Inicio Tapa El país de los desaparecidos “buenos” y los desaparecidos “malos” (opinión)

El país de los desaparecidos “buenos” y los desaparecidos “malos” (opinión)

Compartir

El país está pasando por un momento extremadamente angustiante mientras espera noticias de los 44 marinos perdidos en altamar. Sin embargo, ya es parte de la idiosincrasia argentina que, ante estos casos dramáticos, los juicios de valor de la opinión pública condicionen el debate.

La desaparición de los 44 tripulantes del ARA San Juan volvió a sacar lo peor de nosotros como sociedad. En medio de un gran despliegue internacional, se multiplicaban comentarios sobre el rol de la Armada Argentina durante la dictadura militar de 1976, denostaciones hacia la elección de la carrera militar y comparaciones con Santiago Maldonado.

Los bandos son relativamente parejos: en nuestro país hay muertos y desaparecidos que “lo merecen” y otros que no. Parece que hemos olvidado que es parte de la más básica humanidad el valorar la vida y la integridad de todos nuestros conciudadanos, sin antes ponernos a evaluar si era “un hippie, roñoso y marihuano”; un “milico fascista o de derecha”; o “un fiscal corrupto al que le gustaba la joda”, entre otros.

Cada vez que a nuestro país le toca afrontar un momento de este tipo siempre hay una mitad que sufre y busca, y otra mitad que juzga a la víctima. A veces les toca a unos hacer de jueces, y otras al segundo grupo, todo depende del protagonista de la tragedia: pueden ser Santiagos Maldonados, Julios López, tripulantes de submarinos, Albertos Nisman, la única constante es que siempre habrá detractores.

Los comentarios peyorativos contra los jóvenes perdidos en el mar realmente generan alarma ¿Tan lejos vamos a llegar con esta división político-social? Claro que hay que buscarlos, porque el Estado es tan responsable por la seguridad de los marinos como por la de Santiago Maldonado. Y después hay que seguir preguntando qué pasó, sin buscar rédito político, porque los problemas estructurales del país datan de varias décadas atrás (y a quien le quepa el sayo, que se lo ponga).

¿Había que salir a exigir la aparición con vida del joven artesano? ¿Hay que seguir pidiendo justicia? Por supuesto que sí, porque en un Estado de derecho una persona no puede desaparecer durante una manifestación, no importa si reclama tierras mapuches o la autorización para comprar dólares. Y si el individuo está alterando el orden público se lo puede detener y eventualmente juzgar, pero no es admisible que aparezca flotando en el río tres meses después.

También es cierto que como sociedad nos tenemos que preguntar por qué hay un grupo mapuche radicalizado que va quemando cosas por la Patagonia y le prohíbe a la Justicia el ingreso a ciertas tierras. ¿A quién le cabe la responsabilidad por resolver esa cuestión? ¿Quién tomó la decisión política de dejar llegar al asunto a tal magnitud?

Podemos preguntarnos y opinar muchas cosas, pero demonizar a la víctima no ayuda a resolver nada. Lo mismo se aplica a todos los casos, a María Cash, a Julio López, al fiscal Nisman, y ahora con los marinos. Tampoco suma el generar peleas y cruces con los familiares que, en un estado de angustia y emoción violenta, expresan sus más profundos sentimientos. A ellos no les cabe la imparcialidad, pero la sociedad no tiene justificativos de ese tipo.

Atacarlos porque eligieron tal o cual profesión es inhumano; los crímenes de la dictadura fueron juzgados y pagaron sus culpas los culpables. Ahora hay que buscarlos, y después hay que preguntarse qué pasó, qué responsabilidad hay que otorgarle al Estado y al mando de la Armada Argentina. Del mismo modo hay que seguir preguntándose qué pasó con Santiago, dónde está Julio López, o quién mató al fiscal Nisman, porque no hay desaparecidos o muertos “buenos y malos”, hay injusticias, negligencias, crímenes, y como sociedad no deberíamos permitir ninguno.

*Por D.P.

Print Friendly, PDF & Email
Compartir

Comments