Remalvinización, salariazo de legisladores, rebelión cordillerana, internas gubernamentales, conflictos gremiales…están a la orden del día en la tapa de los diarios, pero son pequeños asuntos al lado de lo que realmente interesa en el poder.

Por Mariano Rovatti

Apenas culminada al exitosa intervención quirúrgica realizada a la Sra. Presidenta de la Nación, y el posterior escandalete suscitado por el falso positivo de su previo diagnóstico cancerígeno, comenzó a rodar nuevamente el proyecto de reforma constitucional con re-reelección.

Cuando Cristina Fernández triunfó en las elecciones de octubre, anticipamos que iría por ese objetivo por un motivo básico: conservar el liderazgo del peronismo evitando las fugas de gobernadores e intendentes hacia posibles postulantes a la sucesión presidencial, tales como Daniel Scioli, Juan Manuel Urtubey, Jorge Capitanich o José Manuel de la Sota.

Ambas situaciones –el diagnóstico y la reelección- están relacionadas. Para asegurar que todo el PJ se encolumne detrás suyo, además de la posibilidad legal de reelección, hay que asegurar una Presidenta saludable y con larga vida por delante. El diagnóstico inicial fue dado con seriedad y claridad, previendo el resultado favorable que finalmente tuvo. El parte médico posterior fue confuso, contradictorio y con ocultamientos. La palabra cáncer conspira contra esa imagen que se pretende proyectar de la Presidenta. Sobre todo en un contexto regional en donde varios líderes padecen de algún tipo de cáncer, en especial Hugo Chávez, quien tendría el diagnóstico más desfavorable, situación agravada por darse en pleno calendario electoral.

En algún momento, alguien especuló con que Amado Boudou sería el ungido para suceder a Cristina Fernández.

Los últimos acontecimientos indicarían que la relación personal entre el Vicepresidente y la Jefa de Estado están mucho peor que a mediados del año pasado, cuando se inscribió la fórmula en la Justicia. El ex-liberal habría perdido la confianza de Cristina, a la vez que se va poniendo al desnudo su propia inconsistencia política.

Recientemente, la imagen de Boudou quedó asociada a una truchadaprotagonizada junto a un operario minero de Olavarría, haciéndolo pasar como un simple obrero, ocultando su condición de referente local del PJ y la CGT, y de dirigente nacional de su gremio, con lazos con las cuestionadas multinacionales que explotan los recursos cordilleranos.

Pero el hecho más grave es el encándalo de corrupción que involucra a Boudou con Ciccone Calcográfica, proveedora del Estado en papel moneda. La acusación de la esposa del presunto testaferro de Boudou deja en una endeble situación política a éste, quien sólo atinó a reaccionar recurriendo a sus supuestas dotes de músico, luciendo una remera con la inscripción Clarín miente.

La operación desatada contra Boudou habría tenido origen en el mismo gobierno. Varios de sus miembros más prominentes desconfían de él.Pensando en posibles episodios futuros relacionados con la salud presidencial, lo que obligaría a nuevas licencias, verían con buenos ojos la caída de Boudou, liberando el orden sucesorio en favor de la senadora tucumana Beatriz Rojkés, esposa del gobernador José Alperovich.

En los próximos días, Cristina cumplirá 59 años. Tendrá 62 cuando termine su mandato, y 66 cuando esté en condiciones legales de ser Presidenta por tercera vez.

Si otro pretendiente del PJ accediera a la presidencia en el 2015, tendrá la posibilidad de ser reelecto en 2019, con lo que concentrará el poder y permanecer en el sillón hasta el 2023. En ese entonces,Cristina será una señora de 70 años.

Esto mismo pensó Carlos Menem en 1999. No tenía posibilidad de reelección. Eduardo Duhalde y Ramón Ortega asomaban como los candidatos lógicos del PJ. Pero el candidato de Menem era él mismo…o nadie. Tras un intento fallido de reforma constitucional y de reinterpretación judicial de su texto, Menem hizo lo necesario políticamente para que el triunfador fuera el radical Fernando de la Rúa, como resultó ser. Dos años después, la falta de liderazgo y de gobernabilidad sacaron a Chupete por la terraza de la Casa Rosada en helicóptero.

Probablemente, Cristina Fernández opere del mismo modo. Muerto Néstor Kirchner, no tiene en quién delegar el liderazgo. Fuera de ella misma, no tiene candidato confiable. Es ella o ella, y si no, preferiría que el ganador fuese Mauricio Macri, a quien dejó de maltratar, para volver dentro de cuatro años, por la reconquista del poder.

A Menem la jugada le salió por la mitad, ya que fue el más votado en 2003, pero no fue Presidente. En el medio había caído De la Rúa, hecho que él no previó, y dos años antes del final de su mandato volvió el PJ al poder de la mano de Adolfo Rodríguez Saá –una semana- y Eduardo Duhalde, un año y medio.

Más allá de estas especulaciones, Macri tendrá su oportunidad en el 2015, pero deberá prepararse desde ahora no sólo para ganar, sino para ejercer el poder plenamente, hecho que sin el peronismo parece muy difícil.

Buenos Aires, 18 de febrero de 2012