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Lautaro Perotti y Gerardo Otero son un escritor y un asesino en “Tebas Land”, inspirada en el mito de Edipo

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Lautaro Perotti y Gerardo Otero estrenan “Tebas Land”, del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, con dirección de Corina Fiorillo: un encuentro entre un dramaturgo, un parricida preso y un actor, quienes emprenden un recorrido por el deseo y sus sombras, inspirado en el mito de Edipo.

Una cancha de básquet, casi una jaula situada en una prisión oficia de poderoso marco para los encuentros entre un joven que mató a su padre y un escritor, ávido por llevar a escena la historia del crimen, pero estas citas siempre vigiladas los alejarán de la reconstrucción del delito para conducirlos por una travesía capaz de modificar sus vidas, con el lenguaje como recurso transformador.

Los dos protagonistas son también directores de otras puestas en la sala de Boedo, y aportan su bagaje a la obra que hoy se estrena y coincide con la presentación del libro homónimo (Ediciones DocumentA/Escénicas) y la presencia de Blanco en el país.

Perotti dirige la inquietante “Cronología de las bestias” y en “Tebas Land” encarna a un intelectual capaz de dejarse atravesar gradualmente por una realidad devastadora; mientras que Otero, director de “La restauración”, despliega un doble rol: preso y actor encargado de interpretar a ese recluso.

La obra se aleja de la dimensión ética del parricidio para concentrarse en las posibilidades estéticas de su representación y en los vericuetos cotidianos de la tragedia.

Télam: La pieza tiene cierta complejidad y un trabajo precioso sobre el lenguaje ¿Cómo abordan estas cuestiones?
Lautaro Perotti: Primero, encaramos la construcción de la temporalidad, las acciones y desde ahí proponemos armar el devenir de la trama junto con el público. Aunque no es una historia lineal, resulta accesible. El proceso de ensayos fue extenso, arrancó el año pasado, con intervalos, una característica que nos benefició porque en cada período algo decantaba, casi como sucede con los diferentes niveles de lectura del material.
Gerardo Otero: El proceso de armado del relato fue arduo, pero el itinerario se vuelve amable, un mérito de la escritura de Blanco y la puesta de Fiorillo. Hay muchas referencias: Edipo, Freud, Dostoviesky, Passolini, y operan de manera tal que quien sabe tocar esas cuerdas dispone de datos “especiales” durante el recorrido, pero la persona que las desconoce, igual comprende. Es un texto que hace dialogar cierto nivel de complejidad con la simpleza de los hechos.

T: Al leer el texto, los cuerpos de los personajes tienen mucha fuerza.
GO: No son criaturas sentaditas que te cuentan sus experiencias, se trata de dos personas en estado de alerta permanente, inmersos en una relación bien física, quedamos de cama luego de cada pasada.
LP: Nos pasó el domingo, cuando terminamos el ensayo con público. Luego de la excitación y las devoluciones de la gente nos íbamos apagando mientras cenábamos. “Tebas” tienen un componente bien físico y existen al mismo tiempo muchas cuestiones técnicas que debemos controlar.

T: De todos modos, “Tebas Land” habla de cuestiones inherentes a la tragedia humana…
LP: Claro, pero no la limita a la captación intelectual. Se arriesga al ejercicio de empatizar, algo poco frecuente. En estas pasadas que hicimos con público, alguien me dijo: ‘Si esto es un parricidio, entonces puedo llegar a cometerlo”. Por ahí suena exagerado pero la obra logra que te pongas en la piel del otro, no para justificarlo, sino para comprender las motivaciones de su conducta.
GO: Va ganando consistencia a medida que el vínculo entre el escritor, el preso y el actor se va desplegando, revela lo más lindo del teatro: la posibilidad de ponerse en el lugar del otro desde el cuerpo, no sólo a partir de la mente. Quizás por eso aparece el humor y está genial, porque existe un elemento divertido en el cruce de culturas.

T: ¿La comprensión de un universo completamente distinto del propio le proporciona actualidad a la historia?
LP: El tema de las circunstancias de vida de los personajes posee gran vigencia, la obra te desafía, obliga a pensar cuál es el arco de posibilidades reales de acción que tienen las personas a diario, correrte de la opción fácil de juzgar con más dureza a un joven parricida que a un intelectual…

T: ¿Los tentó alguna vez la posibilidad de acercarse a una cárcel como preparación para la obra?
LP: Al principio planteé: tenemos que ir a una cárcel, precisamos conocer ese ambiente. Lo dije desde la liviandad del desconocimiento. Averiguamos a través de familiares y de personas que acceden para dar talleres de teatro, pero ya el ingreso al establecimiento implica controles espantosos, encierra un grado de violencia y hostilidad… pero la barrera de acceso más importante está establecida por los presos, porque no son animalitos de zoológico. Para acceder al ingreso a un establecimiento, como mínimo, se debe ofrecer una actividad sostenida durante cierto tiempo y estar dispuesto a responsabilizarte por lo que genera tu taller. La obra habla de esto. Mi personaje arranca casi como un observador ávido de nutrirse de situaciones, pero luego él se irá involucrando y dejándose atravesar por el riesgo.
GO: Existe otro asunto complejo: las personas que aparecen en estos espacios lo hacen solo por determinado período. Si tomás el ejemplo de un taller de teatro en la cárcel, quizás pueda mantenerse por múltiples factores y así los presos viven todo el tiempo despidiéndose y siendo abandonados. Por eso se exige un compromiso de permanencia de la actividad. De no cumplirlo se construye una necesidad y sobreviene un desamparo, el vacío.
“Tebas Land” puede verse los viernes a las 20.45 y los domingos a las 19.15 en Timbre 4 (México 3554, CABA).

http://www.telam.com.ar

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