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Las internas del PJ y la ofensiva de Moyano: ¿de qué habla el peronismo cuando habla de unidad?

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El kirchnerismo y algunos otros dirigentes promovieron una módica foto de confluencia partidaria. Y los gobernadores volvieron a mostrarse distantes de ese ensayo. A esas miradas diferentes, se suma la tensión generada por las disputas entre los jefes sindicales

La palabra “unidad” en boca de diversos sectores peronistas puede prestarse a equívocos. Algunos, el kirchnerismo y allegados, la consideran parte inicial de un proceso que al final debería colocar a la ex presidente como referencia central del armado opositor. Otros, en especial los jefes provinciales, la imaginan como expresión de un peronismo renovado y competitivo frente al Gobierno. En definitiva, la línea de tensión confronta presupuestos diferentes en la perspectiva de 2019. Y el punto es si la unidad representa alguna forma de neokirchnerismo o plantea de hecho el poskirchnerismo en el PJ.

La semana que termina dejó la imagen de un trabajado aunque módico intento unitario. Y las presencias, ausencias y reacciones expresaron sin necesidad de palabras dónde está parado cada uno: optimismo y celebración en las cercanías de Cristina Kirchner, incomodidad en el massista Frente Renovador, indiferencia y distancia en buena parte de los gobernadores del PJ.

La cita referida tuvo desarrollo el jueves luego de variadas y en algunos casos intensas gestiones para darle volumen a la foto. El encuentro buscó tener un marco de elaboración de políticas y se desarrolló en un ámbito del sindicato de encargados de edificios, que encabeza el porteño Víctor Santa María. No se vieron por allí, como se había dejado trascender, gobernadores de peso, en especial el sanjuanino Sergio Uñac, uno de los ganadores de octubre y de imagen renovadora. Tampoco, como contracara, el formoseño Gildo Insfrán.

Bajo el rótulo de “Encuentro por la Unidad”, el escenario exhibió a Agustín Rossi y Daniel Filmus, por el kirchnerismo; Felipe Solá y Daniel Arroyo, del Frente Renovador pero sin certificado de representantes oficiales de Sergio Massa, y Fernando “Chino” Navarro, dirigente del Movimiento Evita, y Alberto Fernández, ex jefe de Gabinete, los dos últimamente vinculados a Florencio Randazzo. En la platea se sentaron algunos intendentes del GBA y el titular del PJ bonaerense, Gustavo Menéndez, que auspicia también una convergencia interna por ahora de límites imprecisos.

Fuentes del circuito de los jefes provinciales evaluaron que ese escenario remitía a “segundas líneas” y que además resultaba limitado a expresiones con base porteña y en el mejor de los casos o parcialmente bonaerense. Es en buena medida cierto, pero el cortinado de fondo es más amplio. Dicho linealmente, expresa la contradicción entre el kirchnerismo-alineado detrás de una figura fuerte, pero que expresa una fracción y luce desgastada- y el conjunto de los gobernadores peronistas, poderoso en términos territoriales, decisivo en el Congreso, pero sin liderazgo único.

Con palabras prudentes, Miguel Angel Pichetto salió a tomar distancia de aquel encuentro. Sostuvo que es positivo trabajar por la unidad, pero repitió que ese camino no puede conducir al pasado, es decir, hacia un rearmado en torno de Fernández de Kirchner. No fue sólo una reacción individual, según destacan las mismas fuentes.

El jefe del bloque de senadores peronistas es el principal articulador de los gobernadores en el Congreso: hoy pesa más esa condición que sus cuentas personales con la ex presidente. Massa también siente como un inconveniente para la recomposición peronista el juego impulsado por el círculo más cercano a Fernández de Kirchner. Y otros que emprendieron el camino de la diferenciación, como Diego Bossio, incluso prefieren hablar de “regeneración” peronista antes que de un más vago planteo de unidad.

El rol de los gobernadores

Los gobernadores tienen otras prioridades y no transitan sólo por las expresiones o demostraciones públicas. A la relación con el gobierno nacional y sus propias necesidades al frente de administraciones provinciales, añaden el objetivo –vinculado directamente a ese cuadro de gestión- de consolidar o reconstruir, según el caso, el poder local. Tanto, que entre las muy prematuras hipótesis para el 2019 circulan cálculos sobre la conveniencia de no atar las elecciones provinciales al calendario nacional de comicios.

Ese contexto más amplio explica en parte la cautela al menos pública de muchos gobernadores. Su posición frente a la protesta convocada para el miércoles 21 por Hugo Moyano constituye una señal. También, el grado verbal de oposición. En definitiva, como dice un legislador que acompaña el movimiento de los jefes provinciales, el punto no sería armar un frente opositor –anudado exclusivamente alrededor de un discurso duro- sino perfilar una alternativa creíble de gobierno. También en ese punto, Fernández de Kirchner asoma como una piedra en el camino. Piensan eso y siguen sosteniendo que la ex presidente es “funcional” a la estrategia oficialista.

La renovada disputa en el frente sindical es un elemento perturbador que se sumó este verano a ese cuadro. La fórmula de compromiso que había dado origen al triunvirato de la CGT resultó en su momento un elemento de distensión. Los bloques del PJ, con aval de los jefes provinciales, mantuvieron diálogo con esa conducción cegetista. Las leyes de reforma laboral, por ejemplo, quedaron sujetas a ese vínculo. Después, el conflicto doméstico de la CGT provocó primero la demora del proyecto y finalmente la decisión oficial de desarmarlo.

Parece clara en estos días la incomodidad que genera la división provocada por el giro de Moyano, con un horizonte judicial comprometido, y la dureza de Luis Barrionuevo como asociado en esa ofensiva. Salvo alguna crítica del salteño Juan Manuel Urtubey, la reacción de los gobernadores ha pasado por eludir el tema, lo cual en sí mismo no es un dato menor. Nadie descarta alguna frase de ocasión, pero por ahora domina la cautela.

El kirchnerismo, en cambio, salió a respaldar la convocatoria. Y trabaja en la práctica: lo hacen jefes gremiales e intendentes del GBA alineados con la ex presidente. Con excepciones. También tomó distancia Víctor Santa María, inquieto por la marcha del PJ, por su propia situación frente a algunas denuncias y por el cuadro de fractura sindical: cree que la concentración convocada por Moyano no contribuye a la unidad y, en cambio, agudiza las fisuras de la CGT.

Nadie duda de la fuerte demostración que lograría Moyano en las calles. El frente armado de hecho para esta ocasión exhibe capacidad y estructuras de movilización: además de los propios camioneros, las dos CTA y los principales movimientos sociales. El punto es qué sigue, cómo sigue. Y si lo que viene es una escalada, seguramente tendrá impacto hacia el interior del PJ. También en este terreno, se verá de qué habla el peronismo cuando habla de unidad.

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