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Narcotráfico y kirchnerismo: El otro lado del relato de Cristina

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Por primera vez en medio siglo no se consigue marihuana de buena calidad en el mercado local, y la buena duplicó el precio histórico por el “efecto Ritondo”.

“La única verdad es la realidad”, dijo Aristóteles y después repitió Perón.

Y la realidad es lo que parecía imposible de cortar hasta hace dos años.  Caían cargamentos de marihuana y la plaza jamás sufría faltantes. Había tanta yerba acumulada y vías de distribución que no se notaban los faltantes decomisados.

Se pescaban cargamentos solo para las estadísticas, después se incineraban otras sustancias y el cannabis volvía a las calles.

Con la cocaína pasaba lo mismo.

Pero hace casi séis meses pasó lo que nunca. El Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, golpeó en los centros de distribución y confiscó toneladas de las plantitas venidas del Paraguay. El ex Presidente Cartes tiene miles de hectáreas donde se plantan y después se distribuyen por doquier.  Desarmadas las estructura de varios “mercados central de las drogas”, la falta de producto hizo que el precio de la marihuana al menudeo casi duplicara su valor en las calles, Jamás en más de 50 años la plaza estuvo seca (con faltante del producto).. y como la ley de la oferta y la demanda también rige en el mercado de productos ilegales (armas y drogas), conseguir “un 25” se tornaba difícil y además, si se conseguía, su precio no era el de antes.

Durante los años del kirchnerismo, hubo un personaje clave para dejar pasar cargamentos enormes del Paraguay a la Argentina. Fue el operador de carrera de la Aduana, Carlos “Gato” Santana, un funcionario oriundo de Misiones que conocía palmo a palmo las fronteras y los pasos más sensibles para que los camiones cruzaran de un país a otro con total libertad.

Hubo varios informes de Gendarmería que señalaban a Santana como una de las piezas claves en el negocio de los grandes cargamentos. Por uno de esos asuntos, la casa de su hijo fue baleada por alguna fuerza de seguridad a la cual los Santana les debían dinero por esos menesteres y creyéndose impúnes no pagaron.

Claro, “el gato” Santana estaba protegido por Oscar Parrilli (el de “soy yo pelotudo, Cristina”), quien hace días fue acusado por el ex jefe de policía de Santa Fe -recien liberado y absuelto después de purgar varios años de cárcel por connivencia con el narcotráfico-, de haberle pedido que no procediera a inculpar a funcionarios oficiales y sus camionetas de transporte en una causa por casi media tonelada incautada por el comisario Hugo Tognoli.

Tognoli salió absuelto y culpó directamente a Parrilli por haberse vengado a raíz de aquel procedimiento.

Ya se sabe que el ex gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri y varios de sus ministros están procesados por narcotráfico. Urribarri iba a ser el segundo de Scioli en las Presidenciales del 2016 hasta que Cristina puso en ese lugar al “Chino” Zannini… ya era mucho un ex gobernador con causas abiertas por narcotráfico que fuera candidato a vicepresidente de la Nación.

Ya contamos hace 5 años las historias de los hermanos Zacarías. Luis era jefe de ceremonial y protocolo de la Presidencia y su hermano autorizaba en el SEDRONAR la venta de precursores químicos para elaboración de cocaína en varios sitios del gran Buenos Aires.

Pero lo más llamativo de estas horas es que Sergio Berni haya salido a desmentir que en la Argentina hubiera “cocinas” donde se convierte la pasta base elaborada en Bolivia en clorhidrato de cocaína.

Dijo Berni en el programa de Mauro Viale que es mentira que haya esas cocinas en la Argentina, y hasta ofreció un dato absurdo… no sabemos si por ignorancia o para salvarle las papas a sus colegas del kirchnerismo involucrados en narcotráfico.

El dato absurdo fue cuando Berni afirmó que se precisan 1000 kilos de hojas de coca para cocinar un kilo de cocaína, por tanto ingresar semejante cantidad de plantas a la Argentina es casi imposible por el volumen que representa.

Totalmente falso. Para elaborar un kilo de cocaína hace falta entre 100 y 125 kilos de hojas de coca, y no una tonelada como dijo Berni. Y además, lo que llega a la Argentina es la pasta base que después se cocina hasta convertirla en cocaína. Y los restos constituyen el mayor veneno que anda en las calles: el temible paco.

Berni es médico, coronel y fue Ministro de Seguridad de Cristina. No puede ser tan analfabeto como para decir semejante barbaridad, de una que le quiere bajar los decibeles a los procesos judiciales por narcotráfico contra funcionarios y gobernadores aliados a Cristina. Pero no se puede esconder el sol con las manos.

Por Jorge D. Boimvaser

@boimvaser

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