Un centro de esquí como los de antes

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A 164 km de Santiago, el noble hotel Portillo y sus pistas se diferencian por servicio, exclusividad (en serio) e historia

Por Daniel Flores

PORTILLO.- El libro con la historia de este centro de esquí chileno pesa un par de kilos y tiene 300 páginas en gran formato. Casi se podría usar de minitrineo para lanzarse por alguna pista verde, como para un truco tipo programa Jackass , de MTV. Claro que no vale la pena, porque el libro es una maravilla. Y porque, además, es una rareza. ¿Cuántos centros de esquí sudamericanos merecerían un libraco de semejantes dimensiones?

La historia de Ski Portillo, en cambio, es rica y da para un libro gordo porque, inaugurado en 1949, fue uno de los centros de esquí pioneros en la Cordillera. Por ahí pasa justamente uno de sus encantos. Lo paradójico es que, por otro lado, esa misma historia es también bastante simple. Y ese es otro de sus atractivos: en seis décadas, el solitario hotel Portillo no ha sufrido modificaciones radicales y desde 1961, sus dueños son básicamente los mismos y varios de sus empleados, también.

Portillo es un lugar especial. A 164 kilómetros de Santiago y a 2880 metros sobre el nivel del mar, y con un abanico de pistas que parecen converger en la idílica laguna del Inca, no es un centro de esquí más. Para empezar, se trata de un único hotel, con sistema todo incluido y capacidad para 450 huéspedes, aunque en el centro se pueden sumar más esquiadores por el día, que no duermen en el hotel. Pero la distancia con Santiago (otros centros chilenos están más cerca de la capital) de algún modo previene la invasión masiva. Aseguran los responsables del centro que en cuanto los esquiadores empiezan a ser demasiados, suspenden la venta de pases diarios.

Entre centro y hotel (de característico color amarillo) se emplean 550 personas. La proporción casi uno a uno staff-huéspedes es más que obvia en cuanto se ingresa al gran comedor, donde en cada turno espera un batallón de unos cincuenta mozos listos para saciar el apetito montañés de los esquiadores. La coordinación de ese equipo es algo digno de ver. El mérito le corresponde particularmente al maître Juan Beiza, atento hasta el último detalle en el extremo opuesto del salón, empleado de la casa hace apenas 45 años y uno de los personajes más entrañables del lugar.

En toda su madera gastada y cuero curtido, ese cálido salón, donde claramente se hace lo que Beiza indica, está cargado de temporadas pasadas, de mesas familiares, de anécdotas y recuerdos. Imposible prefabricar el espíritu de un sitio así, no importan los millones que se inviertan.

Varias generaciones

Beiza conoce bien a muchos huéspedes adultos desde que eran bebes y ahora los vuelve a atender…, pero en una misma mesa con sus hijos. “Tenemos clientes muy fieles que cada año, antes de irse, dejan su reserva para la temporada siguiente”, explica Miguel Purcell, hijo del norteamericano Henry Purcell, todo un símbolo de Portillo.

Luego de estudiar administración hotelera en la Universidad de Cornell, Purcell padre llegó aquí en 1961 desde Nueva York, cuando su tío Bob Purcell y un grupo de inversores compraron Portillo, cuando todavía el único medio para acceder era el ferrocarril. De hecho cuentan que los primeros esquiadores en la zona fueron trabajadores ferroviarios noruegos.

A partir de los años sesenta, la estación de esquí chilena quedó muy ligada al turismo norteamericano, mercado al que, por motivos comprensibles, los Purcell apostaron fuerte. “Se charteaban aviones desde Nueva York. Imaginate, para los americanos venir hasta aquí sería como ir a Bután, algo totalmente exótico”, relata Miguel con su acento chileno no exento de algún matiz gringo. La organización del Mundial de Esquí en 1966 definitivamente logró poner a Portillo en el mapa internacional.

Hasta hoy, Henry Purcell, con 77 años, pasa sus inviernos en Portillo, aunque haya delegado responsabilidades en su hijo y otros colaboradores de confianza. De la misma manera, algunas tradiciones se sostienen a pesar del paso del tiempo y los cambios culturales. Por ejemplo, la de no tener televisión en los cuartos.

“Decidimos que no colocaríamos televisores porque nos gusta que la gente salga de la habitación, que esté en los espacios comunes, que se encuentre, que eventualmente se conozca. Nos ha costado -admite Miguel Purcell-; no todos los huéspedes están de acuerdo, pero la mayoría realmente lo valora.”

Esos espacios comunes son los salones del primer piso, el spa, las piscinas exteriores, un pequeño cine, pub con bandas en vivo cada noche, sala de juegos, boutique de esquí, discoteca y hasta una cancha de fútbol cerrada. En el mismo hotel está también la guardería y rental de esquí y snowboard. Entre la habitación y las pistas no hay mucho más que un ascensor y un par de pasillos.

Así estamos bien

En cuanto a pistas, el centro es reconocido por su buena nieve y, otra vez, por ofrecer una garantía de agilidad en los ascensos, una experiencia libre de colas en los medios de elevación. Las 500 hectáreas de superficie esquiable y el reducido número de esquiadores es una óptima combinación. “Lo mejor de Portillo es que tiene muy buen nivel de esquí; hay varias pistas con una pendiente ideal”, dice el francés Frederic Valvo, uno de los cuarenta instructores de la escuela de esquí local.

Si todo está tan bien resuelto en Portillo, si la gente se va y ya reserva su semana de esquí para el año próximo y la temporada alta está totalmente vendida, entonces…, ¿por qué desde hace décadas los Purcell no amplían el negocio?

Bueno, de algún modo lo han hecho. En los últimos tiempos sumaron dos nuevos hoteles en Atacama y Torres del Paine. Pero en lo que se refiere a Portillo prefieren no innovar. “Este es el modelo que hemos elegido, al menos para el futuro inmediato -corta Miguel, que de joven representó a Chile como esquiador en mundiales y juegos olímpicos-. Y nos ha funcionado bastante bien. Lo nuestro no es un desarrollo inmobiliario. La idea es que el huésped esté cómodo. Claramente, ésta no es la manera en la que los centros de esquí funcionan en la actualidad. Pero precisamente eso es lo que nos hace atractivos.”

DATOS UTILES

CÓMO LLEGAR

De Buenos Aires a Santiago, LAN opera hasta diez vuelos diarios (desde Aeroparque y Ezeiza). Tarifa Premium Economy, desde 968 dólares; tarifa Economy, desde 218 dólares.

De Santiago a Portillo hay 164 kilómetros que se recorren en un par de horas, por la ruta que va a Uspallata, Mendoza. El último tramo es un ascenso por la montaña con casi treinta curvas cerradas.

TARIFAS

Todas las tarifas indicadas incluyen siete noches de alojamiento, siete días de esquí, cuatro comidas diarias, guardería de esquíes, piscina, cine, clases de yoga y más servicios. En temporada baja (del 8 de septiembre al 6 de octubre), desde 1790 dólares por persona en habitación doble con vista al valle. En temporada media (del 4 de agosto al 8 de septiembre), desde 2690 dólares. En alta (del 7 de julio al 4 de agosto), desde 3350.

En determinadas semanas se aplican promociones para alojarse con uno o dos niños sin cargo.

Reservas por el (65-2) 263 0606; reservas@skiportillo.com , www.skiportillo.com

SEMANAS ESPECIALES

Del 4 al 11 de agosto, Portillo tiene su propia Semana del Vino, con reconocidas bodegas chilenas invitadas, degustaciones y clases de enología.

Del 25 de agosto al 1° de septiembre tendrá lugar el Insider’s Camp, un programa intensivo de clases y clínicas para esquiadores de nivel intermedio a avanzado.

Fuerte: http://www.lanacion.com.ar/

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