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Gualeguaychú: postal de la “década ganada”

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La ciudad entrerriana es una imagen viva del doble discurso oficial. Mientras el gobierno habla de los logros del modelo, en los márgenes del Río Uruguay, la pobreza, el hambre y la exclusión, no paran de crecer

La ciudad de Gualeguaychú es conocida como la tierra del Carnaval. Pero hubo otros tiempos donde hablar de la localidad entrerriana, era hablar de desarrollo social a base del esfuerzo de toda una sociedad que buscaba la plenitud.

Hoy día, esta ciudad que supo ser motor de la economía provincial, es una postal viva de los estragos que ha hecho la política económica implementada a partir de mayo del 2003.

Antes de la asunción de Néstor Kirchner, la exclusión en Gualeguaychú existía en barrios marginales que eran atendidos por la ayuda social. En la actualidad, en un recorrido por sus calles, puede verse que los asentamientos, que hace 11 años atrás no existían, hoy trepan a los 8, viviendo numerosas familias que carecen de lo más mínimo para su vital desarrollo.

Pero a pesar que los hechos destacan a simple vista, las autoridades municipales niegan que en la ciudad existan asentamientos y la pobreza extrema, y en una actitud calcada de la presidenta Cristina Kirchner, se enojan con los medios de comunicación que muestran la realidad.

El pasado mes de junio pudo verse como una chiquita que concurría a la escuela Héroes de Malvinas de la ciudad y que vive en uno de los asentamientos de la zona, se desmayó en el aula a causa de que hacía 4 días que no comía.

Debido a la repercusión nacional que tuvo el caso, desde el Municipio salieron a dar explicaciones, pero las mismas fueron de lo más insólitas, ya que el subsecretario de Desarrollo Social y Salud local, Martín Piaggio, afirmó inhumanamente que “de haber estado cuatro días sin comer deberían manifestarse síntomas mucho más severos que un bajo rendimiento escolar, como por ejemplo: deshidratación, pérdida de fuerza o de conocimiento, entre otros”.

La negación oficial del precario ambiente en el que se encuentran más de 2.000 personas que malviven en los asentamientos, no hace más que mostrar la hipocresía reinante en el oficialismo, que por un lado hablan de inclusión y desarrollo, pero por el otro ante el menor desajuste de su discurso, atacan a todos aquellos que muestran una realidad diferente a la de ellos.

El hambre es una enfermedad solucionable si desde el gobierno se realizan medidas rápidas y efectivas para paliar un flagelo que en la “década ganada” ha crecido a un ritmo vertiginoso, casi a tanta velocidad como la caída del país.

Escenario que marca la vergüenza de un país que supo tener el Estado de Bienestar y ver crecer a sus hijos en la alegría de un futuro mejor, que ha desaparecido hoy por completo, dando paso a una generación que pasa hambre, que no tiene expectativas de futuro y cuyo crecimiento se ve mermado por las necesidades básicas totalmente insatisfechas.

Una sociedad devastada por la crisis

Uno de los caballitos de batalla de la gestión kirchnerista ha sido el de haber industrializado el país de y de levantarlo tras la debacle del 2001. Esta afirmación que repiten todos los oficialistas a coro en los micrófonos, parece estar contrastada con lo que sucede en la realidad.
Gualeguaychú supo ser en un momento de su historia un ejemplo de prosperidad y de crecimiento en toda la región, y el estado en que encuentra en la actualidad dista mucho de estar a la altura de su gente.
Las persianas bajas de empresas que supieron ser motor de la economía hoy son un vivo retrato de su realidad. Un frigorífico modelo en el siglo pasado que hoy se encuentra en el olvido, así como una aceitera y una arrocera que en conjunto daban trabajo a casi 4.000 personas, son muestra del estado de abandono en que se encuentra la localidad entrerriana, más allá de las interminables promesas oficiales de reactivación que nunca se llevan adelante.
A pesar de los innumerables compromisos efectuados por el kirchnerismo, la economía local se encuentra totalmente estancada y sus casi 100.000 habitantes, que representan el 8% de la población entrerriana, dependen en su mayoría de los planes sociales y la ayuda estatal.
Diferentes ONGs hablan de que casi 5.000 chicos de la ciudad dependen de la comida que se les da en los establecimientos educativos, de que uno de cada cuatro chicos menores de 17 años sufre inseguridad alimentaria, y que casi el 30% de la población gualeguaychense se encuentra por debajo de la línea de pobreza.
Una ciudad que vio crecer a varias generaciones, descansa hoy en el olvido, con una infraestructura devastada, sinónimo de la decadencia de la industria nacional que se ha venido llevando a cabo en los últimos años.

Promesas que quedan en la nada

“Estamos inaugurando el Hospital de Gualeguaychú” afirmó en una videoconferencia una exaltada presidenta Cristina Kirchner a fines de septiembre de 2011 en medio de la campaña electoral que la llevara a su reelección.
Hoy, a tres años de esas palabras, el nuevo hospital Bicentenario de Gualeguaychú sigue sin concluirse, a pesar de que el plazo para terminar la obra venció el 30 de junio de 2012.
Las obras parecen correr a paso de hormiga, y los 169 millones de pesos presupuestados para edificar este nosocomio que contaría con 230 camas y consultorios externos, hasta el momento no han dado sus frutos.
Profesionales de la Salud hablan de que este hospital nació mal parido, ya que la obra pedida desde hace tiempo, fue ejecutada debido a un fin meramente electoralista y no de bien común.
El oficialismo intentó cooptar a la gente de Gualeguaychú que le había dado la espalda luego del conflicto rural en el 2008, y que se había opuesto por años a las acciones llevadas adelante por el gobierno para frenar la instalación de las pasteras.
Como suele realizar el kirchnerismo, las promesas están a flor de piel pero el cumplimiento de las mismas se estira en el tiempo y no llegan a consumarse casi nunca.
Mientras las provincias se incendian y la sociedad se sumerge cada día más en un período de crisis con picos todavía inimaginables, aquellos que tienen la responsabilidad de solucionar los problemas, miran para otro lado y hablan de un país parecido a Disneylandia, marcando su total desconocimiento sobre lo que pasa a su alrededor.

Complicado escenario para el kirchnerismo

La ciudad de Gualeguaychú representa sólo el 0,27% de la población del país, pero la notoriedad política que ha adquirido en la última década por el conflicto rural y la lucha ambiental, la ha convertido en central a la hora de realizar un análisis político del litoral argentino.

Desde el año 1987 que el peronismo gobierna la ciudad, pero el kirchnerismo se ha apoderado de la misma desde hace 10 años, primero con Daniel Irigoyen y desde el 2007 con Juan José Bahillo, aunque el panorama que se le acerca de cara al año que viene es por demás complicado, sobre todo si se ejecuta la alianza política entre la UCR y el PRO que comanda en la provincia el líder ruralista Alfredo De Angeli.

Pero el obstáculo central para el oficialismo parte desde adentro del propio Justicialismo, ya que las divisiones que se vienen dando desde hace años, ha llevado a numerosos peronistas a abandonar las arcas del PJ y buscar nuevos horizontes.

Además, el kirchnerismo local viene siendo jaqueado por hechos de corrupción, como el cometido bajo la administración de Daniel Irigoyen y que terminó con la condena de quien fuera el tesorero municipal, Ángel José Giménez a la pena de prisión de 7 años y 6 meses por el delito de peculado continuado en 91 hechos contra el tesoro municipal.

Este acto de desfalco contra el erario público, llevó a que el sector político que respaldaba a Irigoyen, una escisión del peronismo denominado Color Gualeguaychú y que comanda el exintendente y exdiputado nacional Emilio Martínez Garbino, le soltara la mano, buscando éste el cobijo del kirchnerismo de la mano del Movimiento Evita.

Irigoyen, un exseminarista palotino, fue recibido con los brazos abiertos por el oficialismo, y hoy día se desempeña al frente de la Unidad Ejecutora de Programas Especiales (UEPE) del Ministerio de Planeamiento de Entre Ríos, bajo el ala protectora de Sergio Urribarri.

Por su parte, el actual intendente Juan José Bahillo, no puede ser reelecto en su cargo y por lo tanto ya estaría pensando en una eventual candidatura a gobernador de la provincia dentro del oficialismo, aunque sus sueños se encontrarían truncos ante la negativa del senador nacional y hombre de confianza de Cristina Kirchner, Pedro “Pemo” Guastavino, que aspira a ser el elegido presidencial para la disputa provincial.

Un peronismo dividido en distintas vertientes y peleándose todos contra todos, puede dejar el camino abierto para que la oposición logre arrebatar una intendencia de una ciudad históricamente peronista, pero que el año que viene puede llegar a cambiar de destino político.
diariohoy.net

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