Inicio Policial Investigan las últimas llamadas del ingeniero arrojado al río

Investigan las últimas llamadas del ingeniero arrojado al río

Compartir

muertoLos investigadores del asesinato del empresario mendocino Marcelo Fabián Arias (39) están analizando los dos teléfonos celulares de la víctima para determinar con quien se comunicó y dónde estuvo en las últimas horas de su vida, antes de aparecer flotando en el río a 80 metros de la nueva Casa de Gobierno de Córdoba. La sospecha es que este ingeniero –que fue arrojado vivo al agua, pero con los codos fracturados para que se ahogara– sufrió un crimen mafioso.

El fiscal del caso, José Mana, también ordenó peritar las cámaras de seguridad del Centro de Participación Comunal (CPC) de la avenida Juan B. Justo al 4300 y las que están ubicadas en la avenida Sarmiento, en inmediaciones del Hospital de Urgencias. Cree que en alguno de estos sectores habría sido capturado Arias.

El empresario, especializado en redes de gas y contratista del Estado cordobés, murió ahogado el mediodía del viernes último en el río Suquía. La autopsia determinó que había recibido una brutal paliza antes de ser arrojado al agua.

Fuentes de la causa confiaron que ese viernes, cerca de las 11, la víctima se comunicó con un colega para anunciarle que le faltaba alguna documentación sobre el gasoducto que estaban por inaugurar en el sudeste cordobés. Luego, el hombre recibió llamados desde la zona de la Casa de Gobierno, pero ya no pudo contestar.

Habitualmente, el ingeniero trabajaba en la localidad de Canals –a 350 kilómetros de Córdoba capital–, donde estaba montado el obrador de su empresa, Newen. En los próximos días, debían habilitar el gasoducto del Ente Intermunicipal de Ruta 8.

El viernes último, Arias debía completar unos trámites en la compañía Ecogas –ubicada frente al CPC, adonde sí entró– y de allí iba a ir a una reunión a la Casa de Gobierno cordobesa. Pero no asistió a ninguna de las dos citas.

Fuentes de la investigación confiaron a Clarín que aún no entienden por qué entró al CPC, ni la violencia a la que lo sometieron (le quebraron ambos codos y le fisuraron las muñecas, además de destrozarle la cara). “Le dejaron la billetera y los teléfonos celulares. Sólo le robaron el maletín con su laptop. ¿Qué información relevante había allí?”, se preguntaron.

El análisis de las cámaras de seguridad del CPC podría develar si se encontró con alguien allí. Y las cámaras de la zona del puente Sarmiento pueden haber captado dónde lo tiraron al río.

Fuente: Clarín

Print Friendly, PDF & Email
Compartir