Bailarina argentina Ludmila Pagliero, ganadora del “Oscar” de la danza, destacó sus comienzos en Chile

“Si no me hubiesen propuesto ese contrato en Chile cuando tenía 16 años habría dejado la danza y no habría hecho todo lo que hice hasta ahora. Habría tenido una vida completamente diferente porque estaba a punto de dejar todo acá, no veía posibilidades ni camino, veía una pared”, señaló Pagliero en la entrevista con el diario trasandino La Nación.

La bailarina argentina Ludmila Pagliero (Buenos Aires, 1983), que este año ganó el “Oscar” de la danza junto a Marcia Haydeé, la directora del Ballet de Santiago, recordó sus comienzos en Chile, con apenas 16 años, en una entrevista que publicó este viernes el diario argentino La Nación.

Pagliero es oriunda de Buenos Aires y se formó inicialmente en el Teatro Colón de la capital trasandina con importantes personajes de la escena argentina como Rina Valverde y Olga Ferri. Sin embargo, no pudo integrarse formalmente a dicha entidad porque en aquella época no ofrecía cupos para nuevos bailarines.

En 1999, Ricardo Bustamante, quien había trabajado en el Colón, asumió la dirección del ballet del Teatro Municipal de Santiago en Chile, y le propuso un contrato de un año en el cuerpo de baile del Teatro Municipal. Dos años más tarde y con sólo 17 años, fue promovida a solista e interpretó roles como el de la “Princesa Aurora” en la Bella Durmiente del Bosque. Finalmente, en 2003, emigró a Estados Unidos y luego a Francia, donde reside actualmente.

“Si no me hubiesen propuesto ese contrato en Chile cuando tenía 16 años habría dejado la danza y no habría hecho todo lo que hice hasta ahora. Habría tenido una vida completamente diferente porque estaba a punto de dejar todo acá, no veía posibilidades ni camino, veía una pared”, señaló Pagliero en la entrevista con La Nación.

La artista regresará la próxima semana al escenario chileno, para dar una presentación en el Teatro del Lago ubicado en Frutillar. La actividad será el próximo sábado 5 de agosto.

“Es la rueda que gira, porque desde entonces no había vuelto. Me genera una emoción especial esta gira que pasa por las mismas rutas que tomé hace muchos años y que conozco muy bien y me reencuentra con lugares, amigos, gente que conozco. Es la posibilidad de cerrar el círculo y también de sanar situaciones, porque me fui muy rápido, casi sin tiempo de despedirme. Vuelvo ahora a recorrer el camino de otra forma”, explica a La Nación.

La pasión en un bailarín

“Un buen bailarín es uno con mucha pasión, una pasión que lo lleva a entregarse en la búsqueda de mejorar y descubrir cosas nuevas siempre, incluso en obras que ya bailó cincuenta veces y que sigue haciéndolas con la energía y las ganas de la primera vez”, señaló al ser consultada por La Nación. “Se necesita pasión como en la vida. Eso me gusta ver, no una estética ni una técnica”.

Para referirse a los mejores utiliza como ejemplo a Ulyana Lopatkina del Mariinsky de San Petersburgo. “Entra el escenario y con su forma de moverse te lleva a un mundo desconocido, al suyo. Tiene mística. Es impresionante. Lo que más recuerdo en El lago de los cisnes es su mirada, más que sus brazos y sus piernas. El mejor bailarín es ese que no sabes de dónde salió, o si es un extraterrestre, porque no puede ser que viva aquí”, dijo.

En 2009, el trabajo que ejecutó en la obra “Other Dances” de Jerome Robbins, le valió posteriormente en ser la primera bailarina no europea en recibir el título de étoile, como una de las pocas bailarinas en ser admitida en el ballet de la Opera Nacional de París sin haber sido formada en la escuela de danza francesa.

Hoy se encuentra en la cima de París y con una década antes del retiro, posee total claridad de lo le gustaría hacer. “De a poco voy pidiendo o conversando con la dirección sobre la gente con la que me gustaría trabajar y las obras que quisiera bailar. Obviamente están los grandes ballets, pero siento ganas de experimentar, de ser parte de creaciones nuevas y de descubrir coreógrafos actuales”, dijo a La Nación.

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