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Chicago se fue con la frente alta

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Descendió pese a ganar las últimas cinco fechas. Venció 2-1 a Quilmes, pero no lo ayudaron los otros resultados.

El hombre llora, aferrado a una radio que diluye su esperanza. Lo abraza la angustia bajo el cielo negro de Mataderos. Hasta que hace de sus párpados un dique y cesan las lágrimas. Y empieza a aplaudir. Y produce el contagio. En esa mujer que no suelta a su hijo vestido de verde y negro, como no soltó su rosario durante noventa minutos. En ese pibe que perdió al padre, pero conservó la tradición de la tribuna. En todos esos hinchas que despiden a Chicago de pie, con emoción y gratitud. Y con dolor, claro. Aunque también dejan un mensaje que no se debe soslayar en este enajenado fútbol argentino. Es posible irse al descenso con la frente alta, con una ovación, sin insultos ni revoleo de butacas.

No lo merecían esos futbolistas que ganaron cinco partidos en cadena, un hecho inédito para Chicago en Primera División. Que se concentraron a pesar de esos cinco meses de sueldos ausentes, producto de las promesas incumplidas de sus dirigentes. Si hasta Christian Gómez, Gomito, un pedazo de la historia de Mataderos, tuvo que poner dinero de su bolsillo para ayudar a los pibes del primer contrato. Sí, reaccionó tarde el Torito. Recién pudo ganar en la fecha 20 de este multitudinario torneo. Y soportó el apriete de una barra brava que le pedía irse a la B Nacional frente a Aldosivi para no sufrir el oprobio de perder la categoría en Liniers por el orgullo del barrio.

Pero a partir de ese momento, ganó todo Chicago. Y mostró audacia. Porque Darío Forestello llegó con una idea que los jugadores, aun en las derrotas, siguieron al pie de la letra. Presión y recuperación en el medio e intensidad en ataque a bordo de un esquema con tres delanteros. Y volvió a hacer lo suyo el equipo en la última jornada. Sin embargo, no tuvo ayuda de Belgrano ni de Argentinos. Y por un punto no pudo forzar el desempate.

Arrancó nervioso Chicago. Tal vez, producto de la ansiedad por tener que imponerse en el rodeo propio y esperar una luz desde Parque Patricios y el Sur. Lo arrinconó Quilmes. Hasta que tuvo una pelota parada y Mauricio Carrasco ejecutó un corner que Alejandro Gagliardi cabeceó ante un flojísimo Walter Benítez.

Desde ese instante, Chicago dominó el partido. Y se ilusionó con el gol cordobés. Pero Carrasco, el más incisivo, se perdió el segundo tras un pase genial de De La Fuente. Y cuando parecía que todo se le facilitaba con la expulsión de Uglessich (estaba amonestado y bajó a Gagliardi), afloró la tormenta. Empató Braña, luego de una jugada bárbara de Canelo, que aprovechó un colapso de Sainz y Arias. Y Huracán hizo lo propio. Y hubo un diluvio de dudas.

Sin embargo, Chicago no claudicó. Y fue por todo en el segundo tiempo. Con Grazzini y Gomito, dos enganches. Y Carrasco consiguió el segundo (asistencia de Baldunciel). No bastó para el milagro. Pero fue suficiente para el reconocimiento unánime. Para el aplauso, más allá de los pesares.
clarin.com

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