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REFLEXION EN EL MARCO DEL BICENTENARIO

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Los 200 años transcurridos desde la Declaración Libertaria de nuestra Nacionalidad, aparecen oportunos para recordar que, nosotros, herederos y destinatarios de la GESTA DE LA INDEPENDENCIA, no podemos traicionar los sacrificios y heroísmos de los PADRES DE LA PATRIA, sumiéndonos en la desunión, con la permanente referencia a sangrías del pasado que impiden trabajar en comunión por el bien de todos.
Ya el preámbulo de la Constitución nos pone en mira el trabajar por la unión nacional, la paz interior y el bienestar común, porque es el modo en que se construye el futuro para nosotros y nuestra descendencia.
Y en esta familia en sentido amplio, tenemos compatriotas que por diversas razones fueron protagonistas de un pasado con heridas, todavía no cicatrizadas, que ya deben cerrarse. Mientras que algunos recibieron y reciben un tratamiento diferenciado, con impunidad inclusive, otros aún padecen prisión, sin sentencia firme y con procesos inconclusos.
Más aún cuando en la mayoría de los casos se trata de argentinos, que por su estado físico y por su edad les corresponde cumplir la detención en domicilio como lo prevé la legislación penal, sin que nada justifique un apartamiento arbitrario, con desconocimiento de los principios básicos de los derechos humanos, creando pautas de privación de libertad que lesionan el orden jurídico nacional e internacional.
Nos debemos un sinceramiento y el bicentenario nos ofrece la posibilidad de llegar mediante la memoria a la conciencia más viva de la identidad para lo cual debemos recordar que quien manipula la memoria no lo hace inocentemente , más bien es deshonesto, porque quien controla y manipula el pasado a su antojo, controla el presente. La falta de memoria provoca enfrentamientos y nos aleja del proyecto de país que todos los ciudadanos de buena voluntad queremos, un país donde nadie sea excluido.

Miriam Quiroga

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