Condenas de hasta 33 años de prisión por una masacre narco en Rosario

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ROSARIO.- Protegidos con chalecos antibalas y rodeados de policías con sus rostros cubiertos con pasamontañas, escucharon a los jueces en silencio. Todos fueron condenados. Sergio el «Quemado» Rodríguez, a 32 años de prisión; Brian «Pescadito» Sprio, a 33: Daniel «Teletubi» Delgado, a 30, y Mauricio «Chapulín» Palavecino, a 26.

Son los autores de la «masacre de la canchita», en el barrio Villa Moreno, el 1 de enero de 2012, en la que acribillaron a Jeremías Trasante, Claudio Suárez y Adrián Rodríguez, militantes de un movimiento social dedicado a sacar los chicos de las redes del narcotráfico.

Los jueces Gustavo Salvador, Ismael Manfrín y José Luis Mascali dijeron que las víctimas no fueron atacadas por error. Afirmaron que fueron asesinadas para demostrar quién tenía el poder dentro del barrio. Salvador, presidente del tribunal, sostuvo que se habían rechazado todos los pedidos de nulidad presentados por los abogados de los imputados. En ese momento, los familiares de las víctimas estallaron en llanto.

«La sentencia contra los cuatro acusados de asesinar a mi hijo debe ser un punto de inflexión que debe llegar a toda la sociedad rosarina», dijo luego el pastor Eduardo Trasante, padre de Jeremías. «Fueron 35 meses de lucha en los que tratamos de probar la responsabilidad de los acusados. Resultó muy emocionante la solidaridad de la gente. Personas que no conocían a mi hijo y, sin embargo, lloraban por él», agregó el pastor Trasante en la puerta de los tribunales rosarinos, luego de escuchar el fallo de los jueces.

Minutos antes y rodeados por efectivos de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) de la policía de Santa Fe, los condenados habían partido rumbo a la cárcel, protegidos por sus chalecos antibalas y por un vallado de escudos antivandálicos en un cinematográfico operativo policial.

«Quemado» Rodríguez, vestido con remera a rayas y jean, tuvo tiempo de intercambiar unas palabras con su abogado, Carlos Varela.

Durante 2010, en Rosario hubo 126 asesinatos. En 2011, se registraron 163 asesinatos. Y, en 2012, luego de la masacre en la canchita de Dorrego y Quintana, la violencia creció exponencialmente. Ese año, hubo 182 homicidios. En 2013, la cifra de asesinatos aumentó a 264, la mayoría, según reconoció el gobierno provincial, fueron ajustes de cuentas entre bandas. Rosario se había transformado en el campo de batalla de una guerra narco.

«Se hizo justicia. Estoy conforme con la resolución», dijo ayer Ignacio Rodríguez, padre de Adrián, otra de las víctimas de la masacre.

Ninguno de los acusados fue condenado por narcotráfico, ni se ventiló en el juicio oral la cuestión vinculada al supuesto tráfico de drogas al que se dedicaría Rodríguez, pero nadie duda de que el germen de la masacre de Villa Moreno fue una venganza narco.

«En ningún momento se introdujo en el debate el tema del narcotráfico porque se trata de un delito de competencia federal. Me dediqué a probar que los cuatro acusados tuvieron responsabilidad en los tres asesinatos. Con la decisión de los jueces quedó demostrado que, desde la fiscalía, no se inventó nada. A partir de ahora espero que los familiares de las víctimas tengan algo de paz», expresó la fiscal Nora Marull.

Frente a los tribunales, la noticia sobre las condenas conmocionó a los cientos de militantes de los movimientos Evita, 26 de Junio y Darío Santillán, que, desde hace un mes, instalaron una carpa en la esquina de Pellegrini y Balcarce.

La masacre de Villa Moreno constituyó el corolario de una serie de ataques que comenzó tres días antes, cuando fue atacado un chico, de 17 años, que operaba en la zona, supuestamente liderada Ezequiel «el Negro» Villalba.

Según se determinó en la investigación, ese grupo delictivo se dedicaba a robar droga en los puestos de venta de la organización presuntamente comandada por el «Quemado». Una de las cápsulas encontradas en ese ataque coincidía con otra hallada en la escena del triple crimen; es decir: se habría usado una misma pistola en ambos hechos.

Aparentemente, la venganza por ese ataque no tardó en llegar. Minutos después de las 3, en la madrugada de Año Nuevo, Maximiliano Rodríguez, alias el «Quemadito», fue atacado a balazos, mientras estaba con su novia en su BMW.

Entre las pruebas que la fiscalía presentó en el juicio oral para fundar la acusación contra Rodríguez y sus cómplices, figuran los videos de las cámaras de seguridad del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, en los que aparecen algunos de los acusados, que concurrieron a la guardia para ver al joven herido.

Según las imágenes de los videos eran las 3.42 cuando el «Quemado» y uno de sus cómplices salieron del hospital para reunirse con el resto de la banda y, según la fiscal, ir en busca de «el Negro» Ezequiel, que solía frecuentar la cancha de fútbol de la Agrupación Infantil Oroño, en la esquina de Dorrego y Quintana.

A Villalba, no lo encontraron, pero el «Quemado» -que según los testigos llevaba una ametralladora- y sus cómplices dispararon más de 40 balazos contra los militantes sociales. Los agresores huyeron luego en una camioneta Renault Kangoo. Eran las 4.08 y había pasado una hora del primer ataque. «Quedó claro que los acusados fueron responsables de la masacre. Solamente una persona con los antecedentes de Rodríguez tiene la capacidad para armar un ataque en una hora para vengarse por la agresión a su hijo», explicó la fiscal Marull.

A pesar de que le pegaron ocho balazos, el menor de los Rodríguez sobrevivió, aunque fue asesinado un año después por dos sicarios que le dispararon desde una moto, a plena luz del día, en la céntrica esquina de Pellegrini y Corrientes.

«No fue un crimen por error. Fue una demostración de poder. Los agresores quisieron expresar con balas quién manda en el barrio. No les importó si los chicos a los que mataron eran inocentes y no tuvieron nada que ver con la agresión anterior», expresó uno de los investigadores judiciales..

Fuente: La Nación

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