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Horror en Lanús: el dueño de una clínica golpeó a pacientes jubilados

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Se trata de la Clínica Estrada de Lanús, los dueños golpearon a los ancianos y la respuesta no se hizo esperar.

En el día de ayer estaba pactada una reunión entre afiliados a Medicina Privada y la dirección de la clínica ubicada en Lanús. Los dueños golpearon a varios jubilados y la respuesta no se hizo esperar.
Desde finales del año pasado la situación en la Clínica Estrada no para de empeorar. A los despidos y a los constantes maltratos que sufren sus trabajadores hay que sumarle la otra cara de la historia: la de los afiliados a la prepaga Medicina Privada que forma parte del mismo grupo empresario que está llevando adelante el vaciamiento. Ya quedan poquísimos trabajadores, a los que les pagan de a puchos de mil o dos mil pesos. Los médicos se fueron prácticamente todos, quedan algún que otro camillero, o administrativo o enfermero, todos con la mecha corta. El único paciente internado de la clínica es un viejito de casi 90 años que ningún familiar reclama y que los dueños se niegan a derivar. Como tiene IOMA todos los meses le sacan una tajada. Un plazo fijo de carne y hueso.
Se juntan primero en el hall y levantan sus pancartas. Piden remedios, tratamientos oncológicos, diálisis, piden cosas urgentes. Las dos chicas que están en la recepción les sonríen, les dan aliento. Los afiliados agradecen, saben que la bronca no es con ellas.
Ellos decidieron comenzar a organizarse al ver que por su situación, una mayoría de jubilados y personas con cáncer, pacientes cardíacos o con diabetes, no eran tomados por otras prestadoras por tener “enfermedades preexistentes”. Y en los pocos casos que sí lo hacían exigían cánones impagables de hasta trescientos mil pesos como “depósito”. Una verdadera estafa a la salud de muchas personas que se atendían con esta obra social desde hacía décadas.
En el día de ayer les había llegado la promesa de que serían recibidos por Miriam Solá y Ricardo Bianco, dueños de Medicina Privada y de la Clínica Estrada. Pero al llegar les dijeron que ya se habían retirado, aunque nadie los vio salir. Como cabeza del Grupo Médico Redentor ya han logrado fundir el Policlínico de Lomas que desde el año pasado se encuentra administrado por un síndico judicial. Cuando los prestadores dejaron de recibir a afiliados de Medicina Privada estos nefastos personajes les dijeron a sus pacientes que pagaran sus tratamientos de sus bolsillos, que presentaran los gastos en la mesa de entrada de las oficinas administrativas y que serían devueltos. Les pagaron con cheques sin fondos. La bronca viene de hace rato.
A las piñas los afiliados defienden su dignidad y se abren paso hasta la oficina de los dueños. Es un cuarto iluminado con ventanas a la calle y al pulmón de la clínica y una de sus paredes hay varias decenas de tanques de guerra en miniatura, el hobby infantil de los vaciadores. Siguen los forcejeos, a Ricardo Bianco le entran varias peñas hasta que lo sientan en un sillón. Y sigue.
A Ricardo Bianco no le queda ni el recuerdo de cuando se paseaba fumando por los pasillos de la clínica. Su papá la había fundado y ganado cierto prestigio y en su nombre lo putean los afiliados, lo acusan de patinarse toda la guita en “falopa”, en manchar el honor de su familia, le revuelven la oficina buscando no saben qué, se contienen y se meten fichas al mismo tiempo. Un enjambre de jubilados que se saben con los días contados si esto no termina. Capaz por eso hacen silencio para dejarlo hablar, pero no puede, las palabras no le salen de la boca porque está atragantado por el miedo. O más duro que una mesa. Le gana la impotencia e intenta ahorcar a otro jubilado. Intenta porque le llueven las piñas y desde la puerta de la sala ya se escucha el ruido que hace la policía.
Aparece en escena Miriam Solá, la otra dueña. Viene con tres patrulleros abriéndose paso a todo ritmo de sirenas. Todos son policías de calle, de Lanús Este según ellos mismos, la otra punta del municipio. Cortesía de Grindetti a la patrona cambiemita: son conocidos los vínculos con el poder local de este dúo caído en desgracia. Amigos del poder, alrededor de ellos se tejen los mitos que narran la decadencia de una familia patricia de Lanús que se va a pique por los vicios de los hijos. El que tenga tiempo, que busque entre los comentarios de la pagina de los Despedidos de Clínica Estrada a la propia hermana de Miriam. Ella cuenta cómo al morir su papá su hermana la estafó en la sucesión, quedándose con todo. Le dice multimillonaria, le dice que todo vuelve. Y una viejita de un metro cuarenta, que pide remedios para el marido que se muere, le tira de la ropa y por un momento parece que si.
La policía instala su orden, su lista de oradores ad hoc, mediaciones. Trata de poner orden a un grupo de desesperados que no pueden generar otra cosa que empatía porque son viejos, porque necesitan atención médica y los que están mirándoles la nuca se las niegan. Están casi incómodos. Por eso se apuran en decir que no son de la zona, pero que vayamos todos a la comisaría a hacer la denuncia. Ahí revolotean en el aire media docena de denuncias por abandono de persona, que se esgrimen en la cara de los oficiales. Se destaca una mujer a la que el padre se le murió en la Clínica Estrada porque los dueños no quisieron pagar una ambulancia para trasladarlo. Los oficiales entonces prueban diciendo que hay que hacer más denuncias para que tengan mas peso las denuncias que hicieron antes y los jubilados fruncen el ceño. Está por funcionar la maniobra, casi que le vuelve el color a la piel de Ricardo que jadea desorbitado en el sillón de la oficina, escondido detrás de los oficiales.
Pero otra señora dice que no se iba a ir hasta que al menos le dieran la plata para el remedio del marido, y la multitud secunda. No es una toma de rehenes, pero hay negociación. Tire y afloje, los dueños dicen a todo que si, sabiendo que no lo pueden cumplir. Por eso le hacen escribir a la dueña en un papel que el próximo martes la Clínica Estrada va a volver a atender los reclamos administrativos de los afiliados. No puede prometer más porque médicos ya no tiene. Promete y escribe y el papel se levanta como trofeo de guerra.
Se están yendo de la oficina, mascullando sus lastimaduras cuando una voz da la voz de alto: “¡no puso martes, no puso martes, puso cuando llenen los tubos de oxigeno!”. El enjambre da media vuelta y se mete otra vez en la oficina. Los policías maldicen a la madre mirando para arriba, la cosa da para largo.
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