“Al padre Juan lo mataron las mafias” del diario del Vaticano

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“Al padre Juan lo mataron las mafias”

Francisco sigue de cerca la investigación por la muerte del padre Juan Viroche, que ámbitos judiciales quieren presentar como un suicidio pero que sus familiares y feligreses consideran un homicidio. En exclusivo detalles de los informes del caso enviados al Papa

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Creemos con certeza que al padre Viroche lo mató la mafia que él denunció y por la cual fue amenazado”. Lo afirman los curas villeros de Argentina. De eso mismo están convencidos los fieles católicos junto a buena parte del pueblo donde el sacerdote Juan Viroche realizaba su misión pastoral y donde fue encontrado ahorcado dos semanas atrás. Las primeras investigaciones apuntaban a un suicidio, pero existen numerosos indicios que contradicen esa versión. Elementos que ya están en poder del Papa gracias a informes confidenciales.

El cuerpo sin vida del sacerdote fue hallado el 5 de octubre colgando del coro de dos metros 40 centímetros de altura dentro del mismo templo que él pastoreaba, la Parroquia Nuestra Señora del Valle en la localidad tucumana de La Florida, en el norte argentino. El fiscal de la causa, Diego López Ávila, desde el principio se inclinó por el suicidio y eso provocó la indignación del pueblo, que llegó a increparlo con vehemencia en público.




A esa misma hipótesis se sumó el arzobispo local, Alfredo Horacio Zecca, quien pocas horas después del hallazgo del cuerpo pidió en una carta pública que la “triste situación” no dé lugar a “juicios apresurados” o a intentos de “utilizar políticamente hechos dolorosos”. Más tarde, envió una carta al fiscal para agradecerle por haber “demostrado el suicidio” y prohibió a todos los sacerdotes, catequistas y maestros católicos de la arquidiócesis cualquier participación en las marchas espontáneas organizadas a nivel local para pedir justicia.

Pero rápidamente comenzaron a surgir otras pistas. Primero salió a la luz un mensaje de audio de pocos días antes de la muerte donde el sacerdote confiaba a un amigo las constantes amenazas de las que era objeto y aseguraba haber pedido a su obispo el cambio de parroquia. De hecho, el traslado ya estaba aprobado y Viroche se había entrevistado con su sucesor ya que el domingo siguiente a su muerte celebraría la última misa y se despediría de su templo. Es decir tenía planes futuros ya previstos.

Según sus familiares y feligreses tampoco mostraba actitudes depresivas, más bien externaba preocupación por las amenazas. En su parroquia, él mismo había escrito algunas elocuentes pintadas dirigidas a los jóvenes: “La vida es bella”, “Dios tiene un sueño para vos”, “Honrar la vida” y “No a las drogas”. Frases que, para su entorno, expresaban un ánimo muy lejano del de un suicida.

Los curas villeros de Buenos Aires, con el padre “Pepe” Di Paola a la cabeza, tradujeron ese sentir popular en una declaración pública. Aseguraron que “las mafias” en Argentina se organizan desde la lógica del “pasarla bien”, pero esconden delitos como la trata de personas y el narcotráfico. “Las mueve el deseo de acumular dinero, sin importarles que esté salpicado de sangre inocente. Sin importarles el dejar hipotecadas vidas de niños y niñas, adolescentes y jóvenes”, denunciaron.

Y agregaron: “La mafia es como una mancha de aceite que lo invade todo, no hay institución a la que no pueda alcanzar. Y le seduce todo lo que de alguna manera detente poder. Por consiguiente no confundamos la mafia del narcotráfico con dos pibes jóvenes que usan visera. La mafia busca complicidades a través de la corrupción. La corrupción es proselitista, crece, contagia, se justifica y llega un tiempo en el que se terminan sacrificando al dios dinero las convicciones de toda una vida, amistades, la propia familia”.

Todos los antecedentes del caso se encuentran ya en manos del Papa gracias a varios informes que incluyen una lista de inconsistencias en la investigación. Entre otras cosas, los textos reflejan que Viroche había encontrado su residencia violada al menos en cuatro ocasiones durante los últimos meses. Ingresos de tenor intimidatorio, ya que los intrusos revolvieron todo pero no se llevaron nada más que una corona de la Virgen, dejando dinero que estaba a la vista.

Aunque el sacerdote había acudido a la policía a denunciar los hechos, jamás pudo hacerlo porque siempre lo recibían con excusas como la falta de personal o, incluso, la escasez de papel. Algo similar había ocurrido con otros delitos como la liberación de la zona en La Florida a favor del narcotráfico, una red de trata de niñas y la explotación de trabajadores.

Esto último es público, ya que en junio pasado y ante el hartazgo por la inoperancia policial el cura se presentó con un grupo de vecinos en la Legislatura de la Provincia de Tucumán y ante la Comisión de Derechos Humanos denunció todos esos atropellos además de la corrupción, sugiriendo a la prensa que detrás de todo aquello se escondía el poder político local.

Desde entonces su vida se convirtió en un infierno. Hasta él mismo reconoció sentirse un poco “paranoico” a causa de las amenazas y, a través de internet, comenzaron a circular versiones infamantes en su contra, acusaciones de supuestamente tener amantes y haber dejado embarazadas a varias de ellas.

Este es el principal argumento de aquellos que sostienen la tesis del suicidio, pero el informe al Papa indica otras informaciones. Menciona que los policías responsables se “olvidaron” de filmar la escena del crimen y la autopsia, como establece el protocolo. Además se impidió la participación en la autopsia de la hermana y la sobrina de Viroche bajo excusa del “pudor”.

Además, aunque el fiscal lo había negado, existieron señales de pelea en la parroquia, con una vitrina de vidrios destruidos y un Cristo de gran tamaño roto en pedazos. Debajo de los vidrios se encontraron los anteojos permanentes del sacerdote, detalle propio de un enfrentamiento. Para la policía habría sido él mismo quien rompió el vidrio de un puñetazo, por estar “decepcionado con la Iglesia”.

En las últimas horas y de manera extraña se habilitó la parroquia para que pueda volver a su actividad normal, pese a ser clave en el proceso como escena del crimen. Al mismo tiempo, la familia y los feligreses de La Florida no están dispuestos a aceptar la hipótesis del suicidio y seguirán marchando para pedir justicia. Justo para este viernes convocaron a una nueva manifestación que, se prevé, será tan numerosa como las anteriores.

El prevalecer de este reclamo pone en entredicho a Zecca, de 67 años, como lo constató el diario argentino “Ámbito Financiero” (17.10.2016) en un artículo que barajó la posibilidad de una jubilación anticipada del pastor tucumano como consecuencia del asesinato. El artículo fue específico: “La relación de Zecca con el Vaticano por el caso Viroche no tiene retorno. El arzobispo ofició una reservada misa para despedir al cura y reunió a la curia local en la sacristía para bajar línea. Algunos de los religiosos plantearon que la arquidiócesis debería haberse presentado como querellante para investigar lo ocurrido. Zecca no sólo rechazó esa posibilidad sino que prohibió a los curas sumarse a marchas populares para reclamar que se esclarezca la muerte”. Hasta ahora nadie desmintió esa nota, ni en Tucumán ni en la conferencia episcopal.

 

FOTOS DE LA MUERTE DEL CURA EN TUCUMAN- ADVERTIMOS DEL CONTENIDO

 

 

 

 

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