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Pidió una pierna en Facebook y causó revuelo en todo el país: “Cuando creí que estaba mejor, tuvieron que amputarme”

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María Emilia Correa tuvo cáncer mientras iba a la primaria y, a los 13 años, le amputaron una pierna. Su meta es conseguir una prótesis electrónica que cuesta casi $2 millones.

María Emilia Correa nació durante la mañana del 12 de marzo de 1991. Cuatro horas después del parto y a causa de una hemorragia incontrolable, su mamá murió. María Emilia se crió con su papá y fue a él a quien le dijo, cuando ya estaba por terminar la primaria, que sentía un dolor intenso en la pierna derecha. El dolor terminó siendo un tumor de 16 centímetros abrazado al fémur de una niña que recién había cumplido 11 años.

“Me acuerdo patente, era verano. Estaba corriendo con mi hermana y frené porque me empezó a doler la pierna. Era un dolor muy raro, como si me hubiera golpeado. Mi papá también creyó que me había golpeado así que durante un tiempo me puso un átomo desinflamante mentolado y me dio ibuprofeno”, cuenta ella a Infobae desde San Juan, donde nació y donde aún vive.

Pero una tarde -4 o 5 meses después de la primera molestia-, María Emilia (26) se golpeó en la pierna y su padre la vio gritar de dolor. Era un viernes de una noche de invierno y fueron a hacerle una radiografía. Apenas vieron el resultado, la mandaron de urgencia al Hospital Garrahan.

De día trabaja en la administración pública de San Juan. De tarde, vende budines en la terminal.

María Emilia se puso contenta cuando le dijeron que iban a viajar a Buenos Aires. “Estaba feliz, yo quería conocer el Parque de la Costa. No entendía lo que pasaba pero recuerdo la cara de mi papá. Estaba nervioso, hablaba todo el tiempo por teléfono”. Una semana después de haber llegado, le hicieron una biopsia que confirmó lo que a su papá ya le habían advertido: su hija tenía cáncer infantil.

Había que empezar con el tratamiento rápidamente. Dos sesiones de quimioterapia, una cirugía para extraer el tumor, otras cuatro sesiones de quimioterapia. “No teníamos plata así que yo me volví a San Juan sola en avión y mi papá volvió en micro”. Y fue ahí que comenzó la primera de una serie de batallas contra las obras sociales.

La indicación médica era precisa: como en la cirugía iban a sacarle el tramo de hueso en el que estaba el tumor, necesitaban colocarle un tutor y 8 clavos. “Yo tenía que mover el tutor un milímetro por día para que se forme hueso sano. El médico decía que tenían que ser unos clavos importados porque yo era muy chica y, si no eran esos, la pierna me iba a quedar mal. La obra social nunca los reconoció así que en el colegio hicieron una colecta y mi papá vendió lo que tenía hasta que pudimos alquilar unos”.

Cuando se postuló para ser reina de belleza. “Quería que dejaran de verme como a un bicho raro”.

La operaron, terminó con la quimioterapia, el pelo empezó a crecer. Pero tres meses después, y cuando ya había logrado volver al colegio, la pierna volvió a doler como antes.“Volvimos al hospital y me hicieron una punción. Tenía metástasis en la pierna. Me la tenían que cortar”. María Emilia recuerda que su papá fingió tranquilidad y le dijo: ‘no te preocupes hija, ahora hacen piernas espectaculares’.

Como no quería verlo sufrir, le dijo que no le importaba, que ella estaba bien: tenía la rodilla del tamaño de una pelota de fútbol y, si con la pierna se iba también el dolor, estaba dispuesta a aceptarlo. Como su hermana estaba por festejar su cumpleaños de 15, el médico les dijo que volvieran a San Juan, festejaran y regresaran luego para hacer la amputación. María Emilia ya no podía caminar, así que fue al cumpleaños en silla de ruedas.

Le amputaron la pierna en marzo, el mismo mes en que cumplió 13 años. “Cuando me desperté me daba miedo mirarme”, recuerda. María Emilia volvió a San Juan sin su pierna derecha y con muletas. “Creí que ya estaba, que más que eso no podía pasar”, dice. Un mes después, volvieron a llevarla al hospital para hacerle una tomografía en los pulmones: el cáncer, otra vez, había llegado.

Eran 10 nódulos entre los dos pulmones. La indicación era hacerle una cirugía para extraerlos y otras seis sesiones de quimioterapia. “Yo ahí hubiera salido corriendo, no quería más nada”, cuenta ahora. Fue duro volver a levantarse de la cama y tratar de caminar: todavía no tenía equilibrio sin su pierna y los drenajes de los pulmones chocaban con las muletas.

Comenzó a estudiar cocina y quedó embarazada. Terminó después, cuando la nena ya había nacido.

Como la obra social no le cubrió la pierna ortopédica, su padre le compró la prótesis que empezó a usar a los 14 años. Lo que siguió fue un largo camino de rehabilitación en Buenos Aires, en Mendoza y en San Juan. María Emilia volvió al colegio, rindió libre todas las materias que había perdido, terminó el secundario y empezó a estudiar para ser cocinera profesional.

“Estaba de novia y quedé embarazada en el primer año”, cuenta ahora, mientras se oye de fondo la voz de Maitena, su hija. Como María Emilia no tenía trabajo, empezó a cocinar budines -una de las primeras recetas que había aprendido- para venderlos en la terminal. “Me iba muy bien, me paraba con las muletas y vendía 60 budines por día. Yo no quería que me compraran de lástima o que me dieran plata. Quería que les gustaran así me seguían comprando”.

Vendió budines hasta los 7 meses de gestación. Pero cuando la beba cumplió 10 meses, María Emilia se separó, el padre de la nena “fue desapareciendo de a poco” y ella se convirtió en madre soltera. Enseguida volvió a vender budines, un trabajo ambulante que aún conserva: su papá la esperaba con la nena fuera de la terminal, Emilia bajaba a vender, volvían.

Fue en la terminal que se cruzó con el entonces gobernador José Luis Gioja, le contó su historia y le dijo que no quería una pensión por discapacidad sino un trabajo. Por eso, desde hace dos años trabaja en la administración pública de día y vende budines de tarde.

“Pero desde que nació mi hija la pierna ortopédica me empezó a molestar. Empecé a tener muchos dolores en el nervio ciático, torticolis, calambres en los manos y en los pies. En las noches me acuesto y parece que me han pegado con un palo todo el día. Así son todos los días de mi vida. Mi hija me llama para jugar y yo le digo ‘Maite ya voy’ pero a veces no me puedo levantar, me muero de dolor. Si ella se me escapa a la calle yo no la puedo correr”, cuenta.

El médico le habló de una nueva prótesis llamada Genium X3-la mejor que existe en el mercado- que le permitiría subir y bajar escaleras, caminar en terrenos inestables, reducir el esfuerzo que necesita para trasladarse y prevenir futuros daños en la postura. Hace dos años inició el pedido en la obra social que siempre había tenido: “Me dijeron que no me ilusionara, que nunca habían dado algo así”. María Emilia terminó abandonando el pedido.

Este año, los dolores se volvieron insoportables. Así que, con nueva cobertura -por ser empleada estatal está afiliada a la Obra Social Provincia- volvió a iniciar el pedido y decidió armar un perfil en Facebook llamado “Una pierna para María Emilia” y hacer pública su historia. Una conocida, además, hizo una petición en Change.org. , escribió. La página superó los 50.000 seguidores en días.

María Emilia es madre soltera. En la foto está  junto a Maitena, su hija, que hoy tiene 5 años.

Fuentes del gobierno de San Juan consultadas por Infobae explicaron el por qué de la negativa. “La afiliada presentó una solicitud por una prótesis electrónica cuyo valor asciende a 1.625.000 pesos. La obra social Provincia tiene entre 15 y 20 personas que sufren amputaciones por año y, como es una obra social solidaria, debe garantizar las mismas oportunidades para todos”. Sin embargo -continuaron- como se trata de una paciente oncológica, convocaron al médico que le prescribió la prótesis, que es uno de los médicos que, hace 13 años, participó de la amputación.

“El médico confesó haberse sensibilizado con el caso” y dijo que creyó que María Emilia “merece una prótesis de este tipo” por las dificultades que pasó en su vida. Pero luego reconoció “que pueden existir otro tipo de insumos que le ofrezcan una buena capacidad funcional”, dice el acta. Los otros médicos que participaron de la reunión coincidieron y el lunes le ofrecieron otra prótesis, que cuesta 400.000 pesos.

“Lloré todo el día- dice ella ahora-. No hay ninguna posibilidad de que yo pueda pagar la prótesis que me cambiaría la vida. Yo les pido que se pongan en mi lugar. Estoy así desde los 11 años, vivo preocupada porque no sé cuánto tiempo más voy a aguantar los dolores, no sé cuánto tiempo más va a aguantar mi columna. Y ahora estoy mucho más preocupada: tengo 26 años, mi cuerpo me está abandonando y mi hija sólo me tiene a mí”.

http://www.diarioveloz.com

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