Ojalá pudieras mirarte a través de mis ojos

Ojalá pudieras verte a través de mis ojos. Ojalá mirases el mundo a través de la inocencia que la infancia nos regala. Cuando la magia que suele existir en los sueños impregnaba cada instante de nuestro día a día y la naturalidad en nuestro comportamiento guiaba nuestra vida.

Cuando no importaba lo políticamente correcto, sino que era la sinceridad era lo único que conocíamos. Porque éramos espontáneos y no teníamos censura. Porque todo era tan simple que con un beso y una disculpa podían solucionarse hasta los problemas más complicados del universo.

Y en nuestros dibujos se representaban todas las posibilidades del mundo, un mundo donde las rosas podían ser verdes y los perros rosas. Porque en nuestra imaginación no había límites, porque en nuestra vida todo era posible.

“El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”
-Pablo Neruda-

Al crecer perdemos la magia

Al crecer perdemos la magia y nos miramos con ojos críticos a nosotros mismos. Nos convertimos en nuestro mayor villano, haciendo que nada sea lo suficientemente bueno o diciéndonos que nada de lo que hacemos lo hacemos realmente bien.

Perdemos en muchos momentos la capacidad de disfrutar de las cosas simples de la vida. Perdemos miles de oportunidades para aprender de cada error como hacíamos cuando éramos niños. Ya no hay ilusión por las cosas nuevas que puedan presentarse ante nuestros ojos, sino que preferimos la calma que nos traen las costumbres ya asentadas.

¿Cuándo fue la última vez que miraste un charco y viste un océano de posibilidades? ¿Cuándo fue la última vez que miraste un muñeco y pensaste en una aventura grandiosa? Esa fue la última vez en la que disfrutaste de tu niñez.

Solemos disfrutar de la monotonía de la vida sin pararnos a pensar en los pequeños detalles de nuestro día a día. Ya nos resulta más difícil ilusionarnos ante la vida puesto que dejamos de apreciar las buenas intenciones, los sentimientos más reales, para valorar las cosas materiales.

Y cuando tenemos un hijo, en lugar de aprender y volver a descubrir el mundo a su lado, nos aterra la idea de equivocarnos. Ya no somos espontáneos. Pretendemos la perfección como si eso fuera el mejor regalo, cuando nuestros hijos prefieren que nos equivoquemos pero que pasemos tiempo a su lado.

Los ojos de los niños ven la magia porque son los únicos que saben con total certeza que si la buscas, la encuentras.

Niño jugando que es un marinero

Los ojos de los niños nos enseñan realmente cómo somos

¿Y si supiéramos realmente cómo nos ven nuestros hijos? ¿Y si pudiéramos mirarnos a través de sus ojos? ¿Nos sorprenderíamos? La verdad es que los errores con los que solemos torturarnos cuando estamos criando a nuestros hijos son más un producto de nuestros miedos que una realidad.

La verdad es que el mundo en el que viven nuestros hijos es un lugar completamente distinto al que nosotros experimentamos. Recuerda que los niños están hechos de sueños y sus ojos creen en la magia. Los niños son dulces y aprecian cada momento que pasan contigo, lo demás, para ellos carece de importancia. No te dejes dominar por tus miedos en la crianza y comparte con ellos la magia de las pequeñas cosas.

Quizás te resulte complicado intentar ponerte en el lugar de tus hijos y saber lo que están pensando de ti. No te preocupes, en el siguiente vídeo tenemos la oportunidad de conocer los miedos de algunos padres y lo que sus hijos piensan realmente de ellos.¡Las respuestas te sorprenderán!

 

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