El misterio del crimen satánico y el asesino de las 3 identidades

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Vanesa Giunta apareció descuartizada dentro de una valija, en el río Matanza. Su pareja y la tía de él recibieron perpetua por matarla en un ritual. Ahora juzgan a otro acusado, pero dudan de su nombre.

El 22 de agosto de 2007, una valija apareció en las costas del río Matanza, a la altura de Lomas de Zamora. Adentro había un torso de mujer, un osito de peluche y una tarjeta postal del Día del Padre. Durante meses, el cuerpo permaneció como “NN”, pero a principios de 2008 se lo logró identificar: los restos pertenecían a una joven de 27 años llamada Vanesa Bernardita Giunta. Su familia no tenía noticias de ella desde enero del año anterior. Una investigación abierta en Capital Federal logró determinar luego que había sido torturada, quemada y descuartizada en un departamento de Villa Lugano, en medio de un ritual satánico.

Por el caso, el 13 de mayo de 2010 fueron condenados a prisión perpetua Julio César Bustos (34), pareja de Vanesa (y padre de sus dos hijas), y su tía, Stella Maris Bustos (43). Ambos cayeron presos en mayo de 2008, luego de ser denunciados por una de las hijas de Stella Maris, una chica de 18 años llamada Yoana.

Por entonces, en la causa quedó prófugo un tal Julio César Ramírez, que era la pareja de Stella Maris y que, según la testigo clave, había participado en el crimen. Entonces se ordenó su captura, con la aclaración de que según informes de inteligencia la verdadera identidad del tal Ramírez era Julio César Pérez.

Del tal Ramírez se perdió todo rastro hasta el 2011. Pero el 31 de marzo de ese año la Policía detuvo en el barrio porteño de Pompeya a un hombre acusado de haber golpeado a una adolescente de 17 años, hija de su pareja. En la comisaría, el detenido dijo llamarse Julio César Ortíz (34), pero sus huellas digitales revelaron otra cosa: indicaron que se llamaba Julio César Pérez, el nombre que constaba en el pedido de captura del acusado de descuartizar a Vanesa Giunta.

El hombre había usado el apellido “Ortíz” (que es el de su padrastro) para tratar de evitar que saltaran otros antecedentes penales. Es que como “Pérez” había pasado varios años preso y había salido en libertad condicional en 2004. No lo logró. Tampoco pudo evitar que ahora, como “Ramírez”, lo esté juzgando el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 22 por el descuartizamiento de Vanesa.

Hasta hace pocas semanas, el caso parecía haberse aclarado totalmente gracias a la detención, procesamiento y elevación a juicio de Ortíz/Pérez/Ramírez. Pero no: en el debate oral que se está desarrollando en Comodoro Py el acusado pidió declarar por primera vez en la causa (después de pasar dos años preso) y argumentó que detuvieron a la persona equivocada, que él nunca estuvo en pareja con Stella Maris Bustos, que no la conoce y que el descuartizador debe ser otro hombre, no él.

El detalle: los únicos testigos que pueden reconocerlo no aparecen. La hija de Stella Maris, Yoana, desapareció junto a la nena que tuvo luego de una violación propiciada por su madre. Nunca hizo una rueda de reconocimiento para identificar al último detenido del caso. Y nadie sabe dónde está. Ante su ausencia, el Tribunal de juicio citó como testigo a su ex novio (quien conocía al Ramírez que estaba en pareja con Stella Maris al momento del crimen), pero este joven tampoco se presentó en las audiencia s.

Hoy por hoy, para la familia de la víctima la única esperanza parece ser que en el debate declare Valentina, la hija de Vanesa, que al momento del crimen tenía siete años y vivía con su mamá en la casa de Lugano propiedad de Stella Maris Bustos. Pero la medida, pedida por el fiscal Marcelo Martínez Burgos, aún no fue aceptada por el tribunal de juicio, que citó a las partes para el 30 de abril.

Valentina hoy vive con su abuela materna y no habla del crimen de su mamá, cuyos detalles van más allá de lo escalofriante.

Según contó Yoana, Vanesa fue asesinada en el departamento del Barrio Piedrabuena (Lugano) de María Stella Bustos, porque un espíritu maligno le señaló que la víctima le estaba siendo infiel a su marido (sobrino de Stella Maris).

Entonces los Bustos – con la ayuda de Julio César Ramírez– rociaron con alcohol a Vanesa, le prendieron fuego y la obligaron a escribir una carta (ver Una…). Mientras agonizaba, le sacaron los dientes con una pinza y le cortaron los dedos. La terminaron de matar a golpes, luego la descuartizaron con un serrucho y tiraron sus restos al agua.

Enriqueta Banegas –mamá de la víctima– la buscó durante un año, hasta que las pistas dadas por Yoana Bustos en 2007 llevaron a los investigadores a analizar la conexión que podía haber con el torso que había aparecido en agosto de ese año flotando en una valija. Era el de Vanesa. Enriqueta recién pudo enterrarla el año pasado.

Fuente: Clarìn

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