Inicio Economía Bonistas y fondos apoyan, pero ¿qué opinarán los minoristas?

Bonistas y fondos apoyan, pero ¿qué opinarán los minoristas?

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• ES CLAVE QUE CON LA SEÑAL DEL FMI SE FRENE EL DRENAJE DE RESERVAS Y SE RECUPERE LA CONFIANZA
Varios interrogantes se abren ahora al buscar el paraguas del Fondo. Las recetas son conocidas. ¿Cambiarán el equipo? ¿Negociarán pacto político? ¿Cómo lo tomarán los depositantes locales?

El Gobierno decidió finalmente usar la bala de plata. Ahora, después de quemar las naves recurriendo al FMI, todo en materia de política económica y financiera entra en el terreno de lo posible e imaginable. Mientras, la faz política correrá por otro carril. Lo cierto es que el equipo económico busca poner cortafuegos ante la avanzada del incendio cambiario. El objetivo es proteger las reservas y fortalecer el stock actual mediante una línea contingente con el FMI. Al respecto cabe plantear el interrogante clave: ¿cuánto y contra qué? El cuánto dependerá de la línea de financiamiento a la que podrá acceder el país aunque el monto en realidad está vinculado a la cuota de Argentina con el FMI que hoy es de 3.187 DEG que equivalen aproximadamente a unos u$s4.500 millones. De ahí surge el monto máximo al cual se puede acceder, dependiendo del programa, de 3 a 6 veces la cuota. En el caso argentino sería menor a u$s30.000 millones. Pero más allá del monto, lo relevantes es preguntarse ¿a cambio de qué? Aquí no deberían haber sorpresas, el menú del Fondo es archiconocido. Lo que deben internalizar los negociadores argentinos es que enfrente tendrán a un sabuezo del Fondo, el italiano Roberto Caldarelli. Lo más parecido a Los Intocables. O sea, que más allá de las simpatías esbozadas por la jefa del FMI, Christine Lagarde, a la hora de acordar el programa no habrá concesiones. Es lógico que para el Fondo no es grato tener que estar a esta altura del año “abriendo una carpeta de solicitud de crédito” al país que ostenta la presidencia del G-20 y que será anfitrión a fin de año del mayor cónclave mundial. Pero la intensidad de la corrida no dio margen y el gobierno de Macri pareció no tener más remedio que ir a golpear la ventanilla de la tía Christine.

Se inician unas semanas de intensas negociaciones. Pero para el Gobierno esta señal debería ser suficiente para que los mercados, y en particular los grandes inversores en todas sus gamas (fondos, institucionales, bonistas, hedge funds, etc.) confíen y frenen la liquidación de las tenencias de activos argentinos. Al parecer, la lectura, fundamentalmente en el exterior, fue la de una decisión correcta en línea con lo que había que hacer. Resta saber cómo se comportarán los inversores locales minoristas, con acabada experiencia en corridas, corralitos y otras debacles financieras. Si esto es suficiente como para que la corrida de los grandes se frene e inyecte una dosis de confianza entre los minoristas, se habrá ganado tiempo para construir los cortafuegos. De lo contrario, se asistirá a un traspaso de posiciones entre los locales.

Entonces, bajo el objetivo prioritario de no perder reservas, el BCRA será el rol protagónico de ahora en más. En realidad es quién parecería fortalecerse bajo un programa del Fondo ya que el organismo no solo exigirá mantener un régimen de tipo de cambio flexible, lo que implica que se irá a niveles de un dólar que elimine el retraso cambiario e incluso dejen un colchón de depreciación. Además como el FMI comulga con el esquema de metas de inflación y no le disgustan las Lebac, la estrategia de la cúpula del Central se verá fortalecida. O sea, en buen romance seguirán las altas tasas de interés. Es posible que en vista de la situación fiscal y social, haga la vista gorda en demorar un poco la reducción del déficit fiscal pero lo que no será negociable es el tipo de cambio libre y flexible. Pero el abc del programa del Fondo no escapará de ajuste fiscal con política monetaria dura, en pos de bajar la tasa de inflación. Veremos después el plafón socio político que habrá para sostenerlo.

Ahora bien, lo principal es frenar la corrida y defender las reservas. Pero en el medio la vida continúa, como que la próxima semana vence un pago al Club de París de unos u$s2.000 millones. Según estimaciones privadas los depósitos en dólares del Tesoro en el BCRA no superan los u$s1.000 millones. De modo que, descartando el escenario de una prórroga o renegociación, o bien la diferencia la pone el Central con sus reservas, lo que mucha gracia no le causará a Federico Sturzenegger, o bien el ministro Caputo deberá buscar financiamiento en el mercado local. Será un primer test.

El gobierno de Cambiemos, que en realidad logró tardar más de dos años en cambiar, ya que el promedio desde el retorno de la democracia muestra que tras el primer año las administraciones en el poder se vieron obligadas a lanzar planes y cambiar de equipos como le pasó a Ricardo Alfonsín con su amigo Bernardo Grinspun o a Carlos Menem con Erman González, decide ahora un giro pero mantiene al dream team.

Para algunos el hecho de recurrir solo al Fondo no garantiza nada. Lo que se necesita es inyectar una fuerte dosis de confianza y credibilidad en la gente. ¿Será con estos interlocutores? El tiempo lo dirá. El Macri de CABA no se mostró afecto a cambiar equipos. Pero la Nación es otro partido. Un Mundial. Y para atravesar ahora este Rubicon cambiario se verá si la legión elegida es la adecuada. Lejos quedó la oportunidad pérdida tras el contundente triunfo electoral del oficialismo en las legislativas de 2017 y el lanzamiento del reformismo permanente. Ahora se plantean nuevas dudas sobre la factibilidad de que las reformas que exigirá el Fondo logren atravesar la madeja de intereses del Congreso con miras a la pelea electoral del próximo año. Basta con mencionar una reforma previsional en serio, o el tema de las provincias. Sin duda se apresuró el gobierno en sumergir al país y a la economía en su conjunto en el sueño anticipado de la triple corona, al lanzar el objetivo de la reelección de Macri, Vidal y Rodriguez Larreta, más de 20 meses antes. Como señala el analista Rosendo Fraga, “se trata de la campaña electoral más extensa de la historia argentina”. Sin duda era lo que menos precisaba el país bajo la transición del gradualismo. Pero ya está. Ahora a remangarse.

A diferencia de la convertibilidad el sistema financiero está más sólido y menos apalancado en dólares. Pero a la hora de la desconfianza mejor ir armando un dique de contención. Lo que está claro que se va a un tipo de cambio más alto. En este contexto el stock de Lebac se vuelve más que relevante. Algunos hablan de un plan 30/30, por los u$s30.000 millones que pondría el Fondo (que en realidad serían menos) y 30 de tipo de cambio para equilibrar. El debate se centra aquí en diseñar un canje de las Lebac o licuarlas vía tipo de cambio. Magia no hay.

POR JORGE G. HERRERA.-

Ambito.com

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