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Tinelli no es Grondona (ni la AFA es Showmatch)

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Por qué sería una pésima noticia para el fútbol si el vicepresidente de San Lorenzo llegase a ser el sucesor de Julio Grondona. Para trascender hay que ser famoso, televisivo y mediático.

Sé de un creativo y bien sucedido empresario que, cuando su hijo adolescente experimentó marihuana, ante el peligro de que se envicie o envuelva con traficantes, prometió darle una lección: “Si quiere fumar que fume en casa; yo comenzaré a fumar con él, fumaremos juntos y le demostraré que ese no es el camino”… Hace doce años que juntos fuman un ‘bazeado’ casi todas las noches. Es cierto, el hijo no se envolvió con traficantes, pero ahora, en su elegante casona en vez de un ‘macoñero’ hay dos. Y una esposa menos: se separó por esta anómala situación. Sí, es el famoso tiro por la culata. Hay ‘soluciones’ que no funcionan. Recordé este episodio de la vida cotidiana cuando supe que Tinelli posiblemente será el próximo presidente de la AFA. Es una de esas soluciones que no funcionan, otro tiro por la culata.
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La Argentina es un escenario de telón siempre levantado donde sólo se interpretan tragicomedias de cabotaje con principios barullentos y finales dramáticos. A veces graciosos. Nunca aplaudidos y habitualmente silbados. Somos el ejemplo perfecto de la imperfección; un catálogo completo de lo que no se debe hacer. La argentinidad es una muestra gratis de ciudadanía mal usada, un narcótico sin bula que mal nos auto-administramos y cuya dosis siempre es exagerada aunque sea mínima. Somos ‘argentos’, sinónimo de lo que no nos gustaría ser pero lo único que podemos ser. Repetimos nuestros errores sin aprender jamás, empeorándolo todo en tiempo continuo. En el ser o no ser nunca somos. Somos nada. Sólo una fábrica de dolores. Dolores de pasión. Pasión sin razón. Razón perdida. Perdimos todo. Pronto no habrá más nada.

Tinelli en la AFA es la próxima gran aventura, la película que faltaba, el show que se prolonga, la locura que aterriza, remonta, ameriza, embarca, desembarca, se sumerge, emerge. Es Argentina, de eso no hay dudas. Conozco esa música. El desprecio a la cordura parece un tic que intensifica su repetición siempre que hay crisis. La bandera que cada momento agita se decolora con el viento, sus formas se pierden antes de exhibirse. Las ideas son penosas. Vivimos cautivos de una autofagia glotona. Nos devoramos antes de corporizarnos. Queremos elegir, peleamos por elegir y sólo elegimos mal. Porque así se puede volver a pelear por elegir, mal, como una cuerda de reloj trucho que acaba pronto. ¿Por qué? Nadie lo sabe.

Tinelli en la AFA es la peor noticia que puede recibir el maltratado fútbol argentino. No por Marcelo Tinelli, el oriundo de Bolívar, amante del deporte, un apasionado por el fútbol, periodista deportivo. Marcelito, el que ‘hacía vestuarios’ para José María Muñoz. Ojalá el Tinelli al que se le ofrece el fútbol, como de algún modo se lo ofreció Luis Segura, actual titular de la AFA, fuese aquel Tinelli. A aquel lo compro, lo apruebo, lo apoyo. Ese Tinelli era / es lo que el fútbol necesita, alguien como algunos de ustedes, como pocos, sin otra pretensión que la propia AFA, sin otra presión que la del buen resultado y sin otro compromiso que el de la honestidad deportiva. Ese sí. Pero ese ya no está.

De aquel Marcelo Tinelli no quedó ni su sombra. No existe nada peor que la fama para borrar una identidad y construir otra diferente. Y si es fama argentina peor porque es de último grado, incurable, penetrante, un ebola fatal, idiotizante en algún punto. O muchos. La fama lo derrumba todo. Y la súper fama lo destruye más aún. Hace añicos la coherencia. Pisotea la lógica. Cascotea la prudencia. Aparta el sentido del ridículo. Aproxima lo que debe estar lejos. Ignora la elegancia. Lastima cualquier don. Distorsiona la realidad. Vapulea la sensatez. Sí, aunque todo eso parezca mucho. Es una bomba de efectos incalculables de la que nadie sale ileso. En la Argentina su devastación es mayor porque es un país sólo mediático, sin valores basales, sin fundamentos sólidos, inundado de vacío y mal rellenado con contenido lelo.

El reiterado suceso del programa de Tinelli no es un acaso, ni surge de su magia popular, ni está en su carisma personal, ni en su mejor producción o su fórmula simplista del ‘pum para arriba’. No. Es un error buscar por allí las claves de su éxito. El alto rating no tiene (casi) nada que ver con lo que Tinelli aporta. Nada de eso serviría si la sociedad fuese diferente. Tinelli no es más que un espejo. Y funciona como tal. Un espejo de falsa alegría, un espejo de arrugas sociales mal maquilladas. Tanto lo es que él mismo también se transformó en eso, un reflejo de su transformación. El espejo del espejo que va reproduciendo cada vez mas reducidamente la misma imagen del primer reflejo hasta que sólo se ve un punto, después un puntito oscuro y finalmente nada…

El Tinelli de nuestros días necesita agradar a su público, necesita audiencia, aplausos, luces. Y eso es terrible para quien precisa tomar decisiones a veces desagradables. Grondona tuvo suceso porque no agradaba a nadie más allá de dar una u otra entrada para ver a la Selección. El Tinelli actual va y viene con los políticos según lo patrocinen o no (el peor vínculo posible con la peor casta posible). Grondona, en cambio, gambeteó al poder mejor que un número diez: siempre se guardó un pedazo de la ferretería en las entrañas para que lo rescatara de otros coqueteos.

Quien se arrima al poder sin ser el poder suele confundirse y sospecho que Tinelli ya está confundido. Lo que pasó con Fútbol Para Todos –allí sí podía ser útil porque las transmisiones son show, la AFA no lo es– demostró claramente que está contaminado. Fue revanchista. Usó su programa para vengarse. No supo alegrarse por no haber cruzado ese umbral de doble filo. Ni siquiera pudo ignorar una anécdota olvidable. Grondona hubiese mirado su anillo y leído: “Todo pasa”. Para Tinelli no pasó. Ahora puede llegar al FTP desde la AFA y no desde la Rosada. El pronóstico no es favorable, un mal cóctel.

El Tinelli de hoy tiene éxito en San Lorenzo de Almagro. Es cierto. Pero es casi proporcional a su fracaso de algunos años atrás en el mismo San Lorenzo con un plan similar. Sólo que hoy funciona Emmanuel Mas y entonces fracasó Diego Placente. Porque así es el fútbol. Un día la pelota entra y al otro no. Medir a un dirigente por una única gestión en particular, sin ver los contextos, es medir el sueño por un bostezo.

Creo, inclusive, que apuntó mejor en aquella ocasión, cuando le fue mal con cracks como Bergessio y D’Alessandro, que en esta en la que se dio bien con mediocres como Blandi y Cetto. Pero Tinelli está en la tele. Y estar en la tele, en la Argentina papa-fritas, es todo, porque la tele es la hamburguesa de esa refección que nos engorda de maciza nada y vaporosa consagración. Hay que ser famoso, televisivo, mediático. La meritocracia no existe en nuestro país, sólo la famocracia (droga de libre consumo). Lo lamento.

Tinelli fracasó contundentemente en el fútbol del Badajoz español. Abandonó su misión cuando no respondió a lo esperado. Cuidado. Hay luz roja. En el vóley le fue mejor, con su Dream Bolívar; pero allí no existen las ‘atenciones’ del fútbol. Quiere todo: TV, horario central, productora, facturación por lo tradicional y lo no tradicional, fútbol, San Lorenzo, club, Badajoz, Libertadores, FTP, vuelta al Gasómetro, poder, vóley. Y el que mucho abarca… Bien decía Winston Churchill que los imperios del futuro serían los imperios de la mente. Pero, como los imperios geográficos, estos también se desintegran. No atender a los alertas es un alto riesgo…

Si Tinelli no quiso ser el número uno de San Lorenzo, ¿por qué querrá ahora serlo de la AFA que, sin dudas, es una responsabilidad mayor, cuyas reuniones de Comité Ejecutivo suceden cuando su programa está en el aire? Además, y más allá de la persona de Tinelli, la AFA, como un palacio de justicia, necesita anonimato. Dirigentes con el perfil del riverplatense D’Onofrio, pero originarios de ‘clubes chicos’. En la AFA nunca debería gobernar el representante de un ‘club grande’. Ese es el primer paso. El que limpia sospechas y minimiza enemigos. Si fuese el titular de Deportivo Armenio, un club del ascenso y casi sin hinchada, mejor todavía. Pero pedir eso, en la actual Argentina, es pretender apunarse en el fondo del mar. Todo al revés.

Tinelli querrá hacer las cosas bien, no lo dudo. Querrá rescatar la vocación del Marcelo de Bolívar. De aquel pibe sin agenda poderosa. Estoy seguro. Puede buscarlo al Marcelo que ya fue, pero no lo va a encontrar. Los políticos no lo ayudarán aunque aparezcan solidarios en las fotos de los diarios. Los compromisos lo superarán. Las tensiones también. No tendrá un equipo de producción profesional iluminando el set del Comité Ejecutivo, nivelando el sonido de la Copa Argentina ni cambiando los escenarios de la Selección. Tendrá dirigentes de fútbol tales y como casi siempre lo fueron, amenazados y sostenidos por barras bravas, queriendo ganar a cualquier precio y sin importarse por el fútbol como deporte de esparcimiento familiar. Hace días nomás, hinchas del San Lorenzo que comanda Tinelli balearon algunos ómnibus de simpatizantes de Huracán, sólo porque los encontraron en su camino… Tinelli no es todopoderoso.

A favor de Tinelli, como posible presidente de la AFA, sólo puedo decir que el Papa Francisco le pedirá a Dios que lo ilumine más que a cualquier otro candidato. Pero no alcanzará. Tinelli no es solución como no lo es fumar marihuana con el hijo para que no lo haga con los traficantes. Además, Tinelli no es Grondona y la AFA no es Showmatch aunque sus dirigentes bailen, conforme a la música del día, aguardando el fallo de ese jurado, también ‘argento’, que es la prensa deportiva porteña… ¿Algún día entenderemos que el fútbol es una fiesta para los sentidos y no una fiesta sin sentido?

IN TEMPORE: Por estos días y mientras ‘La Doce’ seca sus banderas en la Bombonera, la Confederación Sudamericana de Fútbol impuso una multa de 30.000 dólares a River Plate por los gritos xenófobos de sus aficionados, en el primer partido de la Copa Sudamericana disputado ante Godoy Cruz, en Mendoza. No hay que sancionar económicamente a los clubes por estos hechos, hay que eliminarlos de la competencia.

El club Gremio de Porto Alegre, en una medida inédita en Brasil, fue excluido de la Copa de Brasil (ya estaba en Octavos de Final) por causa del comportamiento racista de un puñado de hinchas, principalmente de una ‘torcedora’ –dentista de profesión– que fue filmada cuando le gritaba ‘macaco’ (mono) al arquero Aranha del club Santos.

Gremio ya tenía un antecedente reciente, con multa de 80 mil reales (los mismos 30 mil dólares) por las agresiones racistas de otro hincha a Paulão, zaguero de su archirrival Internacional de Porto Alegre. Por eso sostengo que no sirven las multas. Para peor, la historia tampoco favorece a la entidad ‘gremista’ que fue la última de todo Brasil en aceptar la presencia de jugadores negros en sus equipos: sólo en 1952 debutó Tesourinha, el primero en quebrar la ‘regla’ y abandonar la Liga da las Canelas Pretas –Liga de las Canillas Negras– reservada para jugadores eufemísticamente llamados ‘de color’ que no encontraban clubes para jugar con los blancos…

Edgardo Martolio Director Perfil Brasil, creador de SóloFútbol.
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