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El habla, los brazos y la sonrisa: los signos principales para detectar el ACV

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El accidente cerebrovascular es la primera causa de discapacidad y la segunda causa de muerte en el mundo. Detectar los signos de alerta y consultar a especialistas para comenzar un tratamiento de neurorrehabilitación resulta clave para disminuir las secuelas en la salud del paciente.

Un accidente cerebrovascular puede manifestarse de dos formas: por la pérdida súbita del flujo sanguíneo cerebral o bien por el sangrado dentro de la cabeza. Una cosa es segura: nada es igual en la vida de un paciente después de que lo experimenta. Actividades cotidianas como comer, hablar y caminar pueden convertirse en verdaderos desafíos, y aunque la ciencia hizo importantes avances en materia de neurorrehabilitación para el tratamiento de quienes padecieron un ACV, la detección a tiempo y la pronta atención médica siguen siendo una de las claves para reducir considerablemente las posibilidades de muerte y discapacidad.

Cada hora el cerebro pierde 2 millones de neuronas ante un ACV

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Según Máximo Zimerman, jefe de la Clínica de ACV y de la Clínica de Neurorrehabilitación de INECO, existen tres signos principales del ACV que pueden detectarse en el cuerpo a simple vista, que pueden resumirse en un HaBraSo y que implica prestar atención al habla, a los brazos y a la sonrisa. “Si el paciente habla con dificultad, pronuncia frases incompletas o le cuesta articular su discurso, podría tratarse de un síntoma de ACV. También, si la persona levanta ambos brazos hacia adelante y uno de ellos cae; o bien, si sonríe de forma asimétrica –es decir, si las dos mitades de su sonrisa se perciben desparejas- existe la posibilidad de que el paciente corra riesgos de padecer un ACV”, describió.

Entre las secuelas más comunes del ACV se encuentran las que comprometen distintos dominios neurológicos afectando la motricidad, la sensibilidad, el habla, el lenguaje, la deglución, la vista, las funciones cognitivas y el ánimo, entre otras. Por otra parte, en el 18% de los casos vuelven a padecer un nuevo ACV después del primer año. Es por ello que los objetivos fundamentales en el tratamiento de estos pacientes radican en prevención de futuros episodios vasculares y conseguir la recuperación de los síntomas presentes.

Los ataques cerebrovasculares son la segunda causa de muerte en Argentina y la primera causa de discapacidad permanente en adultos

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Una gran cantidad de pacientes consultan por las secuelas de un ACV que sufrieron hace años, con la convicción de que es demasiado tarde para observar una mejoría. Muchos refieren haber realizado rehabilitación pero que hace años no hacen nada, y temen haber llegado a una meseta. Sin embargo, un paciente con secuelas de ACV puede mejorar inclusive años después del evento con un programa especializado de rehabilitación.

La ciencia detrás de la neurorrehabilitación es la neuroplasticidad, y describe la facultad del sistema nervioso de cambiar su estructura y funcionamiento como reacción a las diversas situaciones y entrenamiento. Este potencial adaptativo permite al cerebro reponerse de lesiones adquiridas, como el caso del ACV, disminuyendo la intensidad y número de secuelas.

El ACV en números

Son 10 los factores de riesgo que provocan el 91% de todos los ACV en el mundo: la hipertensión, la inactividad física, una situación desfavorable de lípidos en la sangre, una dieta pobre, el incremento de las medidas o de la proporción cintura-cadera, factores psicosociales, tabaquismo, una alta ingesta de alcohol, enfermedad cardíaca y diabetes.

Cada 4 minutos se produce un ACV en Argentina, y el 18% de los casos vuelve a padecer un nuevo ACV después del primer año. Además 9 de cada 10 pacientes que lo sufren padecen algún grado de discapacidad posterior.

En Argentina se produce un ACV cada 4 minutos (OMS)

En Argentina se produce un ACV cada 4 minutos (OMS)

Nuevos paradigmas terapéuticos

En los últimos años, la ciencia ha hecho importantes avances en términos de estrategias en rehabilitación y tratamientos. Por ejemplo, a través de la estimulación cerebral no invasiva, la realidad virtual, la robótica y los nuevos paradigmas de entrenamiento fue posible avanzar en técnicas que mejoren las funciones comprometidas y fortalezcan la recuperación.

Estimulación cerebral no invasiva: La estimulación cerebral no invasiva permite la interacción directa con funciones cerebrales tales como el lenguaje, motricidad, atención, sensibilidad, memoria y visión sin necesidad de realizar ninguna cirugía o intervención. Se utiliza corriente directa de bajo voltaje o pulsos magnéticos estratégicamente dispuestos permitiendo incrementar o disminuir la actividad cerebral en áreas focales y específicas.

Cada hora el cerebro pierde 2 millones de neuronas ante un ACV

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Entrenamiento intensivo mediante ortesis dinámicas: Permite realizar ejercitación basada en actividades de la vida diaria de manera repetitiva y adaptada al nivel y a la necesidad de cada paciente. El paciente puede recibir entrenamiento mediante este dispositivo que mejora la prensión de su mano afectada.

Entrenamiento con realidad virtual: Es una alternativa terapéutica que permite lograr una simulación de un entorno real, de forma que existe una interacción activa del paciente con un entorno ficticio. La realidad virtual permite generar una multitud de estímulos gracias a la facilidad de adaptación del entorno virtual y permite una gran cantidad de repeticiones en las tareas.

Equipo multidisciplinario e interdisciplinario: La creación de verdaderos equipos multidisciplinarios en los que aborden el proceso rehabilitador del paciente es una realidad y una necesidad en pacientes con ACV. Todos los profesionales: neurólogos, kinesiólogos, fonoaudiólogos, nutricionistas, psiquiatras, psicólogos, fisiatras, terapistas ocupacionales, neuropsicólogos y musicoterapeutas son necesarios para decidir qué tratamiento de rehabilitación es el indicado en cada momento y para cada caso, confeccionando así un traje a medida para cada paciente.

Infobae.com

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