El desenfreno y la sensualidad del rey Momo se apoderan de Brasil

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Ni el zika pone freno a la celebración carioca que trasciende al mundo. Bajo el ritmo del samba las grandes formaciones comenzaron a desfilar. Un respiro para una época de vacas muy flacas.

Puede ser al son del tradicional samba carioca, del sensual axé de Bahia, o de los menos conocidos en el mundo —pero típicos en el país— frevo y maracatu. Todos los ritmos del carnaval suenan a lo largo y ancho de un Brasil poseído de desenfreno y sensualidad.

En Río de Janeiro, en el primer día de desfiles de las escuelas de samba que buscan ser coronadas como campeona del carnaval carioca 2016, millones de personas recorren calles y avenidas al ritmo del samba y las «marchitas».

La mayor comparsa de la ciudad, Cordao da Bola Preta, arrastró detras de sí a más de un millón de personas, según datos de la gobernación municipal, que sin nada que envidiarles a los «profesionales» del Carnaval, cantan, bailan y recorren las calles desde tempranas horas y a lo largo de cuatro o cinco horas.

Para soportar los más de 30 grados que marca el termómetro en la «ciudad maravillosa», los cariocas y los millares de visitantes que arribaron a la ciudad para compartir la alegría del carnaval más famoso del mundo se «hidratan» con mucha cerveza y se «alegran» con caipirinha.

Los disfraces con los que los foliones (el público que baila) comparecen a la fiesta merecen un capítulo aparte por la creatividad y el esmero con que se confeccionan personajes e incluso situaciones.

Acapararon las típicas máscaras los rostros del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, blanco de denuncias de corrupción, y del agente de la Policía Federal Newton Ishii, de ascendencia nipona y conocido como «el japonés de la Federal», quien se hizo famoso por aparecer conduciendo a prisión a altos ejecutivos y políticos implicados en los escándalos de corrupción en Petrobras.

El pixuleco de Lula. Otros dos protagonistas de la fiesta callejera fueron el mosquito Aedes aegypti, que tiene en vilo al continente americano por ser el vector de los virus del Zika, dengue y chikungunya, y el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, representado por el ya tradiconal muñeco pixuleco, que lo muestra vestido de preso. El mandatario enfrenta varias denuncias por corrupción.

En muchos casos, los disfraces son verdaderas puestas en escena, ya que grupos de amigos o familiares combinan atuendos y coreografías para representar situaciones, protestar y divertirse.

Disfrazados de hombres de las cavernas, un grupo de cerca de 40 personas que residen en Bangu, región metropolitana de Río, creó una minicomparsa llamada Uga Uga do Catiri, y desfilaron con los cuerpos y rostros pintados de negro y empuñando hachas de plástico.

Algunos incidentes se produjeron durante el desfile, pero no llegaron a empañar la algarabía generalizada, que proseguirá hasta mediados de mes, más allá que oficialmente los festejos terminan el Miércoles de Cenizas.

En San Pablo, el primer día de desfiles de «escolas» que compiten por el campeonato paulista se extendió ayer hasta bien entrada la madrugada en el sambódromo de Anhembi, en la región norte de la metrópolis.

Con sus impresionantes carros alegóricos, sus trajes majestuosos y sus bellas reinas semidesnudas, las agrupaciones contaron historias de indios, piratas y navegantes; del bohemio barrio Vila Madalena y de la Virgen María, entre otras.

En Recife, capital de Pernambuco, en el noreste del país, también más de un millón de personas acompañaron hasta ayer el famoso desfile Galo da Madrugada, que compitió con Cordao da Bola Preta por ser la mayor comparsa callejera del planeta.

El ritmo del frevo, típico de la región, le marcó el paso a la multitud que desfila detrás del gallo gigante que desde 1978 convoca a las calles al pueblo para, según expresaron en su momento sus inventores, evitar la muerte de las comparsas ante la llegada y popularización de los desfiles armados, donde supuestos profesionales se presentan ante un público pasivo.

En la región más castigada por el zika, Bahía, donde reside el «alma» del Carnaval brasileño —tomando como «corazón» el carnaval carioca—, la fiesta ya lleva tres intensos días de mucho baile y fiesta casi orgiástica que se desarrolla en las calles de la capital provincial Salvador, al ritmo del axé.

lacapital.com.ar

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