Un toque de Messi

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Con una definición genial, encaminó la victoria del Barcelona ante el Manchester City. Y, claro, dejó todo su sello.

Ese bendito pie izquierdo hizo todo, como si a él le alcanzara, y sobrara, con un solo miembro inferior. Desde la recepción del balón -el pase en cortada de Cesc Fábregas apenas pudo ser ensuciado por el fallido intento de Lescott en despejar- hasta la resolución con el toque cruzado que apenas le permitió al arquero Hart aparecer como testigo de esa nueva obra de arte.

Como tantas veces, tanto en el Barcelona cuando en la Selección Argentina, Lionel Messi protagonizó el segmento más brillante del espectáculo. El más gravitante también, ya que de algún modo selló anticipadamente la suerte del Manchester City: su gol -para el 1-0 parcial- añadido a los otros dos que su equipo había sacado de ventaja en el juego de ida pusieron al Barcelona, a los 22 minutos del segundo tiempo, en los cuartos de final de la Liga de Campeones. Fue el gol número 67 de Messi para el Barcelona en el torneo, un récord, ya que ningún jugador hizo algo así con la misma camiseta.

La producción individual del Pulga no quedará en el recuerdo como integrante de las 10 primeras proezas de su riquísima historia. Sin embargo, su protagonismo fue decisivo ante un rival al que su bagaje no le alcanzó para discutir lo que se jugaba en el Camp Nou.

Casi 86.000 espectadores empezaron a presagiar los tonos del anochecer en Barcelona cuando temprano en el segundo tiempo, el mejor jugador del mundo dibujó uno de sus habituales enganches desde la derecha hacia adentro, aprovechó la presencia cercana de Lescott para dejarlo clavado al piso como si estuviera enterrado hasta la rodilla, y resolver con un zurdazo que rebotó contra un palo.

Después, cuando llegó el tramo de toqueteo made un Barsa, Messi se acomodó como el primer eslabón de esa infinita cadena de toques y devoluciones que tanto le gusta liderar a Andrés Iniesta. Porque esa también es una virtud de Lío: cuando muy de vez en cuando no debe cumplir el rol de abanderado, se transforma en el mejor intérprete de lo que técnicamente plantean esos ideólogos y conductores que son Xavi e Iniesta.

Feliz por la tarea, aseguró: “Volvimos a ser el Barcelona que nosotros queremos y que la gente espera. Cuando tenemos algún tropiezo, se exagera. Nosotros somos los primeros críticos, sabemos que a veces las cosas no salen como queremos, pero eso no quiere decir que la Liga esté perdida porque todavía falta muchísimo”.

Como corresponde, Messi descree de los narradores de crisis inexistentes. Fiel a su estilo, juega y habla con la seguridad y coherencia de los que van por la vida enganchados a la realidad.

Fuente: Clarín

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