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Crisis de pánico

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En este trastorno la información es la mejor prevención. Conocer qué es el pánico, cómo se puede controlar y, de esta manera, perderle el miedo, es el primer y principal paso para superar una crisis de ansiedad.

Crisis de pánico

La ansiedad es una emoción natural que permite que llevemos a cabo una conducta de afrontamiento eficaz ante las situaciones que valoramos como peligrosas. Cuando la ansiedad excede en frecuencia, intensidad o duración deja de ser adaptativa para convertirse en un problema. Esto es lo que ocurre con las crisis de pánico, también denominadas crisis de ansiedad o crisis de angustia, donde la persona experimenta elevados niveles de ansiedad tan intensos que le llegan incluso a aterran.

Actualmente y según las últimas clasificaciones al respecto de este trastorno se define como crisis o ataque de pánico a episodios de miedo intenso de inicio más o menos brusco, espontáneo, y que puede variar entre unos minutos y hasta una hora de duración. Su expresión clínica viene definida por un buen número de síntomas somáticos como la taquicardia o el dolor de pecho.

El trastorno de ansiedad suele conllevar múltiples episodios de pánico a lo largo de un período largo de tiempo y un miedo a las recurrencias de estos y a sus consecuencias. En muchas ocasiones va ligado a otras enfermedades del tipo estrés postraumático, trastornos hipocondriacos o cuadros depresivos. Históricamente la agorafobia fue incluido en este grupo de enfermedades, pero en los últimos consensos se la clasifica de manera separada a este proceso.

Al igual que la mayoría de los problemas emocionales, las crisis de pánico afectan en mayor medida a las mujeres que a los hombres y constituyen del 3-8% de las consultas en Atención Primaria (Katon W, 2006). Su prevalencia general se estima en torno a un 3-4% de la población entre los 15 y los 55 años. A partir de esta edad, su prevalencia disminuye notablemente siendo su pico en torno a la tercera década de la vida.

En este trastorno, más que en ningún otro, la información es la mejor prevención. Conocer qué es el pánico, cómo se puede controlar y, de esta manera, perderle el miedo, es el primer y principal paso para superar el problema.

Causas de las crisis de pánico

Factores de riesgo de las crisis de pánico

No podemos hablar de un solo factor de riesgo para el padecimiento de las crisis de pánico. El principal de ellos tiene que ver con una sobrecarga de los niveles de ansiedad que sufre el paciente lo que se asocia con el incremento de un neurotransmisor denominado adrenalina. En multitud de estudios se ha postulado que existiría una alteración probablemente genética en estructuras cerebrales como la amígdala y el hipocampo que ante estímulos internos o externos desencadenarían la crisis. La crisis, por tanto, se basa en la interacción de varias de las siguientes causas:

  • Un elevado rasgo de ansiedad: las personas que tienden a interpretar un mayor número de situaciones como peligrosas o amenazantes tienen una mayor probabilidad de sufrir estos episodios.
  • Un error a la hora de interpretar las señales que le llegan de su propio cuerpo: hay personas que son muy sensibles e interpretan de manera muy alarmista determinadas señales biológicas como el ritmo cardiaco o la frecuencia respiratoria. Cuando sienten un cambio en alguno de ellos lo interpretan como amenazante desarrollando el círculo del pánico a partir de una activación del Sistema Nervioso Autónomo Simpático.
  • Factores genéticos: existe una incidencia ocho veces mayor que la población general en aquellos pacientes cuyos familiares de primer grado presentan este problema.
  • El consumo de sustancias que pueden alterar nuestro sistema nervioso: altas dosis de cafeína, consumo de estimulantes, etcétera. También el síndrome de abstinencia de algunas sustancias (alcohol, tabaco…) puede dar lugar a estos episodios.
  • Padecimiento de algunas enfermedades: hipertiroidismo e hipotiroidismo, arritmias y otras.

Síntomas de una crisis de pánico

Síntomas de una crisis de pánico

Las crisis de pánico son episodios que, en un primer momento, son inesperados y no se asocian a ninguna situación concreta. En ellos aparece de forma temporal y aislada miedo o malestar intenso acompañado de cuatro o más de los siguientes síntomas, que se inician de forma brusca y alcanzan su máxima expresión en los diez primeros minutos (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DMS-IV-TR, 2002)):

  • Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblores o sacudidas.
  • Sensación de ahogo o falta de aliento.
  • Sensación de atragantarse.
  • Opresión o malestar torácico.
  • Náuseas o molestias abdominales.
  • Inestabilidad, mareo o desmayo.
  • Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
  • Miedo a perder el control o volverse loco.
  • Miedo a morir.
  • Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).
  • Escalofríos o sofocaciones.

La vivencia de una crisis de pánico es un hecho altamente desagradable. Por ello, a muchos pacientes les aterra el hecho de que la crisis vuelva a aparecer afirmando que sufren “miedo al miedo”. Esta circunstancia define al trastorno de ansiedad.

Todos estos síntomas, la mayoría de carácter somático, no deben obedecer a otras enfermedades, por tanto, deben quedar excluidas patologías cardiacas que justifiquen el dolor torácico y las palpitaciones, procesos digestivos que provoquen náuseas y vómitos, etcétera.

Diagnóstico de una crisis de pánico

Diagnóstico de una crisis de pánico

Algunas personas experimentan crisis de pánico de forma frecuente presentando miedo o inquietud ante la posible repetición de la misma o por las consecuencias que las crisis pudieran tener para la salud. Cuando esto es así, y no es debido a ninguna enfermedad médica o consumo de sustancias, se considera que la persona ha desarrollado un trastorno de angustia.

Este problema de ansiedad produce cambios significativos en la vida del paciente. El principal de todos, tiene que ver con el hecho de que la persona evita o soporta con un alto nivel de malestar situaciones donde si aparece la crisis de pánico resulta difícil o embarazoso escapar o bien puede no disponer de ayuda.

Este hecho ocurre en la gran mayoría de los pacientes con trastorno de pánico. Cuando esto ocurre, se considera que además del diagnóstico anterior la persona ha desarrollado agorafobia. Entre las situaciones típicamente agorafóbicas se encuentran estar solo fuera de casa, viajar en metro/tren/avión, ir a lugares donde hay mucha gente (por ejemplo centros comerciales, conciertos, restaurantes) o alejarse de zonas de seguridad (ir a la montaña donde puede no haber un hospital cerca, etcétera).

De manera práctica se tiende a evaluar este trastorno en base a una escala conocida por la Escala de severidad del trastorno de pánico, que contempla 7 puntos tales como la frecuencia de los ataques, la intensidad de estos, ansiedad anticipatoria, etcétera, asignándoles una puntuación. Asimismo, se deben cumplir 4 o más criterios (DSM IV) de los descritos en el apartado anterior. Y como se expuso anteriormente, deben quedar excluidas otras enfermedades somáticas que puedan provocar los mismos síntomas.

Tratamiento de una crisis de pánico

Tratamiento de una crisis de ansiedad

Debido al riesgo de complicación con agorafobia, y la consiguiente limitación de la vida cotidiana del paciente, es aconsejable que reciba tratamiento psicológico para las crisis de pánico antes de que el trastorno limite su vida. Los tratamientos psicológicos más eficaces y breves para las crisis de pánico son los que siguen un enfoque cognitivo-conductual. Estos tratamientos, aplicados por psicólogos especialistas en problemas de ansiedad, se basan en enseñar al paciente diferentes estrategias para ayudarle a controlar las crisis de pánico, reducirlas hasta que desaparezcan y enseñarle a afrontar situaciones temidas.

En algunos casos, el tratamiento psicológico debe combinarse con tratamiento farmacológico, que debe ser indicado por un psiquiatra. Los fármacos habitualmente usados para tratar las crisis de pánico son algunos tipos de antidepresivos (frecuentemente ISRS) y benzodiacepinas. Siempre deben hacerse bajo prescripción médica y siguiendo las indicaciones de este especialista.

Los ataques de pánico requieren atención urgente en centros de salud, asistencia médica a domicilio o visitas a urgencias por cuanto sus síntomas pueden confundirse con otras patologías. En esta situación, las benzodiacepinas son la opción más eficaz.

La terapia combinada (terapia cognitivo-conductual más tratamiento farmacológico, preferiblemente paroxetina) representa la mejor fórmula de tratamiento actualmente. Los expertos recomiendan tratamientos de sesiones de aproximadamente una hora durante 10 a 20 semanas.

¿Qué hago si me da una crisis de pánico?

Seguir una vida tranquila y sin grandes dosis de estrés es la mejor forma de prevenir las crisis de pánico. A pesar de que una persona tenga factores de riesgo genéticos, estos pueden amortiguarse siguiendo un estilo de vida adecuado sin consumo de sustancias estimulantes.

Si aún así comienzas a experimentar una crisis de pánico es muy importante que no “dejes cundir el pánico” y comiences a respirar de forma lenta y abdominal. Si controlas tu respiración y al mismo tiempo te dices a ti mismo “estos síntomas son debidos a la ansiedad y pasarán en unos minutos” la crisis no irá a más.

Puedes ayudarte también respirando con una bolsa; suelta el aire dentro de la misma y a su vez inspira ese mismo aire. De esta forma reducirás la hiperventilación que en muchos casos es la sensación más angustiosa de las crisis de pánico.

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