar la Libertadores 2019.

Se complicó todo. Gravemente. Mientras en Asunción se juega su suerte en la Copa Libertadores, quedó eliminado en la semifinal de la Copa Argentina. Y es grave porque si no gana esta Libertadores en litigio con Boca ya no tendrá chances de jugar la del próximo año. Así de grave. Así de fuerte ha sido el golpe que puso fin a las 48 horas frente al mar.

Un mar rojo y blanco en una cabecera. Más modesto fue el baño azul y blanco del otro lado. River pisaba el Minella buscando la final de la Copa Argentina y sus hinchas bramaban: “…Volveremos a estar contigo…” fue el hit de la recepción. Ya había sonado el obvio “…el que no salta, abandonó…” que reapareció tras el gol del Pity Martínez.

El conflicto con Boca estuvo en el aire toda la noche, como durante toda la estadía de River en esta ciudad. Gimnasia, ajeno al entuerto de la Libertadores, jugaba su chance en la Copa Argentina, competencia imprescindible para que River se asegurara la presencia en la Libertadores 2019 sin depender de los escritorios de Asunción.

El rival fue Gimnasia. Pero Gallardo puso a los 11 que iban a empezar el clásico con Boca el sábado, o el domingo. Quizá los 11 de Doha, si van a Doha, si se juega, quién sabe…”Sos cagón, Boca, sos cagón…” se gritó antes de los primeros diez minutos. River demostraba que es más que Gimnasia, aunque le faltaba profundidad. Tello regaló un tiro libre que Pity hizo gol, enseguida empató Faravelli y la hinchada del Lobo avisó que también tiene su fuego. El estallido fue después de los penales.

Concentrados, Marcelo Gallardo y la mayoría de los jugadores firmaron autógrafos y se sacaron fotos con algunas de las 800 personas que se acercaron al hotel Costa Galana para recibirlos, el martes por la noche. Ningún jugador habló con la prensa. Tampoco el entrenador. Silencio frente al mar. A esa hora, también en Asunción se acababa un día movido.

Más movido fue ayer, hasta el momento de subir al micro y trasladarse al Minella para enfrentar a Gimnasia. un hincha rompió el cerco de seguridad y abrazó al Muñeco, al pie del bus. La estrategia del plantel fue el silencio. Y la tranquilidad. Ningún futbolista se dejó ver por el hall del hotel durante toda la tarde. Solamente bajaron de sus habitaciones Lucas Martínez Quarta y Nicolás De la Cruz, representantes de la acción solidaria que tuvo la presencia de Rodolfo D’Onofrio. Entregaron elementos deportivos en el club Santa Clara del Mar y en el Sarmiento, de Coronel Vidal. Luego, el encierro, con todas las antenas dirigidas hacia Asunción.

Ese silencio lo había roto D’Onofrio cuando pasadas las 10 de la mañana enfrentó a los medios y disparó su durísimo discurso con Daniel Angelici como destinatario. “Vení a jugar, no somos tan buenos”.

Luego de la bomba, otra vez la calma. No hubo espacios ni siquiera para los off the record con los dirigentes. Sí, fue evidente y se supo, los celulares tenían línea directa con quienes estaban en Paraguay y la palabra Qatar y la palabra Doha circulaba con velocidad en el lobby del Galana.

Los jugadores apenas se dejaron ver. Realizaron una activación muscular en un salón del hotel, almorzaron y descansaron. Ninguno de ellos se asomó a la entrada del hotel.

Alrededor de las 20, el bus estacionó en la playa del Minella. En la calle, había un show de bengalas rojas. Los jugadores hicieron el largo recorrido por la explanada hasta la rampa por la que descendieron a las puertas del vestuario. Gallardo, de traje impecable y mochila de alumno secundario fue ovacionado. “¡Gracias Muñeco!…los hiciste mierda!”” gritó alguno . D’Onofrio, de camisa clara con rayas azules, saco azul y suéter rojo anudado al cuello fue aplaudido y saludó con el brazo en alto, como un boxeador en su camino al ring. Apenas pisó pisó la antesala del camarín habló con los medios: “Le pido disculpas a Angelici y a la gente de Boca”. se refería su incendiario discurso matutino. Sabía que había provocado malestar. Y quince minutos antes del partido, volvió a hablar para la TV. Luego, fue el tiempo del fútbol. Por un rato, River se ocupó del juego.

Y el juego no fue un viaje de placer, precisamente. El tremendo cabezazo de Silva empató el tremendo galope de Pratto. Ya había pasado de todo, la roja a Bonifacio y la roja a Pinola. Y un final incierto se avecinaba. Todo lo que faltaba por pasar, preocupaba mas que lo que se debe decidir en la Conmebol. Sucedió lo peor y la derrota cayó como un puñal.

Mar del Plata. Enviado especial.

https://www.clarin.com

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