¿La sociedad argentina se encamina hacia la decadencia?

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15 AÑOS DE NUEVAS COSTUMBRES ARGENTAS – Tomando como una porción de tiempo desde el año 1999 a la fecha, podemos distinguir muchos aspectos nuevos que han sido incorporados por nuestra comunidad, a pesar de que gran parte de ella discrepe o no esté de acuerdo con los mismos.
En el plano político-social, podemos describir, por ejemplo, el acostumbramiento de la sociedad argentina a los cortes de calles y los piquetes. La mayor parte de la población se manifiesta en contra de ello —inclusive el autor—, pero aprendimos y nos acostumbramos a vivir con ello, viendo el noticiero a la mañana y tratando de evitarlos, o buscando una alternativa al transporte cotidiano. Su cese hoy, nos parece utópico.
Otro ejemplo pueden ser los limpia-vidrios y cuida-coches —o “trapitos”—. Mientras que antes los limpia-vidrios en los semáforos eran unos pocos en ciertos puntos céntricos de la ciudad, hoy en día se han convertido en algo cotidiano en gran parte de los semáforos de Buenos Aires y el interior.
Los cuida-coches, “trapitos” o “naranjitas” merecen un párrafo aparte en este análisis. Hace quince años eran una excepción y uno colaboraba voluntariamente al momento de estacionar, hoy en día se han vuelto un dolor de cabeza para todos los porteños y habitantes de grandes ciudades, ya que invaden cada vez más barrios de la ciudad y su tarifa muchas veces iguala a la de un estacionamiento, sin dejar de mencionar que han dejado de ser a voluntad y comenzaron a usar violencia y amenazas para lograr su cometido. Hoy estamos acostumbrados a que en cada espectáculo, ya sea un partido de fútbol o un concierto, nos cobren hasta $100 por estacionar en un lugar público, a la vista de las autoridades policiales. Nos hemos resignado a ello y su tarifa la contemplamos en cada salida.
Las villas, en especial la 31, se han convertido en una zona con gran demanda habitacional. Todos los asentamientos de la capital se han expandido y se han creado nuevos. Mientras que antes uno vivía en una villa por ser un excluido social, hoy en día mucha gente alquila cuartos en edificios que alcanzan hasta los seis pisos, como en la mencionada villa, al mismo valor que un departamento de un ambiente en una zona del sur de la ciudad. Muchos cuentan con televisión satelital. La buena ubicación de dicha villa atrae a cada vez más habitantes. Más aún teniendo en cuenta que no pagan servicios como la luz o el ABL.
Asimismo, nos hemos acostumbrado a ver cada vez mas personas vendiendo todo tipo de productos en los semáforos, desde comestibles y pañuelos, hasta pelotas, inflables o juguetes. Se ha vuelto un trabajo redituable y —lamentablemente— cada vez más común.
Ha aumentado en gran medida la venta ambulante en el transporte público. Solo hace falta viajar de punta a punta la línea “A” del subterráneo para darse cuenta de ello. Los vendedores esperan su turno para vender sus productos en el vagón, que van desde lupas y mapas hasta artículos de librería. También se han proliferado los músicos callejeros.
En la calle, la venta ambulante se ha convertido en un gran negocio. Se trata de los famosos “manteros” que han tenido un capítulo aparte en esta historia. Ya no se trata de meros artesanos. Los productos que venden van desde películas piratas hasta relojes, ropa, peluches y fundas para teléfonos móviles. Con grandes enfrentamientos con el Gobierno de la Ciudad, como por ejemplo en la calle Florida u Once, han dejado expuesto el gran negociado que existe atrás de sus espaldas, comercializando sin pagar impuestos ni estar registrados. Han copado las calles de la ciudad perjudicando a los comerciantes que gastan fortuna para estar habilitados.
El hecho de ser “cartonero” se ha vuelto una profesión más. Mientras que antes revolver la basura era una salida de emergencia, hoy en día se cuenta con cooperativas y hasta con uniformes y transporte para ello.
Se ha masificado la cantidad de personas que piden dinero o comida en los bares y confiterías. Cada vez son más los que revisan las bolsas de residuos, que dejan en la calle los locales de comidas rápidas y restoranes, para poder alimentarse. Cada vez hay más niños en las calles.
Otro punto muy triste en este análisis es que la edad para iniciarse en las drogas ha bajado drásticamente en Argentina. Hoy los menores consumen drogas por primera vez, como el paco o la cocaína, a partir de los ocho o nueve años. Algo que antes transcurría a partir de los quince y ya era considerado prematuro.
También se volvió una costumbre tapiar las puertas y ventanas de los locales o casas que están en alquiler o venta, para evitar intrusiones, ya que las mismas son muy difíciles de combatir para el dueño, más aún si hay menores de por medio.
Al comprar productos en los quioscos, nos adaptamos a recibir cada vez más caramelos o chicles a falta de cambio. La inflación ha generado un fuerte faltante del cambio “chico”, ya que casi la totalidad de los nuevos billetes —papel moneda— que se imprimen son de $50 y $100 pesos, y valen cada vez menos. Se han dejado de usar monedas para el transporte público, un avance que desde hace mucho se esperaba.
Se pasó del teléfono fijo a la telefonía celular, cada vez más económica, y a otros medios de comunicación como las redes sociales, WhatssApp, BBM, Telegram o Skype. Asimismo se ha vuelto común, hasta en las personas adultas, alterar las palabras y escribir con abreviaturas para “chatear”, algo que hasta no hace mucho tiempo se les criticaba a los jóvenes. Se han dejado de usar las fotografías en papel. Hoy todo es digital.
Han desaparecido los “cyber”, un lugar de encuentro muy común en la ultima década donde los jóvenes concurrían para conectarse a Internet y jugar juegos en red. Hoy mediante cualquier teléfono móvil es posible conectarse a Internet y casi todos los locales comerciales, shoppings, edificios y plazas de capital cuentan con conexión Wi-Fi.
Otros comportamientos, tal vez más relacionadas con la juventud, no tan perceptibles en la totalidad de la población, han sido, por ejemplo, “la previa”. Los jóvenes se juntan varias horas antes de salir a un bar o boliche para tomar alcohol y socializarse. Hoy es un ritual juvenil insoslayable en todos los ámbitos y estratos de la sociedad.
Asimismo, se ha vuelvo una moda ingresar a los boliches luego de las tres de la mañana, algo que antes se acostumbraba a hacer a partir de la una. Hoy una disco antes de las tres de la mañana se encuentra prácticamente vacía. Para bien o mal, esto se ha vuelto un uso y una costumbre entre los jóvenes.
Un buen hábito, gracias a la ayuda de una ley, ha sido dejar de fumar en bares, boliches y restoranes (aunque no en todos). Algo muy positivo es que los no fumadores comenzaron a exigir el cumplimiento de esta norma.
Muy corriente se ha vuelto la metrosexualidad del hombre, que cada vez más utiliza cremas y productos cosméticos, se viste y se peina a la moda. Adquiere vestimenta osada y trata de llamar la atención a toda costa. Respeta los angostos márgenes de la moda y estilo cotidiano a la perfección.
El consumo de “Fernet” ha aumentado drásticamente, tanto, que el Gobierno Nacional lo ha incluido en el programa de “Precios Cuidados”.
Las costumbres son costumbres y son difíciles de cambiar o erradicar. Su proceso lleva un tiempo. Pero está en nosotros reconocer aquellas que no debemos soportar como algo perjudicial y debemos modificar. No tenemos porque acostumbrarnos a lo nocivo como nación. Fuimos potencia y queremos estar entre los mejores del mundo de nuevo. Tenemos que volver a ese sendero. Las malas prácticas de la política no deben repercutir en la sociedad. Estemos concientes de lo que nos pasa y cambiemos el rumbo de lo que nos perjudica como argentinos con políticas serias y a largo plazo. Tenemos lo necesario para lograrlo.

Ilya Kotov
Abogado, docente Universitario (UBA-UMSA)
Especial para Tribuna de Periodistas

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