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Los peligros del nuevo plan económico

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“Es fundamental que la inflación descienda lo más rápido posible, para que el Banco Central pueda comenzar el año próximo a bajar la tasa de interés”, es la frase más escuchada por numerosos economistas y que también refleja la preocupación oficial. Es que el impacto de las elevadas tasas de interés -positivas en 20% o más- sobre la economía real es el mayor interrogante que plantea el nuevo plan económico acordado con el FMI.

Si bien aún es prematuro el cantar victoria, en la Casa Rosada confían en que progresivamente se irá controlando el tipo de cambio. Explican que se contará con los 13.800 millones de dólares que el FMI girará al Tesoro este año y que serán, en buena medida, ofrecidos al mercado en los próximos meses, ya que el Gobierno tiene mayormente obligaciones en pesos.

Los funcionarios, asimismo, evalúan que el dólar no tiene margen para seguir creciendo porque se encuentra en niveles elevados en términos históricos. Los cálculos del Banco Central estiman que el tipo de cambio real multilateral hoy es 45% más elevado que el que recibió el gobierno de Maurio Macri, y que se ubica en un escalón semejante al correspondiente al año 2009, cuando el país tenía superávit en su balanza comercial.

Las metas fiscales también se muestran encaminadas. El déficit primario acumulado a agosto llega a 0,9% del Producto Bruto Interno, la mitad del mismo período de 2017 (1,8%), de donde se podría hasta sobre-cumplir la meta de 2,6% de desequilibrio para el año en curso. Y para el próximo, cuando el déficit deberá ser cero, si bien la tarea es difícil, los ingresos vendrán apuntalados por los derechos sobre las exportaciones y la licuación del gasto derivada de la devaluación – el efecto combinado es de unos 2 puntos del PBI -.

• Tasas por las nubes

En medios de la Casa Rosada se comenta que todo el esfuerzo de la conducción oficial está puesto en lograr que esta vez sí se encamine la economía y, desde esta perspectiva, el presidente Mauricio Macri escucha más de una opinión. Pese a haber declinado el ofrecimiento de ministro de Hacienda semanas atrás, Carlos Melconian sigue siendo un hombre de consulta permanente y tal vez a quien más escucha el primer mandatario.

Seguramente uno de los temas de conversación con el exfuncionario debe ser la dificultad de estimar el daño que las elevadas tasas de interés están ocasionando en la economía real, particularmente entre las pequeñas y medianas empresas.

Un elemento a favor, es que el nivel de mora es bajo, del orden de 2,3% de las financiaciones (el promedio de Latinoamérica es 3,1%); los bancos exhiben un alto ratio de atesoramiento y el descalce de monedas no es un problema. Pero las propias autoridades del Banco Central reconocen que es de prever un aumento en la incobrabilidad.

Difícilmente el Gobierno pueda disponer de una baja en las tasas de interés en lo que resta del año, según coinciden tanto en fuentes oficiales como economistas privados – para asegurar la estabilidad cambiaria -, lo que ya de por sí es un lapso prolongado que seguramente ocasionará más problemas en la cadena de pagos.

“No puede prolongarse mucho tiempo más porque paraliza la actividad”, admiten en voz baja en el entorno presidencial, de donde consideran clave “que la inflación baje a 3% o menos en los próximos meses para que a partir de 2019 el Banco Central pueda comenzar a recortar las tasas”.

Al respecto las consultoras privadas calculan que la inflación de septiembre fue récord. Los pronósticos van desde un piso de 5,5% a un techo de 7%, con subas en el sensible rubro alimentos del orden del 6, 5 al 7%.

Pero el interrogante ahora es cuánto frenará a la inflación el efecto combinado de la recesión y las altas tasas de interés frente a precios que vienen siendo empujados por la devaluación, la inercia de las subas y otros mecanismos.

Suponiendo que se estabiliza el tipo de cambio, una variable decisiva serán los salarios. De acuerdo con un estudio de Ecolatina, si no se abrieran las paritarias, los ingresos de los asalariados formales podrían llegar a caer nada menos que 10% en el año.

Desde el sector privado una de las críticas que se formulan al programa oficial es la falta de coordinación, más allá del programa de “doble cero”, es decir nulos déficit fiscal y crecimiento de la base monetaria. Se considera inconsistente que se aspire a una brusca desaceleración de los precios cuando, por citar sólo un caso, el proyecto de presupuesto de la Ciudad de Buenos Aires contempla una suba promedio del 34% en el impuesto de Alumbrado, Barrido y Limpieza.

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