Cáncer de mama: mejora la forma de administración de un tratamiento

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Salud

La ANMAT aprobó la versión subcutánea del trastuzumab, un anticuerpo monoclonal para atacar los tumores tipo HER2 positivos. La aplicación demanda sólo cinco minutos contra los casi 90 del método tradicional.

Elena Simkin tiene 39 años. El cáncer de mama se convirtió en realidad para ella hace sólo tres, pero se lleva a las patadas con su fobia a las agujas desde que tiene memoria. El tratamiento, entonces, se volvió un desafío doble. Cada suave golpecito de la enfermera en su brazo para encontrar la vena correcta la obligaba a respirar profundo, mirar hacia otro lado y rogar para que la tortura acabe pronto. Las mujeres con tumores HER2 positivos -una de cada cinco de las que padecen cáncer de mama- ya no tienen que pasar por esa angustia en la etapa de administración del trastuzumab, piedra angular de la terapia: en el país se aprobó la versión subcutánea, que es menos invasiva y reduce el tiempo de aplicación de casi una hora y media a tan sólo cinco minutos.

Cada año se producen en Argentina unos 19.000 nuevos casos de cáncer de mama, según el Instituto Nacional del Cáncer, que depende del Ministerio de Salud. La quinta parte corresponde al tipo HER2 positivo, un tumor especialmente agresivo, pero con muy buen pronóstico gracias al arsenal terapéutico del que se dispone. El trastuzumab, del laboratorio Roche, integra esa artillería desde hace 16 años. Se trata del primer anticuerpo monoclonal para esa clase específica de tumores y -en conjunto con la quimioterapia y la radioterapia- se convirtió en la base del tratamiento para atacarlos y evitar recaídas tanto en estadíos iniciales como avanzados o metastásicos.

Hasta hace un mes, en el país la única opción que tenían las pacientes que debían recibir el medicamento era sentarse en el sillón del hospital de día, esperar a que la enfermera prepare la dosis, busque la vena, la encuentre y se lo coloque por vía intravenosa. En todo ese trámite se podía ir hasta una hora y media. Ahora la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó la versión subcutánea, que se aplica con un simple pinchazo en el muslo (como si fuera una vacuna) en un proceso que demanda de 3 a 5 minutos. La nueva formulación se presenta además en una dosis fija, lo que reduce el tiempo de preparación, la posibilidad de errores y se ahorran costos al sistema sanitario (se utilizan menos insumos y los sillones se liberan más rápido).

Todos esas mejoras redundan en beneficios para el paciente. Mientras Elena completaba su aplicación de trastuzumab por vía intravenosa sabía que la versión subcutánea estaba a punto de desembarcar en el país. “Apúrenlo porque es un cambio enorme”, rogaba. “Cuando me coincidía la aplicación de la quimio con el trastuzumab me pasaba dos horas sentada por lo menos”, recuerda. “Sigo teniéndole fobia a las agujas. El día anterior se me frunce el estómago, pero tuve que hacerle frente porque desde el principio supe que me quería curar. Me pone muy muy contenta que se esté lanzando esta forma de aplicar la droga por todas las chicas que vienen atrás mío, porque las va a aliviar totalmente, más allá de los tiempos, por una cuestión psicológica va a ser mucho más relajado”.

La droga se aplica una vez cada tres semanas durante un año. La eficacia es equivalente tanto en la infusión estándar como en la nueva, según se comprobó un ensayo de fase III del que participaron casi 600 pacientes. Otro estudio reveló que 9 de cada 10 prefieren la versión subcutánea. No obstante, ambas presentaciones convivirán a igual precio y la elección surgirá de un acuerdo entre las preferencias del médico y la paciente.

“Cuando el tratamiento implica 18 sesiones todas endovenosas, más la quimioterapia, es difícil mantener las vías y que las pacientes puedan completarlo sin complicaciones. La vía subcutánea es más fácil, rápida y segura”, afirmó Valeria Cáceres, jefa del departamento de Oncología Clínica del Instituto Ángel Roffo.

La licenciada Constanza Celano, enfermera y secretaria administrativa de la especialidad de Enfermería Oncológica de la Universidad Austral, coincide: “El mapa de venas empieza impecable, pero se va deteriorando y a los enfermeros se nos hace cada vez más dificultoso encontrar la adecuada”. Eso impacta en el estado anímico del paciente “que llega angustiado porque a veces hay que hacer un segundo y hasta un tercer intento”. La novedad, sostiene, implica un aporte a la calidad de vida. “Cuando reciben la formulación subcutánea dicen: ‘¿esto es así?’, ‘¿ya estoy libre?’, ‘¿puedo seguir con mi vida cotidiana?’. Esto los maravilla, se adhieren mucho más al tratamiento”.

Elena supo desde el primer momento que se quería curar. “Hay que meterle fuerza, vamos para adelante”, se repetía cada vez que flaqueaba. Pasó por dos ciclos de quimioterapia, rayos y un año de trastuzumab. Hoy su tratamiento se reduce a una pastilla al día, una inyección cada tres meses y controles cada nueve. “Y está todo bien”, dice mientras sonríe con los ojos que asoman bajo su flequillo. “Aunque al principio parezca que el mundo se te viene abajo, todo pasa. Y mentalizándose en positivo cualquier tratamiento puede ser llevadero”.

clarin.com

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