Flora y fauna del desierto pueblan el circuito Arco Iris

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Los arbustos y matorrales del desierto riojano parecen todos iguales a primera vista en el circuito del Cañón del Arco Iris, pero la variedad es amplia, en tanto es escurridiza y por lo tanto muy apreciada por los cazadores fotográficos y turistas en general.

Desde el camino que conduce al cañón, se pueden ver las plantas achaparradas y de hojas pequeñas, típicas del clima desértico, entre ellas las jarillas, retama, cachiyuyo, sampa, crucita, sanalotodo o muña muña, cola de quirquincho, tusca, suncho y bailabién.

Algunas de ellas, según los lugaresños, tienen propiedades curativas, y aseguran que lo mejor para inflamación y dolor de pies es introducirlos cinco minutos en agua caliente tras hervirla con una rama de jarilla y sal.

Esta planta también es buena para tirar una rama a las brasas del asado e impregnar la carne con un agradable aroma, en tanto la variedad puspus, que tiene mal olor y es más resinosa se usaba para los techos de viviendas, porque impermeabilizaba.

La infusión de sanalotodo o muña muña, una de las plantas más bajas de la región, afirman que es un buen afrodisíaco, y comentan que era una bebida a la que recurría un ex presidente de la provincia.

El suncho puede ser un indicador de la existencia de ríos subterráneos, ya que sólo crece donde hay mucha humedad para el desierto.

Las breas se destacan por su tallos verde fresco -ya que éstos efectúan la fotosíntesis que no pueden concretar sus hojas diminutas en forma de espinas.

Los algarrobos blancos marcan el curso de los ríos aunque estén secos, ya que también crecen donde pueden tener vetas de humedad, y sus raíces llegan a penetrar unos 70 metros en el suelo.

En cuanto a la fauna, desde el lecho del río seco convertido en camino se pueden ver huellas en las dunas, tanto de guanacos, como de liebres maras, alguno que otro puma, suris -como llaman en La Rioja al ñandú-, zorros y quirquinchos.

En la altura de las piedras se ven chinchillas, entre los matorrales algunas copetonas y en las copas de los árboles los nidos de coperotos, hechos totalmente de espinas, en tanto el cielo es dominado por rapaces, entre los que pueden aparecer cóndores que anidan en el cañón del Talampaya a pocos kilómetros.

También es posible ver una “guanacada”, constituida por unos 30 o 40 guanacos muy jóvenes o muy viejos y hembras que no procrean, por lo que ninguno es acepado en un harén.

Los harenes se componen de un macho y una decena de hembras y, con un poco de suerte, se puede ver a un guanaco joven y otro maduro luchando para tomar el mando y no ser expulsado.

Fuente: http://www.telam.com.ar/nota/30849/

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