El Paraná crece 3 centímetros por hora y la gente abandona sus casas

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untitledPor Victoria De Masi

En todo el litoral son más de 1.400 las personas evacuadas. En Corrientes esperan para hoy el pico de la crecida.

La olla del anfiteatro está cubierta de agua. A la playa privada del complejo de cabañas Hueso Cue se la tragó el río. Las patas de los juegos del camping municipal están sumergidos. El enredo de piedras del pequeño muelle Punta Mitre desapareció. Aquel banco de arena de tres kilómetros, su arboleda, la isla La Verde que asomaba como una uña enfrentando a la costa, ya no están. El Paraná extendió su lecho y amenaza a Paso de la Patria, la villa turística ubicada a 35 kilómetros de Corrientes, que no deja de mirar cómo de a poco -pero sin detenerse- el río sube y sube y sube.

Tres centímetros por hora. A esa velocidad aumentaba ayer la cuenca más grande de Sudamérica después del Amazonas. Tras 15 años, el Paraná tocó la marca que activó el operativo de evacuación y 8 familias debieron dejar sus casas. Con esto, en Corrientes, las familias evacuadas son más de cien. Y más de 1.400 las personas refugiadas en centros asistenciales de todo el Litoral. Pero lo peor llegará hoy: esperan el pico de crecida, calculado en 7,30 metros. Así, la corriente de agua casi duplicaría su media en una época en la que debería estar más cerca del nivel mínimo que de su máximo caudal.

Paso de la Patria tiene casi toda su costa afectada. Dice Daniel García, coordinador municipal: “Tenemos muchos lugares en emergencia. La evacuación debe cumplirse, aunque los vecinos no quieran. El hospital ya está listo para atender emergencias. Esperamos el pico para mañana (por hoy). Estimamos que llegará a los 7,30 metros”.

Catorce camiones fueron y vinieron todo el sábado, llevando la tierra con la que tapiaron varios tramos de la costa. “También hay retroexcavadoras, niveladoras y bombas trabajando para frenar el agua”, sumó García. Los vecinos embolsaron arena y construyeron sus propios muros. “Necesitamos varones jóvenes para levantar bolsas en el barrio San José”, repetía ayer la radio local.

La contingencia no altera el ritmo de vida. Mariano vive en “una casa de río”: dos plantas, frente al Paraná, con un gran balcón. Ayer sólo era posible ver el primer piso de su vivienda. Y a él, que preparaba un asado y sonreía. Si caminaba dos pasos, el balcón se volvía trampolín y el Paraná –una bestia mansa–, pileta. El agua cambió la geografía del anfiteatro, punto de reunión de los paseños, y ahora es un mirador para sacar fotos.

La marca histórica de 1983 es de 9,54 metros. Le sigue la crecida del Paraná en marzo del 98, con 8,69 metros. Pero esta vez, esta zona correntina tiene varias cuestiones a su favor: “El río Iguazú, el Andresito y el Itatí, subieron pero hoy (por ayer) se estacionaron. Y no hay pronóstico de lluvias para estos días en el Paso y aledaños”, informan en Prefectura.

Sobre las márgenes del río, los chicos pescan. Se sientan en el pasto, toman su caña –un palo, una varilla– y esperan que algo pique. Los profesionales miran el espejo de agua, tienen fe: de ahí emergerá un surubí, un dorado, quizás un pacú. A ninguno le perturba qué pasa río arriba, si vendrá una ola que los tape. Ni les importa qué sucede detrás suyo, donde los camiones descargan la tierra y levantan polvo. Eso sí, los gaviotines han perdido sus nidos porque el Paraná se tragó a La Verde. Habrá que esperar a que el agua baje; habrá que esperar a que vuelva septiembre y puedan aparearse.

 

Fuente: Clarín

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