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Macri, ante su plan económico final

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COMIENZA A APLICARSE EL 20 DE JUNIO. ES EL FIN DEL GRADUALISMO – Tendrá el dinero suficiente para cubrir las necesidades fiscales y financieras y comenzar a desmantelar la bola de nieve de las Lebac. El cisne negro: el ajuste de $200.000 M que se necesitan en 2019.

Mauricio Macri podrá comenzar a aplicar desde el 20 de junio el plan económico que lo podría llevar, o no, a su reelección presidencial. Ese día el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) le liberará los u$s15.000 millones comprometidos para el primer desembolso del acuerdo por u$s50.000 millones que el organismo separó para las necesidades financieras y fiscales de la Argentina por 36 meses. A este dinero se le deberán sumar unos u$s5.650 millones provenientes del Banco Mundial, el Banco Interamericano de desarrollos (BID) y la CAF, los que se destinarán exclusivamente a sostener proyectos de obra pública hasta diciembre del próximo año.

Ahora Macri puede pensar en un plan económico en serio, basado en la finalización del gradualismo inaugurado en diciembre de 2015, y que consiste en tres capítulos básicos e innegociables.

Con este impactante monto de divisas podrá garantizar que se cubrirá el déficit fiscal primario para todo este ejercicio y el del próximo año (ver pág. 4) y, fundamentalmente, contar con el dinero para cubrir las necesidades financieras restantes en 2018 (unos u$s9.000 millones) y los aproximadamente u$s30.000 millones de 2019. Pero además podrá disponer de las reservas del Banco Central para poder enfrentar el segundo capítulo de la estrategia: comenzar a desmantelar (tal como adelantó este diario) la bola de nieve de las Lebac, la que actualmente acumula unos u$s58.000 millones en vencimientos de cortísimo plazo. Para la idea del Gobierno terminar con este peligro resulta fundamental para poder comenzar reestablecer el crédito productivo en el mercado financiero y que al sistema bancario aporte del crecimiento de la economía real.

El tercer capítulo del plan económico es el otorgamiento a Federico Sturzenegger de todo el poder para enfrentar la inflación, fijando metas trimestrales comenzando a contar desde 2019 (ver nota pag. 2). Será también el responsable de diseñar la política monetaria y de sostener el tipo de cambio flotante con eventuales intervenciones (flotación sucia).

Esta estrategia a tres bandas del macrismo tendrá éxito a partir de tres mediciones concretas: crecimiento de la economía este año (1,5%) y 2019 (más del 2%), baja de la inflación (menos del 20% el próximo año) y baja de la pobreza. Y para que todo esto se cumpla todo parece bien planificado. Este año prácticamente todas las variables pactadas con el FMI están bajo control. El problema, casi el cisne negro del plan, estará planteado cuando el Gobierno envíe en septiembre próximo los números del proyecto de ley del Presupuesto Nacional para 2019, año en que el Gobierno se comprometió ante el FMI a reducir el déficit fiscal primario del 2,7% al 1,3%. Según los cálculos primarios sería un ahorro básico de unos 200.000 millones de pesos. Parte del dinero se podrá conseguir con un déficit aún menor para este año, el que quizá llegue al 2,5%. Parte de una mejora aún mayor de la recaudación impositiva mensual, que supera en 10 puntos lo pactado para este año. Aún así quedarán, en el mejor de los casos, unos 150.000 millones de pesos de necesidad de ahorro para discutir con la oposición en el Congreso y los gobernadores. Será el momento en que el macrismo más deberá sacar a relucir su por ahora sinuosa capacidad de negociación política.

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