Inicio Salud y Belleza Palabras que curan: cómo usarlas para cambiar

Palabras que curan: cómo usarlas para cambiar

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Una palabra a tiempo puede ser un bálsamo o un nuevo camino por hacer. Las palabras que nos dicen y las que nos decimos cambian nuestras emociones y nuestro cerebro.

Las palabras nos influyen en el plano emocional pero también en el físico: Los últimos hallazgos científicos demuestran que el lenguaje es capaz de modificar nuestro cerebro para sanar el pasado y poder afrontar la vida con una actitud nueva y mejor.

El poder de las palabras

Leí hace un tiempo, ya no recuerdo dónde, que en ciertas tribus africanas creen que si el chamán señala a alguien con un hueso humano y pronuncia con voz estridente una oscura palabra, puede provocarle la muerte.

Lo más interesante es que esta especie de sortilegio es selectivo. Cuando quien sufre el ataque del chamán es un miembro de la propia tribu, éste se desvanece en el acto y puede, en efecto, morir. En cambio, si la víctima es alguien extraño a la cultura de la tribu, no sufre daño alguno.

¡Aunque no debe de ser muy agradable que te apunten con un fémur mientras te gritan algo en tono amenazador! En definitiva, el hechizo no tiene efecto si no crees en él. Estos nativos tienen esta creencia porque la han aprendido de otros que lo creían así y, por eso, interpretan la situación a la luz de “lo que saben”.

Cuando ven al chamán apuntarles con el hueso, piensan: “¡Voy a morir!”. Una sola frase desencadena toda una serie de respuestas biológicas que pueden resultar muy perjudiciales. Una prueba más del poder de las palabras sobre el ser humano.

Algo similar, aunque en menor escala, les sucede a quienes sufren ataques de pánico. En general, estos ataques comienzan cuando la persona percibe “algo inusual” en su cuerpo (una palpitación o una leve agitación), y como se encuentra previamente ansiosa o angustiada por otras razones o porque algo en su historia se lo ha enseñado así, interpreta lo percibido como una amenaza y se dice: “Algo anda mal en mí”.

Esta idea aumenta la ansiedad, lo que conduce a más palpitaciones o mayor agitación y así refuerza la primera interpretación: “Sí, algo anda muy mal… voy a tener un infarto… me quedaré sin aire… me volveré loco…”.

Así, el ciclo se retroalimenta hasta que comprueba que la consecuencia temida no se produce y se va calmando gradualmente.

A diferencia de lo que ocurría en el ejemplo de las tribus africanas, en el ataque de pánico es imposible que la ansiedad produzca consecuencias que vayan más allá de las sensaciones en extremo desagradables del momento.

http://www.mentesana.es

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