La escuela rural que hizo volver los chicos al aula

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En un paraje postergado del oeste cordobés, un colegio de una sola aula creado por los propios vecinos terminó con generaciones que no llegaban al secundario.

 

Por Carolina Militello (Especial)

 

Villa Dolores. Es una escuela secundaria y campesina que está transformando la realidad de su zona. Está en La Cortadera, paraje que no llega a comuna en Traslasierra, a 45 kilómetros de Villa Dolores. Nació hace tres años, en una zona donde los chicos que querían estudiar secundario debían emigrar, sin recursos. O abandonar.

El colegio rural, promovido por la Unión Campesina de Traslasierra (Ucatras), logró que 32 jóvenes de sus alrededores continúen sus estudios. El año que viene tendrá su primera promoción de egresados.

Los chicos aprenden contenidos universales y también los específicos de su vida cotidiana en el campo. Además, se organizan en grupos para limpiar y cocinar en el colegio.

“Acá, la posibilidad de acceder a la escuela secundaria para la mayoría de las comunidades rurales implica trasladarse más de 40 kilómetros, generando desarraigo de las familias y dificultando el acceso al derecho a la educación”, explica Pablo Blanc, integrante de Ucatras. La organización gestionó ante el Ministerio de Educación de la Provincia la apertura de un Programa de Inclusión y Terminalidad Educativa (PIT).

La escuela funciona como extensión áulica de un instituto privado de la zona y cuenta con siete docentes, financiados por la Provincia.

Un vecino donó el terreno para que se construya el edificio y con el trabajo de todos levantaron la única aula donde se dictan clases martes, miércoles y jueves en jornadas extendidas. Los alumnos reciben una colación de Paicor, pero para el almuerzo cuentan con una alacena comunitaria de alimentos que van reponiendo a medida que se utiliza. Divididos en grupos, realizan ellos mismos tareas de limpieza, mantenimiento y cocina.

Menos deserción

Isabela Tobares (14) cursa tercer año y viaja una hora en moto por caminos casi olvidados para llegar a la escuela. “Antes, si queríamos estudiar el secundario teníamos que irnos a vivir a Villa Dolores o a Chancaní y no todos podemos o queremos”, cuenta. Ella sueña ahora con seguir estudiando para convertirse en docente de esta misma escuela rural.

Antonella Ramos (20) recuerda lo mucho que trabajaron para lograr el colegio. “A falta de cocinero, limpieza y Paicor, nosotros nos organizamos para hacer todo, todos traemos alimentos para comer acá”, explica. “Nuestros próximos sueños son tener Internet, contar con un servicio de transporte, construir más aulas y un comedor”, agrega.

Parajes olvidados

En La Cortadera viven esparcidas 210 personas. No cuentan con servicio de agua potable ni tendido eléctrico. Las familias tienen pozos para abastecerse de agua y algunas sumaron pantallas solares para cada vivienda. “La energía solar nos alcanza para una radio, un televisor y alguna otra cosa, pero no para heladera”, dice Myriam Reynoso (49). Las familias que pueden cuentan con heladeras a gas. “Son más costosas y es difícil conseguirlas”, agrega Reynoso. Para bañarse, su familia calienta agua en el fuego.

Realidades similares viven parajes cercanos, ajenos a la Traslasierra de las postales, como Las Oscuras, Los Quebrachitos, Las Jarillas. Alejados, sin transporte y por caminos deteriorados tratan de sobrevivir al avance de la frontera agrícola que les cerca la posibilidad de sobrevivir de la ganadería.

“En Las Jarillas, la gente está pidiendo una escuela para que sus hijos no tengan que irse a estudiar a la vecina La Rioja”, aporta Blanc.

Casi no hay ausentismo

“Esta escuela logró disminuir la deserción escolar. Los chicos vienen todos los días, casi no hay ausentismo, trabajan mucho y han sido ellos mismos parte de la creación de la escuela que quieren y necesitan”, manifiesta la docente Verónica Prado.

 

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/educacion/la-escuela-rural-que-hizo-volver-los-chicos-al-aula?google_editors_picks=true

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