Sobrevivir a un ACV: 7 de cada 10 personas sufren secuelas

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En Mendoza, unas 12 mil personas mayores de 40 años tienen afectada su calidad de vida tras padecer un accidente cerebrovascular.

Por Verónica De Vita – vdevita@losandes.com.ar

Un estudio realizado recientemente en el país pudo determinar que siete de cada 10 personas que sufren un accidente cerebrovascular (ACV) quedan con secuelas que afectan su calidad de vida.

Serían más de 12 mil los afectados por esta situación en Mendoza según datos del censo 2010 y unas 340 mil personas en el país. Es que otro de los datos que arrojó el trabajo es que 2% de los adultos mayores de 40 años convive con alguna consecuencia vinculada al ACV.

El Estudio Epidemiológico Poblacional sobre Accidentes Cerebrovasculares (Estepa) fue realizado por el Centro Integral de Neurología Vascular de Fleni y destacan que es primero de su tipo en América Latina.

Allí subrayan que además el riesgo de recurrencia es alto, principalmente en los días posteriores al tratamiento.

Ignacio Lucero tiene 45 años y un ACV a cuestas. “Tuve muchas lesiones, perdí todos los mecanismos aprendidos. No podía interpretar el reloj ni el espejo”, dijo al dar dos ejemplos muy gráficos.

“No podía ver bien, veía como un túnel, perdí todo el lenguaje, la memoria reciente y la de trabajo; también tuve una parálisis en los músculos de fonación, entonces no podía modular y encontrar el punto de articulación de los fonemas”, recordó.

Pero luego de la rehabilitación ha podido superar esos obstáculos y aprender sobre todo a elegir otro modo de vida.

“El ACV para mí fue una posibilidad de reentrenar mi cerebro, una oportunidad de cambio y quiebre. El humor fue fundamental y cambiar patrones para generar nuevas redes neuronales y redirigirlo a otros placeres, mi cerebro se reconfiguró”, reconoció.

Hoy sigue trabajando en la montaña como lo hacía antes del suceso, ya no es guía como entonces: “Hago actividades muy distintas de las que hacía antes, me dedico a la logística, a armar y hacer estrategias en campamentos”.

Reacciones diversas
La neuróloga especialista en ACV, Silvina Plati, explicó a Los Andes que las consecuencias dependerán de varios factores y que la edad no es tan determinante.

Estos pueden ser en qué zona se produzca, el tamaño de la lesión y qué tan rápido se reciba atención.

Detalló que si se produce en una zona elocuente, una que tiene una determinada función como la del lenguaje, puede quedar afectada, en ese caso con trastorno del lenguaje. Si se tapa la carótida puede afectar todo un hemisferio del cerebro, es decir la mitad, y depende del lado que afecta será lo que resulte perjudicado.

Pueden generarse trastornos en la sensibilidad, hemiplejia, epilepsia secundaria. Si está localizado en la parte frontal puede ocasionar trastornos de conducta, síndrome depresivo, abulia o el sistema motor, detalló la profesional. En la parte posterior (occipital) puede afectar la visión.

Las secuelas también “dependen de la reserva cognitiva: alguien que ha tenido mucha actividad cerebral, con mucha formación, muy estudioso, que ha usado juegos didácticos, tendrá menos consecuencias”, explicó. Además, la recuperación dependerá del estado anímico previo de la persona.

“ACV es igual a discapacidad y genera un gasto importante en salud, por eso existe tanta inversión en campañas de prevención”, advirtió.

El cardiólogo intervencionista, Diego Guzanti explicó que las consecuencias dependerán en gran medida de qué tan rápido se reciba atención. “El tiempo es músculo” que se pierde, se dice ante los accidentes cardíacos y lo mismo cuenta para el cerebro. En este sentido planteó que se da menos importancia a los síntomas de ACV que a un dolor de pecho y es por eso que suelen presentarse demoras en la asistencia.

Los más jóvenes
Las personas más cercanas a los 40 años que presentan consecuencias luego de un ACV tendrán más afectada su calidad de vida en tanto que se encuentran plenamente activos.

Guzanti detalló que “los pacientes más jóvenes con este tipo de eventos suelen tener antecedentes familiares con infarto y ACV a corta edad (40 a 50 años)”.

“Se han modificado las condiciones de vida por lo que hoy una persona de 42 años tiene las arterias más dañadas que una persona de la misma edad de hace unos años”, resaltó la doctora.

Explicó además que en menores de 50 años el abordaje es distinto de los mayores ya que se buscan otras causas distintas de las típicas. En su caso suele aparecer trastornos en la coagulación.

La hipertensión en la mira
Otro dato que pudo cuantificar el abordaje es el impacto de la hipertensión, presente en 9 de cada 10 pacientes. Quedó posicionada como principal factor de riesgo ya que la tenían 88% de los pacientes de la muestra. Pero además demostró cuánto inciden la apnea obstructiva del sueño (51% de los pacientes las tenían) y la dislipidemia, niveles elevados de colesterol (46%).

“A su vez, el 88% de los ACV de General Villegas fueron isquémicos (obstrucción de las arterias) y el resto hemorrágicos (ruptura de vasos)”, dice el informe. El cardiólogo Diego Guzanti contó que se presentan asociados factores modificables (tratables) y no modificables. Entre los primeros: diabetes, hipertensión y tabaquismo. Además, tienen mucho peso los antecedentes familiares.

Primera gran investigación
El Estudio Epidemiológico Poblacional sobre Accidentes Cerebrovasculares (Estepa) fue realizado por el Centro Integral de Neurología Vascular de Fleni, comenzó en 2015 y aspiran a continuarlo durante 6 años para tener mayores detalles.

Se hizo en la ciudad de General Villegas (provincia de Buenos Aires) dado que consideran que la población es representativa de la del resto del país. Entre sus 18.275 habitantes realizaron más de 2.000 encuestas domiciliarias aleatorias para encontrar pacientes con posibles ACV.

“Estepa es un estudio sin precedentes en nuestro país por la cantidad y la calidad de la información que se está recabando. Los datos epidemiológicos son fundamentales para poder llevar adelante acciones de prevención y políticas de salud pública”, subrayó el director del trabajo, el doctor Sebastián F. Ameriso, jefe del Centro Integral de Neurología Vascular.

Del estudio también se pudo obtener el número de muestras que se consiguieron sobre subtipos de ACV, factores de riesgo, medicamentos usados y diagnósticos que se realizan.

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