Inicio Tapa Amores perros: La enfermiza relación del “Caballo” Suárez y Cristina Fernández.

Amores perros: La enfermiza relación del “Caballo” Suárez y Cristina Fernández.

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“Nos sirvió para el último gramo… el cristal de su foto de bodas… no faltó ni el desfile de modas… en ropa interior. (Joaquín Sabina – “Peor para el sol”).

 

Joaquín Sabina contó una vez que conoció mujeres a las que le encantaba ver en vivo y en directo a un tipo que inhalaba cocaína delante de ellas, como en las películas. Ellas no consumían, dijo el cantante, sólo se deleitaban viéndolo a él pegarse esos saques estilo Al Pacino en Scarface.

Antes de entrar en tema, un recuerdo que viví personalmente antes que saltara públicamente el tema de los medicamentos adulterados.

Allá por mediados de la década pasada, fui el único invitado fuera de la familia  al cumpleaños de quien era el Secretario General de la Asociación Bancaria, Juan José Zanola. Fue en Parque Leloir, en la casa del cuñado del sindicalista con quien yo hice algunos trabajos de redacción de escritos.

A los postres, Zanola levantó la copa de champang y con una sonrisa dijo una frase maradoniana: “Setenta años… brindo por la prisión domiciliaria”.

Nadie entendía, salvo él y su mujer Paula Aballay, el sentido de la frase. Ya se estaba investigando la fabricación de remedios truchos y el Policlínico Bancario estaba metido hasta las manos con ese negocio maldito.

En un aparte le pregunté a Zanola si a esa edad y teniendo una fortuna que amasó en tres décadas al frente del gremio, necesitaba hacer el ritmo de vida que hacía estando en su despacho desde las 7 de la mañana hasta casi las 10 de la noche… si ni era hora de dejarle el trono a un sucesor. La respuesta fue casi en estas palabras: “Si yo dejo el sindicato, es como si te vendiera un departamento y cuando vos te hacés cargo encontrás varios muertos en el placard. No te queda otra que llamar a la policía y que se haga cargo de los cuerpos. Si yo dejo la bancaria mi sucesor tendría que hacer lo mismo”.

Para estar tantas horas del día en su sillón de oro (una silla eléctrica en definitiva), los sindicalistas vitalicios se la pasan tomando cocaína para vencer el cansancio, y bebidas alcohólicas para bajar los efectos de la droga. Es un círculo vicioso. A Zanola no se le dio lo de la prisión domiciliaria porque Oyarbide lo dejó un par de años en prisión por temor a que obstruyera la investigación. Dicho sea de paso, nunca se terminó de investigar el cruel negocio de los remedios truchos pues había funcionarios y aportantes de la campaña kirchnerista metidos en el fondo de la cuestión. Y hasta la hormiguita Ocaña había hecho la vista gorda al tema desde el Ministerio de Salúd nombrada por el propio Néstor Kirchner. Después hizo algún amague de denuncia pero Ocaña fue cómplice por negligencia de un delito que nunca se supo la cantidad de muertos que provocó. Obvio, si pacientes de enfermedades terminales tomaban placebos en lugar de medicinas auténticas, es imposible cuantificar la cantidad de fallecidos.

El ejemplo de Zanola es el mismo que el de Omar Suárez. Vivía dentro del sindicato rodeado de matones por miedo a que otro sindicalista le usurpara el trono. Era un tipo ultraviolento (cosa que no fue el caso de Zanola) y sus guardaespaldas estaban reclutados en los más bajos fondos de la violencia delictiva. Ex parapoliciales de esos que un ministro de Alfonsín llamó “la mano de obra desocupada”. Esos tipos que asesinaban a jóvenes de la JP  de Dante Gullo en los 70, pasaron a trabajar para un gobierno que reivindicó a los Montoneros y la JP setentista. Es de locos, pero así lo dice la historia.

Cristina Fernández se embelezó con Suárez, quizás por eso que contaba Joaquín Sabina sobre las mujeres que les encanta ver a hombres que inhalan cocaína delante de ellas, igualito a las películas.

El entonces “Señor 8” de la SIDE, Paco Larcher, fue el primero que contó una historia de misterio. Néstor y Cristina estaban separados desde tiempo antes del 2003, pero hacían la ficción de ser pareja por una cuestión de protocolo. Igual que Alfonsín, separado y de novio con su secretaria Margarita Ronco, los Kirchner asumían la hipocrecía de un divorcio no declarado. Por eso dijimos una vez que Miriam Quiroga no fue la amante de Néstor sino su pareja, y la misma Quiroga reconoció que fue así.

Lo que contó Larcher en su momento en charlas no tan privadas, es aquel episodio nunca aclarado de cuando la custodia Presidencial dijo haber visto a un hombre saliendo a las corridas de la residencia de Olivos. Salió en los diarios unos días y nunca se volvió a tocar el asunto.

Imposible entrar y salir de Olivos como si fuera tu casa. Pero la cosa fue que ese personaje había ingresado junto a Cristina, ya Presidente, sabiendo que Néstor no regresaría esa noche a Olivos.

Pero cuando el ex Presidente cambió de planes y avisó que estaba en camino, el compañero de Cristina fue obligado a una huída imprevista. Los custodios presidenciales sabían que saldría una persona caminando y  recibieron la orden de dejarlo pasar.

Ese hombre era Omar Suárez, según dijo Larcher en su momento. Varias veces tuvieron que sacar al “Caballo” de recepciones protocolares a las cuáles Cristina se obstinaba en invitar aunque sabiendo que se ponía en un estado lamentable, producto de sus vicios incontrolables. Drogado, borracho y violento, no era fácil sacarlo de los lugares protocolares.

El excelente film Amores Perros se estrenó en el año 2000 y tuve un gran éxito a nivel mundial.  Cristina y el Caballo la protagonizaron en la insólita comedia dramática de la década ganada.

Por Jorge D. Boimvaser

@boimvaser

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