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El River de Gallardo y el campeonato local: una relación a la que le cuesta prosperar

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La Copa Libertadores o los partidos de “mata o muere” motivan de una manera particular al plantel de Marcelo Gallardo, que comenzó la Superliga con cuatro empates consecutivos. Los factores que inciden en la dualidad y la esperanza del “Millonario”

El golpe de puño que un dirigente de River le dio a una de las puertas del baño del cuarto piso de la cancha de San Lorenzo fue como una síntesis. Una síntesis de la impotencia que siente River en este desangelado comienzo en la Superliga, con cuatro empates consecutivos que hoy lo mantienen lejos del objetivo de conseguir el primer campeonato local en la era Gallardo, prolífica en títulos internacionales y copas nacionales, pero seca en los torneos de largo aliento.

Va de suyo que River todavía está a tiempo de recuperar terreno y meterse en la lucha por el campeonato, pero no deja de sorprender que el equipo sea tan competitivo y tan temible en la Copa Libertadores y que tenga tantas dificultades para sumar de a tres en la Superliga. Por ahora, Gallardo intenta desdramatizar esa dualidad, las dos caras de un equipo que emociona a su gente en las noches coperas, como ocurrió el miércoles en el 3 a 0 ante Racing en el Monumental, y que la desconcierta al no lograr sostener el 1 a 0 parcial y al ceder otros dos puntos con la igualdad frente a un San Lorenzo repleto de juveniles.

Ahora bien, hay motivos para que ello ocurra. Claro que los hay. En primer lugar, el equipo parece motivarse de otro modo para afrontar los choques de la Libertadores o de las series mano a mano. No parece casualidad que el River del Muñeco haya ganado 36 de los 44 duelos de “mata o muere” que afrontó entre torneos internacionales y copas nacionales, y que su porte no sea el mismo en los campeonatos de Liga.

En la Superliga, River intenta imponer condiciones ante sus rivales y tomar siempre la iniciativa, pero no logra trasladar al campo de juego la enjundia, la fiereza deportiva y la concentración que, por caso, mostró al avanzar a los cuartos de final de la Libertadores ante Racing. De algún modo, es un caso de diván.

Así como en la cancha de Huracán se sintió casi siempre incómodo, y frente a Belgrano y Argentinos en el Monumental careció de contundencia y eficacia, en el Nuevo Gasómetro no tuvo resto físico para contener el empuje de San Lorenzo en el segundo tiempo. A no dudarlo: River se metió tan atrás en la etapa final un poco porque San Lorenzo lo arrió contra su campo y otro porque el desgaste físico lo llevó a perder vigor en ese sentido. Se quedó sin piernas para sostener la victoria parcial y lo pagó con otro empate que lo deja en una situación incómoda en la Superliga, a seis puntos de Racing, el nuevo puntero luego de su triunfo frente a Rosario Central.

El hecho de que se quedó sin resto físico reabre un debate. Gallardo realizó un solo cambio en relación con el equipo que le había ganado a Racing por la Libertadores: el regreso de Leonardo Ponzio por Enzo Pérez, quien a los 10 minutos de juego tuvo que entrar por Ignacio Fernández, a quien el lunes le realizarán estudios para constatar si sufrió un desgarro en el isquiotibial de la pierna izquierda. Es difícil separar a la lesión de Nacho del escaso tiempo que tuvo el equipo para recuperarse y a su vez se impone una pregunta: ¿cuán conveniente es repetir la formación titular después de un choque copero tan exigente?

Gallardo explicó que habló con sus jugadores para saber cómo se sentían y que quiso aprovechar el envión anímico del triunfo ante Racing para tratar de conseguir la primera victoria en la Superliga. Con el diario del domingo, la apuesta le salió mal ya no sólo desde el resultado, sino desde la evidencia que sus futbolistas terminaron en desventaja física en relación con los de San Lorenzo, a quienes en el segundo tiempo se los notó mucho más frescos en ese sentido.

Pensar que River subestima al campeonato local sería una temeridad. Gallardo es de esos entrenadores que no les permiten relajarse a sus jugadores en ningún momento. Sin embargo, está claro que la adrenalina que generan los partidos de “pierde, paga” representan para su equipo un estímulo inigualable, un gancho con un poder de seducción mayor al que le ofrece el campeonato local.

Ante San Lorenzo, por caso, River tal vez se refugió en la confianza de saber que se volvió un equipo difícil de quebrar: ostenta un invicto de 25 partidos y le anotaron apenas tres goles en los últimos diecinueve encuentros. No supo advertir que jugar tan cerca de su arco representaba un riesgo grande y San Lorenzo llegó al empate en un córner. Cuando quiso reaccionar para ir por el triunfo, ya era demasiado tarde.

La Superliga ya se le puso cuesta arriba a River, aunque en la intimidad del plantel se entusiasman con una posibilidad que –de concretarse- podría parecerse mucho a un relanzamiento: ganarle a San Martín de San Juan en el Monumental y luego a Boca en la Bombonera para que la esperanza de pelear también la Superliga vuelve a tener un sustento concreto.

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