El terrorismo del Cáucaso amenaza a Rusia y los Juegos de Sochi

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La ciudad rusa de Volgogrado ha padecido en dos días el terrorismo islamista de esta región causando al menos 30 muertos con el sello de las «viudas negras».

Rusia tiene un grave problema con el terrorismo. El país que gobierna con puño de hierro el presidente Vladimir Putin -que se prepara para organizar los Juegos Olímpicos de invierno en la ciudad de Sochi a partir del próximo 7 de febrero con enorme proyección internacional- ha amanecido en los últimos dos días, y de forma consecutiva, con sendos atentados terroristas que han acabado con la vida de al menos 30 personas.
Ambos atentados, que la policía sospecha que han sido perpetrados por terroristas procedentes del Cáucaso, tienen dos cosas en común: La primera es que se han producido en la ciudad de Volgogrado (antigua Estalingrado, donde ocurrió la trágica y más sangrienta batalla durante la Segunda Guerra mundial entre los ejércitos soviético de Stalin y alemán de Hitler con centenares de miles de víctimas).
La segunda es que los investigadores rusos sospechan que ambos atentados terroristas podrían haberlos cometido terroristas islamistas suicidas vinculados estrechamente con las denominadas «viudas negras» del Cáucaso, aunque en el segundo ataque de hoy contra un autobús los primeros indicios apuntan a que la explosión la ha provocado un hombre y no una mujer como sí lo fue el cometido ayer en la estación central de Volgogrado.
¿Quiénes son los terroristas del Cáucaso? ¿Y quiénes son las denominadas «viudas negras»?
Putin, partidario de la mano dura con los terroristas, ha encargado a las fuerzas de seguridad la captura de los organizadores de los dos atentados en la ciudad del sur de la Federación rusa y al Gobierno el envío de aviones para el traslado urgente de los heridos más graves a hospitales de Moscú.
Tras unos momentos de confusión, las fuerzas rusas antiterroristas no dudaron en calificar lo ocurrido de atentado suicida.
Desde un principio se informó de que en el atentado contra la estación de Volgogrado del pasado domingo se trataba de una terrorista suicida, en concreto una «viuda negra», esposa o novia de un guerrillero fallecido, la tarjeta de visita de la guerrilla islamista durante los últimos años en sus atentados contra intereses o edificios oficiales rusos.
No obstante, a falta de confirmación oficial, la agencia de noticias rusa Interfax informó de que el suicida que atentó esta mañana contra un autobús repleto de personas que se dirigían a sus puestos de trabajo ha sido identificado como un hombre de rasgos eslavos, según se desprendió del análisis genético de sus restos por la policía, quien también encontró una pistola y una granada sin detonar.
«Hemos establecido que el terrorista suicida era un hombre que llevaba la bomba en una mochila. Sus datos personales han sido determinados», apuntó.Todo apunta a que el terrorista pertenecía a la guerrilla islamista del Cáucaso Norte, quien habría decidido golpear de nuevo Volgogrado al tratarse de un importante centro nacional de transporte, según los expertos.
Volgogrado, golpeada por el terrorismo
La ciudad rusa ya fue escenario el pasado 21 de octubre de un atentado, cuando una terrorista suicida procedente del Cáucaso mató a seis personas en un autobús, acto organizado por el eslavo Dmitri Sokolov, cabecilla de la guerrilla abatido a mediados de noviembre.
Las fuerzas de seguridad de la república norcaucásica de Daguestán, principal nido de terroristas desde la pacificación de la vecina Chechenia, ya han comenzado a comprobar quién abandonó su territorio en los últimos días.
Hace unos meses el líder de la guerrilla caucasiana, el chechén Doku Umárov, amenazó con abortar los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi, que calificó de «bailes satánicos sobre los huesos de nuestros antepasados». «Como muyahidines estamos obligados a impedirlo por cualquier medio permitido por Alá», afirmó en un vídeo Umárov, dado por muerto en numerosas ocasiones.
Estos atentados provocan inquietudes en materia de seguridad de cara a esta cita deportiva que se celebre precisamente cerca de la inestable región del Cáucaso.
De poco ha valido que las fuerzas de seguridad de la república norcaucásica de Daguestán, principal nido de terroristas islamistas desde la pacificación de la vecina Chechenia, hayan comenzado a comprobar qui n abandonó su territorio en los últimos días. Las viudas negras ya están en Rusia y desafían a Putin, según informa la agencia rusa Ria Novosti.
Las denominadas «viudas negras» son mujeres kamikazes (suicidas por recuperar este término usado por los pilotos japoneses que se estrellaban contra objetivos estadounidenses en la Segunda Guerra mundial) que buscan vengarse de la muerte de miembros de sus familias en los enfrentamientos en el Cáucaso Norte atacando a civiles rusos y están vinculadas a los islamistas que luchan contra el ejército ruso en esa región..
La policía rusa ya ha identificado a la terrorista suicida que se inmoló en la estación de tren. Es Oksana Aslanova, quien había estado casada con dos de estos responsables, ambos muertos, y recibió entrenamiento en la colocación y uso de explosivos junto a Naida Asiyalova, quien el pasado mes de octubre se inmoló en otro atentado también. Ningún grupos ha reconocido todavía la autoría del atentado.
Hace unos meses el líder de la guerrilla caucasiana, el chechén Doku Umárov, amenazó con abortar los Juegos blancos, que tachó de «bailes satánicos sobre los huesos de nuestros antepasados».
«Como muyahidines estamos obligados a impedirlo por cualquier medio permitido por Alá», afirmó en un vídeo Umárov, dado por muerto en numerosas ocasiones. El atentado perpetrado por los dos hermanos chechenos en abril durante el maratón de Boston (Estados Unidos) fue un serio aviso para Rusia que tiene una célula yihadista muy activa en su patio trasero.
Las «viudas negras» -esposas, hermanas, hijas o sobrinas de terroristas muertos- convirtieron a principios de la década de los años 2000 a la insurgencia islamista del Cáucaso del Norte en uno de los frentes de la yihad (guerra santa) global y resultaron ser un arma muy eficaz de los terroristas de las repúblicas de Chechenia y Daguestán, en el Cáucaso ruso, pues resulta casi imposible impedir semejantes atentados.
Según cálculos del profesor Richard Pape de la Universidad de Chicago, el promedio de víctimas mortales en cada ataque perpetrado por terroristas suicidas en el período de 1998 a 2001 asciende a 13 personas.
Las mujeres suicidas provenientes de la región del Cáucaso han perpetrado -solas o en grupos- 20 atentados desde junio de 2000, cuando tuvo lugar el primero de este tipo, hasta el pasado 21 de octubre. En ellos han perdido la vida unas 781 personas, según datos de la agencia Ria Novosti.
Los atentados terroristas con la participación de mujeres suicidas empezaron a perpetrarse menos de un año después del comienzo de la segunda operación antiterrorista en Chechenia, en 1999.
Los expertos en geopolítica y terrorismo de Rusia y Occidente atribuyeron el fenómeno al trauma psicológico. Con el paso del tiempo ha quedado claro que este trauma no es el factor principal de los ataques suicidas de las mujeres y se trata de acciones bien preparadas.
El precedente de Chechenia
La primera operación antiterrorista que se llevó a cabo en Chechenia de 1994 a 1996 fue mucho más sangrienta y cruel que la segunda, pero durante aquella campaña no hubo ataques suicidas de mujeres.
Las «viudas negras» tampoco se hicieron ver durante los cinco años que siguieron al ataque al colegio de la ciudad noroseta de Beslán en 2004, en el que participaron dos mujeres suicidas y que costó la vida a 331 personas. Parece poco probable que su desesperación y el trauma psicológico se hayan disipado durante aquel período.
Los atentados terroristas con participación de mujeres suicidas se reanudaron en 2010 en la república de Daguestán, que tiene frontera común con Chechenia. Todas las mujeres que se inmolaron en los seis atentados suicidas perpetrados desde entonces eran de origen daguestaní.
Tras la tragedia en Beslán, las fuerzas de operaciones especiales lanzaron una amplia ofensiva contra los insurgentes chechenos, que sabían usar a las mujeres como terroristas suicidas.
Otros atentados fueron perpetrados fuera de Chechenia y Daguestán como parte de operaciones terroristas de mayor envergadura, tales como la toma de rehenes en un teatro moscovita en octubre de 2002, ataque que protagonizaron 41 terroristas, incluidas 19 mujeres que llevaban cinturones con explosivos, y que se saldó con 129 víctimas mortales.
Es decir, todo indica la existencia de una organización que aprovecha la desesperación de las mujeres y dirige sus acciones.
Otros grupos que utilizan a mujeres-bombas, como por ejemplo algunos grupos palestinos, solo recurrieron a ellas cuando las fuerzas de seguridad judías cerraron toda posibilidad de entrada en territorio israelí para los terroristas hombres.
En el Cáucaso del Norte a las mujeres las utilizaban desde el inicio, lo cual demuestra que los autores de los ataques ya de entrada habían optado por esta táctica.
El temor a que los terroristas muyahidines puedan atentar en los Juegos de invierno de Sochi es una posibilidad que cada vez tienen más en cuenta los servicios de seguridad rusos.
La ciudad que albergará las competiciones deportivas se encuentra a 25 kilómetros de la frontera con Absajia, una región separatista de Georgia y favorable a la integración con Rusia. Georgia se enfrentó militarmente a Rusia en agosto de 2008 por el control de la región de Osetia del Sur -otra región separatista de Georgia- y se ha opuesto abiertamente a la celebración de los Juegos de Sochi amenazando con boicotearlos.
lavanguardia.com

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