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Los llamados esclavos modernos en Guatemala

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Guatemala, 30 jul (PL) La prevención es hoy uno de los ejes de trabajo de la Secretaría contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas (Svet) en Guatemala, donde niños, adolescentes y mujeres constituyen las principales víctimas.

Según Claudia Ordoñez, al frente de la Svet, lo más importante es evitar caer en las redes de los traficantes porque el proceso de reinserción y regeneración de vidas que han sido destruidas se hace muchísimo más difícil.

Estadísticas de esa institución gubernamental reflejan que entre enero y abril de este año se rescataron 135 víctimas, 125 de ellos menores de edad. Del total, 121 son mujeres y la mayoría eran explotadas sexualmente. Sin embargo, anualmente superan los 500 casos.

A juicio de analistas, el espejismo del Estado de Derecho, la falta de cumplimiento de las leyes y un sistema patriarcal ubican a Guatemala en una de las más alarmantes posiciones en el mundo con índices de trata de personas.

El artículo 202 del Código Penal tipifica el delito como ‘la captación, transporte, traslado, retención, acogida o recepción de una o más personas con fines de explotación’, sin embargo, estas modalidades muchas veces no son tan fáciles de probar.

Pueden aparecer bajo la oferta de empleos en el extranjero, pero luego resulta una falsa promesa y son parte de redes de explotación sexual o laboral.

Ese tipo de captación se da incluso a través de anuncios en medios de comunicación donde se lee: ‘Se contrata personal con un excelente salario, prestaciones y ambiente laboral, no importa qué grado académico tenga’, alerta Ordoñez en una entrevista publicada por la agencia de noticias guatemalteca.

Otra forma de captación es a través de las tortillerías. Niñas o adolescentes del interior del país vienen a la capital a trabajar en esos puestos, les ofrecen pagarle determinado salario mensual y crearles condiciones de vivienda, lo cual no se cumple.

Después, ya son víctimas de trata de personas en la modalidad de explotación laboral, debido a las condiciones a que son sometidas con jornadas de trabajo exhaustivas.

Pero lo peor es que muchas veces las familias son en cierta medida cómplices, pues cuando esas niñas son rescatadas y se les entrega a los padres pueden incluso no estar de acuerdo, ya que esa situación para ellos es ‘normal’.

Ello sin contar que todavía en muchas partes del país el pago de una deuda o el mejoramiento económico del hogar descansa en el matrimonio forzado de las mujeres, a edades muy tempranas.

De acuerdo con la Svet, las acciones apuntan a informar y conocer en qué consiste el delito y cuáles factores de vulnerabilidad llaman la atención de los tratantes.

Por eso, recomiendan a los padres de familia estar muy atentos, conversar sobre el tema con sus hijos y, ante cualquier indicio, presentar la denuncia.

Aunque los especialistas reconocen que el flagelo afecta más a las personas que viven en extrema pobreza, este no distingue un perfil específico, pues involucra también a jóvenes con formación académica y aspiraciones laborales y de mejor vida en el extranjero.

La ubicación estratégica de Guatemala favorece condiciones para que hombres y mujeres migrantes sucumban en las redes de coyotes a lo largo de los corredores de internación rumbo a Estados Unidos.

Desde 2016, Guatemala se unió a la campaña Corazón Azul de las Naciones Unidas en contra de la trata de personas con el fin de informar y sensibilizar a la población sobre el impacto de este flagelo a nivel de país, pues nadie está exento del peligro.

Las víctimas se denominan esclavos modernos, ya que carecen de derechos y están a merced de sus captores. A nivel mundial, aproximadamente un 30 por ciento son niños y un 70 por ciento representan mujeres y niñas.

Guatemala no es una excepción y preocupa en estos momentos las alarmantes cifras de menores que viajan solos e ilegalmente a México y Estados Unidos, una oportunidad de oro para los propósitos de los traficantes.

Por Maitte Marrero Canda

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