¿Por qué el fracaso de Theresa May podría convertir al Brexit en una pesadilla para Europa?

El derrumbe de ayer de la libra frente al euro y al dólar, así como la subida generalizada de las Bolsas de Europa, han expresado la decepción y los temores del mercado británico por el resultado electoral y, de otro lado, un cierto optimismo del establishment continental sobre las posibilidades de una modificación de la dura posición isleña en la negociación del Brexit.

El fracaso de la apuesta electoral de la primer ministro británica, Theresa May, no sólo ha abierto una crisis política en Gran Bretaña sino que ha creado un nuevo clima respecto al futuro del Brexit, más concretamente a cuál será la orientación del próximo gobierno de Londres en las negociaciones con la Unión Europea (UE).

El derrumbe de ayer de la libra frente al euro y al dólar, así como la subida generalizada de las Bolsas de Europa, han expresado la decepción y los temores del mercado británico por el resultado electoral y, de otro lado, un cierto optimismo del establishment continental sobre las posibilidades de una modificación de la dura posición isleña en la negociación del Brexit.

Esta última conclusión descansa sobre una premisa irrebatible. May hizo propia las posturas ferozmente anti-europeas del ultraderechista UKIP, adalid del Brexit, que vio sus votos birlados por los conservadores que se presentaron como la garantía de llevar la salida de la UE de manera rápida e inflexible.

Habiendo fracasado de manera estrepitosa al convocar unas elecciones que buscaban reforzar su gobierno con una mayoría absoluta, May aparece ahora como una líder débil y sin apoyos, y esa es la razón por la que los líderes y los empresarios de la UE creen vislumbrar mayor flexibilidad por parte del nuevo gobierno que forme la jefa del conservadurismo en alianza con la derecha unionista de Irlanda del Norte.

La caída de la libra frente al dólar, hasta un 2,5%, y también ante el euro expresa un clima de incertidumbre política y económica después de una elección sin mayorías parlamentarias claras, cuando faltan pocos días para que se inicien formalmente las negociación del Brexit.

El fortalecimiento relativo del partido Laborista liderado por Jeremy Corbin, que ha crecido casi un 10% en votos y 30 escaños más que en el anterior Parlamento, es aún más impactante si se tiene en cuenta que el porcentaje de los dos partidos mayoritarios rondan el 40% cuando apenas un mes atrás el Labour estaba 25 puntos por detrás de los conservadores.

No obstante, el inicio de las negociaciones del Brexit se presentan muy complejas, particularmente vistas desde el lado europeo, pues aunque es evidente que May no podrá sostener posiciones intransigentes sobre los plazos y mecanismos de la salida regulados por el Artículo 50 de la Constitución de la UE, también es claro que su debilidad puede transformar en una pesadilla los términos de las conversaciones.

Por primera vez desde el referéndum que dio luz verde al Brexit, los analistas han comenzado a barajar la posibilidad de que Gran Bretaña puede apelar a un recurso impensable 24 horas atrás: la prórroga de la salida de la Unión, algo que sólo puede ser discutido si lo pide Londres.

Sin embargo, un período de crisis política aguda en el Reino Unido también podría derivar en la inversa, esto es, que el nuevo gobierno decida dar el arriesgado paso de salir directamente de la Unión Europea, rompiendo así el marco de negociaciones y abriendo una desestabilización europea e internacional de los mercados y de la economía mundial.

En este sentido, no se debe olvidar ni por un instante que por el papel de la City londinense en el entramado financiero europeo e internacional, un Brexit unilateral sería un terremoto sin antecedentes para los mercados y el comercio internacional.

De esta manera, Gran Bretaña quedaría quedaría fuera no sólo de la UE sino también de las normas que regulan el mercado común entre naciones europeas, creando un cuadro caótico para millones de ciudadanos británicos que viven en esos países y de miles de empresas británicas establecidas fuera del Reino Unido o con fuertes lazos comerciales con los hasta ahora socios de Londres.

El enfado de los líderes europeos con May es enorme, ya que la acusan de haber convertido la búsqueda de estabilidad y de apoyo a su posición en las negociaciones en todo lo contrario, es decir, en un verdadero caso político en Gran Bretaña que puede, a su turno, afectar al conjunto de Europa.

No por casualidad, dentro y fuera del Reino Unido se han comenzado a elevar voces pidiendo la dimisión de la ministra fracasada, con la idea de generar un nuevo liderazgo británico que pueda traer calma y previsibilidad al Viejo Continente.

En cualquier caso, la crisis abierta no podrá ser resuelta en el corto plazo y la generación de una alternativa diferente sólo será posible después de un fracaso estrepitoso de un nuevo gobierno May, lo cual llevaría casi necesariamente a nuevas elecciones generales en un marco de agudización de la inestabilidad política y económica.

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